viernes, 4 de diciembre de 2009

El cigarro más importante de mi vida


VICENTE APARICIO 
Suena el timbre. Abro la puerta.
- Hola, Cristina. Te presento a Eugênia -dice Jorge.
¿No se le caerá la cara de vergüenza?
Hemos invitado a Jorge a cenar. Que yo sepa, iba a venir solo, pero está claro que trae compañía. Y qué compañía. Menudo cuerpazo tiene la niña. Será cabrón. Míralo ahí plantado, como si no hubiera roto un plato en su vida. ¡Eugênia! ¿Y eso cómo se pronuncia?
-Encantada, Eu-gênia, estás en tu casa -digo. Algo hay que decir, ¿no?
-Obrigada -contesta.
Vamos por el pasillo. Qué cabrón. Desde luego, no se puede decir que tenga mal gusto. Qué culo, por dios, casi me gusta a mí.
Entramos en la cocina. Carlos lleva puesto el delantal de cuadros blancos y amarillos que le regalaron los del curro. Cuando hay invitados, él prepara la cena. Así puede presumir de ser un hombre interesante.
- Hola, chicos. ¿Cómo estás, Eugênia? -dice Carlos. ¡No, si aún se conocerán y todo!- No, no, no hace falta que contestes, ya te veo: estás para mojar pan. -Le da un repaso de arriba abajo y luego me mira y me guiña un ojo, como si a mí también tuviera que hacerme gracia. Pongo una sonrisa lo bastante falsa como para que le quede claro que detesto esos comentarios apestosos. No sirve de nada, nunca va a dejar de hacerlos.
Nos sentamos a la mesa. Carlos sirve el rissotto. Está bueno, se le da bastante bien. El vino está mejor todavía. Lo ha traído Jorge. Tiene buen gusto, el cabrón. Para el vino, para vestir y para las tías, por lo que se ve. ¿No quieres tópico? Toma una brasileña.
Me gusta la camisa de Carlos. Es azul, pero de un azul que no está nada visto, medio gris, y sin una sola arruga. Al muy guarro, con esa percha, todo le sienta bien. Ella lleva una blusa roja que le marca los pezones, y el escote es como para detenerla. Cuando se dan el pico, me pongo enferma. Qué cabrón.
Carlos se levanta, se lleva los platos sucios y va a por el segundo. No consiente que los demás se levanten. Yo me encargo de todo, dice siempre. Lo que tú quieras, pienso yo.
- Tú debes ser brasileña -le digo a Eugênia.
- De Rio de Janeiro. ¿Se nota? -Se agarra por debajo las tetas. Impresiona ver cómo tiemblan. Se ríe y al reírse me enseña la dentadura. Parece que haya estado sacándole brillo.
¿De qué coño se ríe?
- ¿Y a qué te dedicas, Eu-gênia? -pregunto amablemente.
- Soy bailarina. Trabajo en la noche, jajaja. Bares, discos... A veces en el teatro, pero esto está muito difícil. - Y vuelve a enseñarme los dientes.
La verdad es que es simpática. Cortita, pero simpática.
- ¿Y hace mucho que os conocéis?
- Dos semanas -dice Jorge.
Dos semanas no es mucho tiempo para presentarse a cenar con alguien en casa de tu mejor amigo, me parece a mí. Yo no lo haría, desde luego. Y menos, dadas las circunstancias. Alucino.
Carlos trae la carne. Ha hecho carrilleras de cerdo. Al oporto. Mientras las pone en los platos, se mancha el delantal y también la camisa. Ha servido cuatro trozos. Cuatro: ni tres ni cinco. ¿Se puede saber por qué no me ha avisado de que Jorge no venía solo?
No sé muy bien cómo, pero la noche va pasando. De vez en cuando nos miramos  los cuatro y sonreímos. Los temas estrella son las favelas, lo que nos llevaríamos a una isla desierta, Kaká y las habilidades gastronómicas de mi señor esposo. Él y la brasileña son los que más hablan. Hago como que les presto atención. Jorge evita mirarme, tanto como puede.
Eugênia anuncia que va al lavabo y desaparece taconeando. Carlos recoge los restos del segundo plato.
Nos hemos quedado solos.
Estoy como un flan. Me cruzo de brazos y le interrogo apoyándome en ese clásico movimiento de la barbilla:
-¿Tú qué?
- Yo qué... de qué -contesta con todo su morro.
No lo llevamos bien.
Me levanto y pongo los brazos en jarra.
- Así que ahora tienes novia. ¡Cómo puedes ser tan cabrón!
- Cris, por favor, que nos van a oír -me dice con cara de asombro, el muy cínico.
- ¿Por favor? ¿No te da vergüenza? ¡Ahora resulta que tiene miedo de que le oigan! -Mientras hablo, irritada, me doy cuenta de que lo hago en voz baja y eso me irrita más aún. Sigo hablando, porque no puedo dejar de decir lo que tengo que decir, pero aun así no consigo subir el volumen-. Que nos van a oír, dice. ¡Ja! Qué gracia me haces. ¿Quién se ha presentado aquí con esa... muñeca hinchable? ¿Miedo? Qué imbécil que soy. Lo que tendrías que tener es vergüenza. No lo entiendo, te lo juro, no entiendo cómo se puede ser tan capullo. ¿Se puede saber dónde narices tienes la... decencia?
Está muy serio. Me desafía. Me desafía con su silencio y con la cara de asco que pone. ¡Encima!
Suponiendo que tenga alguna intención de contestar, no tengo ocasión de comprobarlo.
- Me gustan los... los..., cómo se dice, ...cuadros que tienes en el baño -dice Eugênia al llegar- . Son lindos. ¿Dónde los has comprado?
Los compré en un chino de mierda, pienso.
- Los compré aquí al lado, en un chino -digo.
¡Joder!
Tomamos el postre, un poco de cava y café. La tarta de siempre hoy no está acertada. Demasiado tiempo en el horno. Y se le ha ido la mano con el borracho.
Nos despedimos.
- Cariño, ¿friegas tú hoy los platos? -me dice Carlos bostezando cuando ya se han marchado.
Va a fregar tu prima.
Voy yo al lavabo.
Hago pipí y me aguanto con las manos la cabeza.
Antes de esta asquerosa noche pensaba que estaba a punto de tomar una decisión. La decisión más importante de mi vida. ¿No habíamos quedado en eso? Pero resulta que no había nada que decidir. Resulta que no había nada de nada.
Qué bien.
Cuando llego a la habitación, mi marido me dice muy serio:
- Menuda jaca se ha buscado el cabrón de Jorge.
Estoy muy cansada.
- Tienes razón, menudo cabrón.
- ¿Y ahora por qué dices eso?
No le debe de gustar cómo utilizo yo la palabra.
- ¿Por qué no me avisaste de que iba a venir la tal Eugênia?
- Porque no lo sabía. -Se encoge de hombros. Dice la verdad, no sabe ni mentir.- Cariño, ¿por qué le has llamado cabrón?
- ¿¿Cómo sabías su nombre??
- Pues porque me ha hablado de ella un montón de veces, Cris, qué importa eso. Si hace meses que se la tira. ¿Has visto cómo está la chavala?
Ella, no lo sé. Yo, sí sé cómo estoy.
- ¿¿¿Por qué has hecho cuatro trozos de carne??? -Me doy cuenta de que estoy gritando.
- Cristina, haz el favor, ¿se puede saber qué te he hecho? A mí no me hables así, ¿me oyes? Pensé que igual la traía. Se me ocurrió, hostia, déjame en paz, ¡¡¡yo qué sé!!!
Me pongo de espaldas a él en mi lado de la cama, lo más lejos que puedo. Pasa algún tiempo. El colchón chirría. Noto sus manos en mis pechos.
- Carlos, por favor, estáte quieto -Hablo en voz muy baja, pero él me oye perfectamente y vuelve a su sitio.
Al cabo de unos minutos, le oigo roncar en la habitación. Yo estoy en el sofá del comedor y acabo de encender un cigarrillo. El humo entra en mis pulmones. Respiro hondo. No toso. Y eso que hace ocho años que no fumo.

13 comentarios:

  1. Hola Vicente, somos una nueva revista literaria llamada "De Gozel" y leyendo este relato creo sinceramente que encajaría a la perfección en el nº1 de la revista.
    Si eres tan amable de colaborar con nosotros, se pondría tu nombre como autor del escrito y el enlace a tu blog acompañandoo al texto
    He aquí la dirección de la revista online: http://degozel.blogspot.com/
    Gracias por la atención prestada.
    Un cordial saludo.

    Atentamente, el equipo De Gozel.

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  2. la buja de provenza5 de diciembre de 2009, 0:47

    Qué cuento tan redondo, Vicente.
    Felicidades por partida doble.

    El rissotto al punto, las carrilleras jugositas, y este relato para suplir al postre y ponerle la guindaa la cena.

    (Cuidado con las ofertas...¡pon condiciones!)

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  3. Para la bruja de provenza, informarle que somos una revista totalmente altruista y sin ánimo de lucro, así que no aceptamos ningún tipo de condición ni cláusula.
    Nuestra revista es libre y abierta a todo aquel que quiera participar.

    Espero haberle informado bien sobre nuestra esencia.

    Un cordial saludo.

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  4. qué uñas, por dios...

    qué decirle, caballero, aparte de eso? redondo.

    una admiradora sin churros.

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  5. buenísimo, he disfrutado leyendote. Ah!! y ... felicidades, per todo: dia 5 y invitación de revista.
    Un Saludo

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  6. la bruja d eprovenza6 de diciembre de 2009, 13:38

    Vicente,
    por nada del mundo quisiera interferir entre tú y la revista que aprecia tus cualidades literarias en lo que valen.

    Señores DeGozel, mi comentario tenía un tono jocoso que estoy segura captó el autor. Él conoce perfectamente lo inofensivo de los consejos de una bruja casi jubilada.
    Ah, y les alabo el gusto.

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  7. Enhorabuena. Parece escrito por una mujer, y dicen que eso es una de las cosas más difíciles de conseguir para un escritor (que sea hombre, claro).

    Yo acabo de crear un blog de relatos y otras ocurrencias. Por si os apatece pasaros, aquí va el link:

    http://escritodesdelastripas.wordpress.com/

    Saludos a todos,

    José Ignacio

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  8. Enhorabuena por el relato, Vicente. Como siempre, literatura super concentrada. Me gusta mucho.
    Un abrazo.
    Jose.

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  9. Quiero dejar constancia escrita de lo que te comenté personalmente.
    Tu parte femenina ha aflorado con maestría, en ideas , sentimientos,y acciones.

    Eres,completo, Vicente.

    Así, así como éste me gustan tus cuentos. Los otros también, pero... siempre tenemos nuestros preferidos.

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  10. Noemozica, zanks, my sis
    DeGozel, encantado de participar en vuestra revista, aunque me gustaría que indicases que esta página web no es solo mía, sino de todos los autores de La Karcoma
    La bruja de Provenza, gracias por partida doble / Capté el tono jocoso, la prejubilación no tanto
    DeAvalon, en el próximo relato pongo una oreja, tu ja m'entens :)
    Puigmal09, yo disfruto de leer que me lees
    Anónimo José Ignacio, gracias por pasar. Mujer, hombre, viejo, joven, monstruo, villano... es lo de menos; lo importante es pasárselo bien. Pasearemos por tu sitio.
    Anónimo Jose, me conmueve tu fidelidad lectora. Un abrazo
    Lola, solo Lola, me encanta que dejes constancia de tus sinceros comentarios, sobre todo cuando dices cosas tan bonitas como que no me falta ningún trozo :)

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  11. Què interesant és el cervell de les persones! Jo crec que aquest relat explica com funciona en una situació concreta. Ho fa d'una manera molt clàssica, al meu entendre, molt lineal. Entenem aquesta dona, l'estimen i l'odiem, fins hi tot. És a dir, no ens podem quedar indiferents amb allò que li va passant per les neurones. Aixo si, potser els homes semblen una mica tontos, són els que sempre cauen en la trampa d'uns bons pits... Però, et vull dir que m'ha agradat que el text m'enganxi (també em va passar amb el del xiclet) i això ho has sabut fer molt bé. Al menys a mi em sembla molt difícil aconseguir-ho (enganxar, vull dir) i atrapar qui llegeix perquè no aparti el ulls de la lectura. Fer que tinguem aquell formigueig de voler arribar al final del cabdell. Tòpics a part, està molt bé.
    Val a dir que la protagonista té un bon motiu per encendre el cigarro, ja ho crec!

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  12. Estoy tocada. Qué fuerza. Eres un dramaturgo como la copa de un pino. Un dramaturgo que escribe cuentos (me recuerdo ahora el de la pularda.
    Siento toda la tensión tremenda de la protagonista. Las escenas son tan vivas. Creíbles. Fuertes. Duelen. ¡Cuántos ríos subterráneos!. Da miedo la vida. (A mi niña que sigue gimiendo agazapada en el fondo de mi pecho, le da miedo.)
    Siempre tuve cuentos como este, oscuros, girando girando girando. Amenazando, como la boca de un gigante oscuro dormido.
    Monstruo que me come momentos felices. Descreyéndolos.
    Con paciencia de santos, algunas personas nobles, amigos, amores, me han restituido buenas dosis de confianza.
    Pero tu cuento me desgarra los telones de fondo.
    ES MUY MUY MUY BUENO. No tengo autoridad para decir si algo es o no bueno, pero así lo siento. GENIAL.

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