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Mostrando entradas de diciembre, 2009

Tal vez me equivoqué (NL)

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NATÀLIA LINARES
Estoy en la puerta del restaurante fumándome un cigarro con Pepe, el único de mis compañeros que es de aquí. Los demás hemos emigrado desde nuestros países esperando mejorar.
Hace tres años que llegué y todavía tengo días en que me siento sola, muy sola, aunque hace unos meses conseguí la reagrupación de  mis hijos. Mi hombre se quedó en el poblado. No quiere venir, ni yo quiero que lo haga. A él le va bien quedarse allí trabajando el campo, y con la Verónica, con la que tiene un menester escondido desde hace tiempo.
A mí aquí me tratan bien. Pepe me está contando que pasará el fin de semana con su madre y sus hermanos. Pronto terminamos el pitillo y regresamos al trabajo. A Pepe le queda bien el gorrito del uniforme. Le oculta la calva y hace que te fijes más en sus ojos, que son verdes y muy expresivos.
Nuestra especialidad es la hamburguesa en todas sus variedades, junto con las patatas fritas, las alitas de pollo y el pescadito frito. Todo ello a gusto del consumi…

Tengo un secreto y muchas ganas de contarlo (MG)

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MARIA GUILERA
Ayer, un rato antes de cerrar, el jefe me dejó un sofá en el almacén. Dijo que el camión pasaría a recogerlo por la mañana.
No era un sofá nuevo, pero estaba bien cuidado. Le eché un vistazo y luego me senté en él. Era cómodo, muy grande, de color verde oscuro.

Patricia me llamó al móvil y me preguntó a qué hora pensaba ir al bar, que ya llevaba un rato esperando y su madre le había dicho que no llegara muy tarde.
Entonces se me ocurrió, en ese momento, y se lo dije. Que se viniera al almacén, que la esperaba.
Al principio ella no quería, pero insistí un poco.
Venga mujer, que si no fuera importante no te lo iba a pedir.

Tardó casi una hora. Para distraerme archivé unos albaranes que llevaban esperando semanas, casi desde que entré a trabajar. A mí no me importa trasladar muebles, montarlos, ni barrer el suelo. Pero meterme en aquel despacho de apenas cuatro metros cuadrados y ordenar papeles no me gusta. Es como volver al instituto y enfrentarme a las carpetas medio v…

Pregunta (VH)

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VICENÇ DEL HOYO
—Sí, jo sí!
Ho va escoltar al passar pel davant de l’entrada del banc que hi havia just a sota de l’oficina del registre de la propietat intel·lectual. No va ser la frase sinó el to, el que va fer que es detingués. Havia estat un ofegat xiuxiueig. Va dubtar. Duia sota el braç dues novel·les i un voluminós plec de contes que havia escrit els darrers anys. Ara que havia decidit presentar-los a concursos i fer-los circular per editorials calia que els tingués legalment inscrits. Però l’olfacte literari l’atreia cap a aquell rusc situat a pocs metres de seu destí.
Un home alt i voluminós acompanyat per una noia amb una ostentosa perruca rossa discrepaven sobre la necessitat o conveniència d’entrar a l’oficina bancària. L’home duia una llarga i sinistra funda negra que semblava contenir una recta i afamada canya de pescar. Li penjava de l’esquena. Ell volia marxar i ella estava decidida a entrar.
La desbordant i malaltissa imaginació de l’escriptor el llastrava. No podia …

Primer amor (RR)

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ROSANA ROMÁN
En cuanto la vio supo que era ella. Desde la barra la observó mientras cruzaba el bar para sentarse a la mesa. Su belleza madura no le había cambiado la fisonomía. La hubiera reconocido en cualquier lugar, pero jamás había pensado en la posibilidad de reencontrarla allí, en su cafetería de la Estación Central, leyendo un libro y tomando café.
Nunca había tenido tanto interés en asistir a la escuela como en primer y segundo grado de primaria, los dos cursos que impartía la maestra más joven y bonita del colegio.
No había vuelto a pensar en ella en años, pero mirándola descubrió que había estado más presente en su vida de lo que imaginaba. Reconocía en ella a todas las mujeres con las que se había relacionado sentimentalmente.
La revivió junto al encerado, haciendo con tizas de colores primorosos dibujos con los que ilustraba a sus alumnos: las partes de una flor, el corazón humano…
Y escuchaba de nuevo los pacientes consejos que le daba al corregir su ortografía: “La h de…

El cigarro más importante de mi vida (VA)

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VICENTE APARICIO 
Suena el timbre. Abro la puerta.
- Hola, Cristina. Te presento a Eugênia -dice Jorge.
¿No se le caerá la cara de vergüenza?
Hemos invitado a Jorge a cenar. Que yo sepa, iba a venir solo, pero está claro que trae compañía. Y qué compañía. Menudo cuerpazo tiene la niña. Será cabrón. Míralo ahí plantado, como si no hubiera roto un plato en su vida. ¡Eugênia! ¿Y eso cómo se pronuncia?
-Encantada, Eu-gênia, estás en tu casa -digo. Algo hay que decir, ¿no?
-Obrigada -contesta.
Vamos por el pasillo. Qué cabrón. Desde luego, no se puede decir que tenga mal gusto. Qué culo, por dios, casi me gusta a mí.
Entramos en la cocina. Carlos lleva puesto el delantal de cuadros blancos y amarillos que le regalaron los del curro. Cuando hay invitados, él prepara la cena. Así puede presumir de ser un hombre interesante.
- Hola, chicos. ¿Cómo estás, Eugênia? -dice Carlos. ¡No, si aún se conocerán y todo!- No, no, no hace falta que contestes, ya te veo: estás para mojar pan. -Le da un re…