martes, 24 de noviembre de 2009

El cuerpo


MARC BALLESTER 
Este es el CUERPO de la frase, aunque ER es el centro (quién lo diría) rodeado de un CU y un PO muy pronunciados que lo flanquean como esfinges dormidas y que le permiten ere que ere crecer y crecer, y del cuerpo original pasados unos instantes tan solo atisbamos un ER cada vez más gigantesco, casi monstruoso. Si le damos tiempo, y aunque no se lo demos también, el ER se expande e invade el centro de la ciudad y expulsa al mar los barrios portuarios y luego los barrios altos los catapulta por la cresta de las montañas que están más allá de los arrabales, y el centro, a golpes de ER ER ER se alza, engorda y engulle todo lo que encuentra a su paso. Desaparecen las grandes avenidas, plazas y parques; primero los céntricos y más tarde, sin dar tiempo a evacuar ni a huir, los hospitales, colegios y comisarías (esto está bien, lo de las comisarías engullidas es rematadamente bueno y necesario), por fin la alcaldía también desaparece, eso sí, entre la E y la R, en el corazón mismo de la palabra, y pasados los días, cuando todo y todos han sido devorados (porque recordemos que el CUERPO necesita alimentarse para crecer) el cuerpo decide morderse la C y luego la O, en primer lugar de una forma tímida, casi por compromiso y tras degustarse a sí mismo (como quien se muerde con vergüenza las uñas de un pie) se zampa toda la C, la U, la P, la O y la E, quedando una R monumental, que ocupa el epicentro del mapa, negando toda existencia a su alrededor y ronroneando, ahora sí ahora también, ronroneando, redondoneando, royendo, erre que erre, enredándose, roneándose, horneándose, ro, re, rrrr...

1 comentario:

  1. Jugar con las letras, con las palabras, con las ideas, desgranar y desangrar sentimientos en clave de humor, para no llorar, para no sentir compasión de uno mismo, reirse e ironizar con el origen y el destino, aunque éste , te corroa.

    Bravo.

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