miércoles, 18 de noviembre de 2009

Dura jornada


NATÀLIA LINARES
Hacía años que la doctora Saymach trabajaba en el más prestigioso hospital de la ciudad. Allí practicaba interminables sesiones de psicoanálisis. Los pacientes se agolpaban en su agenda esperando sus diagnósticos de prestigio.
Un viernes acudió a su consulta una nueva paciente. Una mujer joven. Su aspecto se correspondía con la típica estampa de quien lleva a cabo dos jornadas de trabajo. En casa y fuera de ella. 
-Y bien, usted dirá -dijo la doctora a la nueva paciente- Carmen, ¿verdad? ¿Se llama Carmen?
La paciente asintió con la cabeza.
-¿Cómo te sientes, Carmen? ¿No tienes ganas de hablar?
La doctora dominaba todas las técnicas de acercamiento. Interrogaba poniendo las vidas ajenas en cuestión, de manera que conseguía que los pacientes confesaran sus vivencias más dolorosas.
Cada paciente era víctima del odio, los recelos, iras, desolaciones, envidias, egoísmos, frustraciones que la ciudad encerraba y aglomeraba en una jaula de gentes maltratadas por la idiosincrasia humana.
Carmen notó en el hombro derecho la mano amable de la doctora.
Llevaban quince minutos de consulta, sin que Carmen hubiera dicho una sola palabra.
-Háblame de ti, Carmen. Qué me dices. ¿Trabajas? ¿Tienes hijos? ¿Pareja? ¿Por dónde empezamos?
Carmen la miró fijamente, su cara se hinchó aguantando una gran arcada. Sin poder controlarlo, vomitó. Su boca se abrió asemejándose a una serpiente boa que escupiera insectos negros. Su cabeza se inclinaba hacia atrás por la presión del surtidor. No podía refrenar la fuerza con la que aquella masa informe se escapaba de su interior.
El despacho se llenó de aquel magma. La doctora intentó liberarse a manotazos. Una revista científica que cogió de la estantería le servía de arma atizadora. Abrió la ventana a fin de descargar el ambiente.
Por suerte la boca se cerró y Carmen se desvaneció.
Quedó en el suelo durante minutos.
Se incorporó al lado de la doctora Saymach.
Y se despidió.
–Adiós. Me he quedado como nueva. No en vano hablan tan bien de usted. Hasta la próxima.
Acto seguido la doctora Saymach llamó a su secretaria, le ordenó que anulara todas sus visitas y que reservara un vuelo. Se cogía unos días de vacaciones.

8 comentarios:

  1. més d'un cop, hom agafaria el primer vol, com si fos el primer bus, i marxaria lluny, ben lluny sense equipatge, i perdre's en el camí.

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  2. la bruja de provenza18 de noviembre de 2009, 21:49

    Como quien no quiere la cosa, nos desvelas los secretos del psicoanálisis; nos enfrentas al poder del autoconvencimiento; nos descubres de qué lado está la locura; nos guiñas el ojo y mandas a la doctora a las Seychelles.

    Muy bien, Natàlia, así se cuentan las cosas: huyendo del artificio, sencillamente.

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  3. (Aaaah, y qué magnífica foto. A ver si aprendo y escribo sobre otro tipo de neuras más sugerentes que los ácaros...)

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  4. Guapa, qué bien que retratas i como te han dicho, sin liarte nada, sin aspavientos.
    m'encanta.

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  5. Por favor, que alguien me pase el teléfono de la doctora Saymach. Qué vomitada tan fantástica!.
    Muy bien Natalia, me encanta como te sirves del simbolismo para contar cosas profundas.

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  6. I és que mot sovint parlar és vomitar. El més trist és que escoltar és rebre una bona dosi de vòmit.
    Molt il·lustratiu.

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  7. Es difícil encontrar un interlocutor que alivie la "carga" que todos arrastramos...
    A veces la fe, la necesidad y un no puedo más... son el detonante para vomitar lo que año tras año y día a día hemos ido acumulando sin poder digerir.
    Hoy le ha tocado a la doctora, en teoría una experta, una profesional, a la que los vómitos de Carmen la obligan a tomarse un respiro.
    Lo que pone de manifiesto la gran incomunicación,hipocresía y soledad que nos rodea.

    Natalia, tienes un arte especial y único para retratar y relatar problemas, dándoles el fino barniz de ironía, humor e imaginación que los hace creíbles,cercanos y menos dramáticos. Bravo!!!!

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  8. Me gusta el desborde, el exceso, la provocación, el vómito. Me gusta esas formas expresionistas, ese juego de catarsis final. Me encanta!!!
    MONICA SABBATIELLO

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