jueves, 12 de noviembre de 2009

Ácaros


MARIA GUILERA
El niño tenía alergia a los ácaros y el médico me dijo que debía dormir en una habitación sin polvo. Sin una mota de polvo.
Los ácaros están en la alfombra, me dijo. En las cortinas, en la colcha. Hay que sacar todo esto.
Sin cortinas la habitación me parecía otra. Mi madre había comprado la tela, tenían un estampado de barquitos de colores. La colcha hacía juego con ellas. La quité también.
Por mucho que las lave no perderán el color, nos había dicho el dependiente.
Mi madre murió antes de que yo las pusiera en la lavadora.

Íbamos de cara al verano, no me pareció mal sacar ya la alfombra. La enrollé para subirla al altillo, pero luego me dio pereza pedirle la escalera a la vecina y la dejé en el rellano. La portera me dijo que el rellano no era un trastero.
Si quiere tirar la alfombra, espérese al primer martes de mes. Un poco de civismo.
Me lo dijo con rabia, como si quisiera vengarse. Pero yo no recordaba tener nada pendiente con ella.
Por la noche bajé la alfombra a la calle y la dejé al lado del contenedor.
Esa noche el niño tuvo un ataque de asma terrible.
Tú hazles caso a todos, me dijo Santi. Tú, hala, a tirar la casa por la ventana. Y mira.
Yo tenía ganas de llorar. Sobre todo por las cortinas.
Una vecina me dijo que los colchones eran un nido de microbios y que me enviaría a su hermana para que me hiciera una demostración con un aspirador especial antiácaros que era lo mejor contra el asma. Una demostración sin compromiso. Y que no me iba a creer la mierda que tenía en casa.
Me lo compré a plazos, porque era carísimo. Pero lo necesitaba.
Aspiré los colchones, las almohadas y las paredes. Cuando cambiaba el filtro me parecía ver millones de ácaros retorciéndose. Enseguida los echaba a la basura.
Cada día descubría una cosa nueva para aspirar. El sofá, las sillas, los muebles. Todo hasta el fondo y por dentro, allí donde nunca antes había entrado.
También aspiraba la ropa, la mochila y los zapatos.
Al niño le aspiraba al salir de casa y al regresar del colegio. Tenía menos ataques, pero me parecía cada vez más delgado.
Aspiré unas láminas enmarcadas del recibidor y se rompieron las telas. Las tiré antes de que volviera mi marido, porque las había pintado su padre y nos la sregaló en el primer aniversario. No quería líos de familia. Pero también había tirado yo las cortinas que cosió mi madre, eso fue de lo primero. Así que estábamos en paz.
Las pantallas de las lámparas también se rompieron, pero ya eran viejas.
Dejé las bombillas a la vista y quedaba el comedor como de pobre. Me daba igual, menos ácaros.
Pasaba dos o tres veces el aspirador por el baño. Pelos, polvo, porquería. Cómo habíamos podido vivir así.
Lo que no podía limpiar con el aspirador antiácaros, lo tiraba al contenedor.

El niño parecía un poco triste sin los juguetes. De peluches, ni hablar. Las piezas pequeñas del Lego se las tragó el aspirador.
Tienes que entenderlo, hijo. Es por tus ataques.
Un día Santi se llevó al nene con sus padres. Me dijo, tú estás como una cabra, te has vuelto una obsesa.
Le dije que lo hacía por nuestro hijo, pero me doy cuenta de que hay otra cosa, no sé qué es.
Porque sigo aspirando lo poco que queda en casa.
Son ellos o yo.

13 comentarios:

  1. Muy bueno!
    Pobre mujer, no sabía ella que lo mejor es inyectarlos en vena, ELLOS están en todas partes!.
    Lograron su objetivo, hacerla enloquecer.
    La primera vez que ví una reproducción en tamaño grande, en la mesa del alergólogo, me quedé horrorizada.
    Luise

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  2. En estos días, cuando ando algo pachucha, no se cómo lo haces pero suelo recibir que has escrito de nuevo, que alegría! Un ratito de distracción. Sabes que me ha gustado y así a modo de comentario dejaría ir que a veces en la vida no hay que ampliar tanto la imagen de un ácaro, están por todas partes y son de diferentes maneras y estilos de pensar... Ojalá existiera una aspiradora para ellos, que alegría hubiéramos tenido algunas en su momento.
    un beso,
    Vane

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  3. Siempre que oigo hablar de ácaros me acuerdo de un personaje de Stephen King que tenía ataques de pánico pensando en las bolas de polvo que se forman debajo de las camas... no sé si era en Tommyknockers... Por otra parte, mirar por un microscopio ácaros, microbios o otros seres diminutos te hace creer que Lovecraft se inspiró en ellos para inventar a sus monstruos de las profundidades.
    Enloquece un poco más a tu personaje, hazle tener visiones terroríficas y ya tendrás uno de esos cuentos que crees no poder escribir.

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  4. Molt bo Maria. Molt creible, jo he arribat a pasar-li l'aspirador al gos, per allò de la merda acumulada al pel.
    Salutacions.

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  5. Aspirar, sospirar, expirar, inspirar, en fi, respirar. L'aire dels teus relats sempre provoca reflexió profunda i, alhora, un somriure còmplice.

    No es cansa de llegir-te, el teu admirador més anònim.

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  6. Si las vista humana, como el resto de nuestros sentidos, tiene limitaciones, será por algo, es más sano para todos dejar a cada uno en su hábitat y adaptarnos, como hemos hecho siempre.

    El texto tiene ese toque de paranoia que te va atrapando casi sin darte cuenta haciéndote partícipe de la misma.

    Un cordial saludo.

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  7. Ácaros que provocan la locura...Pero si la alergia al final proviene de traumas sicologicos ....¡¡pobres ácaros aniquilados y pobre mujer obsesionada¡.(Visc a Sant Feliu)

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  8. Louise, en tiempos de vacunas polémicas, tu consejo es una provocación para monjas mediáticas.
    Vane, qué razón tienes: el día en que salga al mercado el aspirador para Ácaros Superlativos hay que comprarlo aunque sea hipotecándonos.
    Anonimísima, qué intrigada me ha dejado la autoría de tu sabio consejo. Hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de que salgas de territorio clandestino?
    Puigmal, el tema del gos te'l perdono, però no segueixis amb el nen, pobre criatura!
    Bruno Marrone, em rendeixo a la seducció dels teus comentaris i espero tornar-te'ls així que tornis a tecletejar algun dels teus relats.
    Chajaira, qué sabia es la naturaleza que nos oculta el terror de lo que no podemos evitar.
    Llevarle la contraria nos lleva a terrenos peligrosos.
    Santfeliuenca, tú siempre al lado de Félix Rodríguez de la Fuente, el amigo de los animales. la mujer seguirá y seguirá hasta quién sabe que horizontes asépticos.
    Gracias a todos por vuestros comentarios. Y también a los que nos leéis en silencio.

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  9. Por el contenido de tus escritos me recuerdas a Samaniego, una historia usual, doméstica, que no nos es extraña a ninguno de nosotros en su día a día y sin embargo, siempre es portadora de una moraleja que aflora de inmediato o bien queda algo más oculta.

    No se si me paso de analítico pero la de hoy me ha hecho reflexionar de cómo unas fijaciones o ideas te pueden llevar a un límite destructivo. De como se van abriendo paso, de como se crea una primera grieta entre una persona y su entorno inmediato, por la que tarde o temprano van matando una escala previa de valores.

    Curiosamente el hilo conductor, el amor al hijo, acaba quedando sustituido por la obsesión de la limpieza antiacárea. Hay un sesgo parecido con los procesos degenerativos de la persona frente a las drogas.

    Me pregunto si en mayor o menor escala estamos todos libres de este tipo de procesos ofuscadores de la razón. Como siempre muy buen relato; felicidades.

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  10. Me encanta como de algo tan cotidiano haces crecer tu relato hasta conseguir una historia tan interesante
    A eso se le llama ESCRIBIR en mayúsculas.
    Ah y los ácaros ni nombrarlos que les tengo alergia asmática nada menos.

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  11. A pesar de que que como norma te gustan las cosas "sencillas"... este relato está lleno de metamensajes.
    Cada frase y cada decisión que toma la protagonista, lleva implícito una declaración de intenciones que van más allá de la eliminación de los ácaros.
    Desprenderse de lastres... aunque sea doloroso, otras veces su eliminación queda justificada por un "yo también lo he hecho con lo mío..."
    Cambiar el entorno y la vida, consumir, aceptar consejos, soportar críticas.

    Renovarse o morir... ya que matar y seguir viviendo, está muy mal visto.

    (Tengo a alguien interesado en alquilar ese aspirador mágico que compraste, ya os pondré en contacto).

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  12. ostias, jo conec a gent que és el polo opuesto...

    genial, ja t'ho han dit, i jo m'apunto, pero la aspiradora que sea de las de sin cables, que me dan alergia.

    ;)

    laloka

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  13. Como siempre en tí... "todos los colores" de un hecho cotidiano. Fantástico el análisis. Todos tenemos nuestro aspirador.
    El Trasgu

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