domingo, 11 de octubre de 2009

Fin de fiesta



MARIA GUILERA
Eran casi las cuatro de la madrugada y los últimos amigos acababan de marcharse. Les habían ayudado a llevar los platos a la cocina, pero en la mesa quedaban vasos, copas y algunas tazas de café.
-Déjalo. Mañana lo recogeremos. Estoy muy cansado.
-Mañana lo recogeré -respondió ella muy bajo, pero no tanto como para que Juan no llegara a oírla.
-Martina, por favor.
-Por favor qué.
-Que no empecemos. Podríamos acostarnos sin discutir. Por una vez, solo por una vez.
-Estás borracho.
-Eso es verdad. Vámonos a la cama.
-Eso, vámonos a la cama. Y mañana te haré un zumo para tu resaca.
-Nunca en la vida me has preparado un zumo.
-Bueno. Si tú lo dices.

Se levantó de la silla y le señaló con el dedo. Miraba a un punto fijo, en el brazo del sofá.
-Mis padres traerán a los niños a las doce. A ver si estás decente a esa hora y das la imagen de padre ejemplar.
-Martina, me caigo de sueño.
-Te caes de sueño y eso es lo importante.
-Pero qué te he hecho yo.
-Nada. Tú nunca haces nada. Yo soy la que inventa cosas, la maniática, la que se queja sin razón. Una neurótica.
-Nunca he dicho eso de ti. No entiendo nada, cariño.

La vio quitarse los zapatos y empujarlos hacia un lado de la mesa. Luego entró en la cocina y regresó con una bandeja. Empezó a colocar los vasos y las copas despacio. Juan la miraba. Tenía la espalda morena. Le había caído un tirante del vestido, el del hombro derecho.
Sintió que debía hacer algo, no sabía qué exactamente, pero se le acercó.
Martina siguió recogiendo aunque la bandeja estaba ya tan llena que no parecía caber nada más.
Él le subió el tirante. Fue un gesto triste.
Sintió como la piel de Martina se erizaba. Soltó la taza de café que tenía en las manos, cayó sobre una copa y se rompieron las dos piezas.
-Perdóname, perdóname -dijo Juan.

Ella lo dejó allí, con los cristales rotos y el olor a tabaco. Fue hacia el dormitorio pisando el suelo con rabia.
-Siempre lo fastidias todo -murmuró.

Juan salió al balcón y deseó no haber dejado de fumar.
Ojalá no le hubiera hecho caso a su médico y sus pulmones siguieran acumulando mierda. Ojalá estuviera enfermo, muy enfermo, y ella tuviera que cuidarle, atenderle día y noche, hablarle con cariño.
Le gustaría notar que le ocultaba la verdad, escucharla, sin que ella lo supiera, cómo les pedía a los niños que no hicieran ruido. Para no molestar a papá.
Morirse y que ella llorase en su entierro y el remordimiento no la dejara dormir.
Miró hacia el otro lado de la calle. En la casa de enfrente un gato salía por la ventana. Le pareció que le miraba fijamente.

8 comentarios:

  1. Día a día, ladrillo a ladrillo la barrera va ganando altura y robustez... intentos para salvarla como un gesto, una palabra, una mirada... son armas inútiles para provocar algún resquicio o grieta.

    Nadie sabe quién puso la primera piedra.
    Los de un lado culpan a los del otro.
    Ninguno acepta la responsabilidad de haber cimentado ese muro con su indiferencia.

    No hay vuelta atrás, solo tristeza e insatisfacción.
    La conciencia de haber perdido el horizonte común.
    La necesidad de sentirse amado.Incluso amar.

    Sentirse muy solo, sin estarlo.

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  2. La de cosas que deben saber los gatos

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  3. No hace falta más, como aquel que no, has retratado de maravilla una situación que a quien más a quien menos nos resuena.
    El gato me ha descolocado, pero ya sabes que es cosa mía y de como me gusran a mí los finales, ni caso.

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  4. Per què serà que la realitat és tan semblant a la ficció? O era al revés? Realment, algunes vegades, només un gat pot ser complice de les nostres cabories.

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  5. Hay que ver lo tontos que somos los humanos; los animales no pierden tiempo en discusiones, ellos actuan. Eso es lo que debió advertirle el gato a tu protagonista.
    Qué lástima que el amor y la ilusión puedan convertirse en esa relación de continua reyerta.
    Consigues que se sienta la tensión del ambiente.

    Louise

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  6. Maria, el gat que mira per la finestra poder vol mostrar que poden llançar les nostres discusions al vuit. Realment si els teus protagonistes s'estimen hauran d'apendre de l'agilitat dels gats per a saltar d'una situació a una altre.De no ser així, hauran d'acceptar que en la covivència la comprensió és la clau. maria

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  7. Maria, el gat que mira per la finestra poder vol mostrar que poden llançar les nostres discusions al vuit. Realment si els teus protagonistes s'estimen hauran d'apendre de l'agilitat dels gats per a saltar d'una situació a una altre.De no ser així, hauran d'acceptar que en la covivència la comprensió és la clau. maria

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  8. Maria, el gat que mira per la finestra poder vol mostrar que poden llançar les nostres discusions al vuit. Realment si els teus protagonistes s'estimen hauran d'apendre de l'agilitat dels gats per a saltar d'una situació a una altre.De no ser així, hauran d'acceptar que en la covivència la comprensió és la clau. maria

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