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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Fulgencio

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VICENTE APARICIO
Anoche llegué a Camarlés. Nada ha cambiado mucho aquí. Eso ya lo sabía antes de venir.
Camarlés es siempre casi el mismo sitio, el mismo año, la misma hora del día. Si hablamos del viento, Camarlés es una piedra, nunca un grano de arena. También las rocas conocen la angustia, la erosión que rasca el silencio del paisaje cuando las agujas del reloj caminan. Incluso las rocas tienen tímpanos.
El viento aúlla en Camarlés. La gente busca a menudo el resguardo de los portales, los ribazos, las cantinas. Los parroquianos juegan a las cartas y fuman puros que elevan hacia el techo espesas volutas de humo.
Un par de horas después de mi llegada pregunté por Fulgencio en la cantina.
Es lo que hago cada vez que vengo.
Me apeo del tren semivacío que me trae hasta aquí, recorro el trayecto cuesta abajo hasta el hostal, ceno una taza de caldo y un par de piezas de fruta que me sirve la patrona, enciendo un cigarrillo y espero a que llegue el momento de preguntar.
¿Alguien ha visto por aqu…

¡Sorpresa, sorpresa!

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LOLA ENCINAS
Me sentía muy feliz con mi nueva relación. Después de varios fracasos amorosos, estaba segura de haber encontrado al hombre de mi vida.
Tomás era tan distinto a los anteriores…, tal vez un poco rudo y primitivo, pero en vez de considerar esas cosas como defectos, me parecían un añadido a su atractiva personalidad. Estaba un poco harta de ambigüedad y disertaciones filosóficas, necesitaba llenar mi vida con la sencillez y la pasión de un simple mecánico tornero.
Hacía tres meses que salíamos. Cada noche parecía la primera, estábamos locos el uno por el otro.
El tiempo se me pasaba volando estando con él.
Vivía saboreando nuestras citas y ansiando la hora de volver a encontrarnos.
Aquella mañana me dijo que tenía un pedido urgente que servir y que nos veríamos un poco más tarde de lo habitual.

En un principio, el retraso me contrarió un poco, pero al instante pensé que me serviría para llevar a cabo un plan sorpresa.
Desde la oficina llamé al restaurante y reservé mesa. Al salir de…

Ausencia

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ROSANA ROMÁN
Desde que se fue, una masa amorfa invade su vida.
Ni siquiera podría asegurar cuándo ocurrió. Solo que de repente el vacío se adueñó de ella al llegar la noche. Por más que lo intenta no recuerda el día ni la hora en que sucumbió al abandono, pero sabe que es real porque ya nada ha vuelto a ser lo mismo.
La música de los objetos ha desaparecido: los platillos de las tapas de las cazuelas, el tintineo del triángulo al caer agua en un vaso, el trombón al cargarse el agua del depósito del baño, el ritmo de la lavadora al centrifugar…
Desde que se fue, pasa los días invadida por la melancolía. Permanece ociosa todo el tiempo y no come o come, cuando le apetece, lo que le apetece, sin atención ni límite.
Ayer batió el récord: tres días sin probar bocado. Por fin se levantó en medio de la noche y saqueó la nevera. Empezó por lo comestible no cocinable, pero cuando llevaba media hora, un terrible dolor de estómago la obligó a devolver todo lo ingerido. Sentada junto a la taza del vát…

Curiosidades

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NATÀLIA LINARES CASTELLÓ
Hoy, como otras veces, he salido a la escalera de incendios a fumarme un cigarrillo. Recuerdo que fue aquí precisamente donde empecé a fijarme en el bloque de enfrente.
El trabajo asfixia, cansa, agota y cabrea. ¿O es la especie humana la que cansa y absorbe la fuerza, el ánimo, el humor?
Me alivia ensuciarme el cuerpo de distintos alquitranes. ¡Qué bien entra el humo, cuando lo necesitas! Por la boca, por la sangre, por los pulmones. Fuuuuuuuuu.
El espacio para fumadores es reducido, un rellano de la escalera. Queda muy cerca del otro edificio. A través de los barrotes, pueden divisarse las vidas ajenas.
Entre calada y calada, de pie, rascando unos pocos minutos al trabajo, hace unos días me detuve a observar.
En el bloque de enfrente un vecino tenía tres tazas de café en el alféizar de la ventana.

Durante días, salía a la misma escalera a tragarme el humo de un cigarrillo y veía que las tres tazas siempre estaban allí. En reposo, quietas, no parecían abandonadas si…

Error angelical

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MARC BALLESTER
Vuelvo a casa, no sin antes compartir olores y empujones con un sinfín de personas. La puerta del metro y mi hombro se funden en un abrazo asfixiante. Entre una telaraña de brazos, bolsas y paraguas, intento ojear un periódico. Portada, Tarragona, maleta. Tema del Día, Espanya, pisotón. Opinión, Poble Sec, perdone. Internacional, Paral.lel, bostezo. Política, Drassanes, walkmans. Sociedad, Catalunya, acordeón. Sociedad... o ¿sería más correcto, El Caso? «Pena leve para un hombre que creía legal violar a su mujer». ¡¿Qué?! Mis ojos desorbitados descubren aún más: «La Audiencia de Tarragona falla que el condenado cometió sólo un error al pensar que se puede forzar a la cónyuge».

Diagonal, descargamos, me siento. Asombroso, el erróneo marido sólo ha sido condenado a dos años de prisión por repetidas violaciones a su propia esposa. Passeig de Gràcia, turistas, mochilas. Tiene gracia, el nombre del violador es Ángel; una denominación que corresponde a un espíritu creado por Di…

Carícies

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VICENÇ DEL HOYO
“…Ese sentimiento de felicidad no se presenta de forma tan plena ni siquiera en los momentos del éxtasis amoroso. No se trata más que de una luz resplandeciente, de un rayo que ilumina el paisaje de tu vida, un rayo que te ayuda a ver el “instante”, algo que es igual a la vida entera, el espacio entre dos aniquilaciones.
Quien no haya vivido un instante así en sus relaciones vitales con el mundo, se ha perdido una de las mayores aventuras de la vida, difícilmente explicable.”
Sándor Márai, «Confesiones de un burgués»


A les coses se les pot conèixer de moltes maneres. Per la vista la majoria, per l’oïda moltes, per l’olor i el gust unes poques, i només un reduït grup pel tacte. Gairebé totes les coses que es poden veure es poden tocar, però rarament la visió substitueix el tacte. Ni tan sols ofereixen coneixements complementaris. En un món on es valora la vista per sobre de la resta dels sentits vaig trigar uns anys a descobrir que no sempre passa que nosaltres produïm un …