viernes, 3 de julio de 2009

Tío Alberto

LOLA ENCINAS
Estuve toda la tarde ultimando los detalles. La casa estaba como los chorros del oro, gracias a la ayuda de Manuela y de dos mujeres del pueblo que la habían ayudado. Dos días fueron suficientes para convertir una vieja y triste casona en un lugar acogedor. Lo antiguo también tiene su encanto.
Reflexioné sobre los motivos que me habían impulsado a invitar a mi hermano y a su familia para que pasaran el verano conmigo. Llegué a varias conclusiones, entre ellas que el paso y el peso de los años nos hacen añorar el pasado y a las personas queridas.
La soledad, vieja amiga y compañera, me ha vuelto a visitar el último invierno.
Cuando murieron mis padres, superé la pérdida mejor de lo que pensaba.
En cambio, la traición de Luisa me costó más tiempo, tal vez porque el orgullo tarda más en cicatrizar que el amor.
El sonido del claxon, que anunciaba su llegada, me sacó de mis pensamientos. Bajé presuroso y feliz a recibirlos.


Ya hacía un mes de su llegada. Los días pasan muy deprisa cuando están llenos de vida y actividades, excursiones, paseos por el río, charlas interminables, reconciliaciones pendientes, perdones y agradecimientos, ejercicios de memoria… todo ello aderezado con las risas y los juegos de los niños, que reclaman nuestra atención.
Desde el primer día sentí una profunda conmoción muy difícil de explicar.
La frágil presencia de Julia, la hija mayor de mi hermano, contrastaba con su profunda y sabia mirada. Sus doce años estaban llenos de dulzura y belleza.
Su imagen inundaba cada segundo de mis días y mis noches. Me resultaba casi imposible disimular la atracción que me inspiraba, un deseo insano y enfermizo, desconocido para mí hasta entonces. Tenía que hacer ímprobos esfuerzos para que mis ojos no me delatasen. Mis manos desmayadas trataban de rozar su tersa y cálida piel. Anhelaba la despedida nocturna para que sus labios se posaran sobre mi mejilla.
Una tarde, mi hermano, su mujer y los pequeños fueron de compras a la ciudad, ya que quedaban pocos días para su partida. Julia dijo que no se encontraba bien y que no quería ir, pero que fueran ellos y que yo la cuidaría.
A la hora de la siesta no pude reprimirme más y sigilosamente abrí la puerta de su habitación. Sólo quería observar su sueño…
La habitación estaba en penumbra y ella, despierta sobre la cama, miraba aburrida hacia la ventana mientras sus piernas desnudas jugueteaban con las sábanas; afortunadamente, no me vio ni me oyó.
Pero yo sí ví mi interior y oí como se aceleraban mis latidos.
Aquel día pude frenar mis oscuros impulsos, pero no quise volver a tentar la suerte. Cogí un papel del escritorio para escribirle una breve nota a mi hermano y la dejé sobre el mueble de la entrada para que la viera en cuanto llegase.
Querido hermano:
Una llamada imprevista hace que tenga que viajar urgente e ineludiblemente, sin esperar vuestro regreso. Julia está durmiendo tranquila, parece que está mejor. No sé cuánto tiempo me retendrá este asunto, vosotros seguid con lo previsto, no cambiéis vuestros planes. Han sido unos días inolvidables para mí, gracias a vuestra visita. En cuanto pueda, tendrás más noticias. Abrazos y besos para todos, os quiere...
Alberto.


Mi hermano se compró un apartamento en la costa al que van siempre los fines de semana y en vacaciones.
Julia lleva varios años yendo de intercambio por Europa para aprender idiomas, se ha echado un novio londinense y se queda a vivir en Inglaterra.
Yo vendí la casa y me compré un piso en Madrid.

5 comentarios:

  1. Increible tu versatilidad. Historias tan distintas y a la vez tan verosímiles.
    Tus personajes son de carne y hueso ya sean terrestres o alienígenas. Siempre traspasan por su sinceridad. Gracias por meterte en la piel de todos ellos, aunque no sea fácil, para poder regalarnos estos relatos.Pura magia.

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  2. la buixa de l'eixample5 de julio de 2009, 0:11

    "Mis manos desmayadas trataban de rozar su tersa y cálida piel. Anhelaba la despedida nocturna para que sus labios se posaran sobre mi mejilla".

    Claro que sí. Las cosas se dicen por su nombre.
    Los sentimientos también, que no tienen apellidos.

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  3. La triste historia de un hombre bueno.

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  4. ....menos mal que el personaje ha vist su interior y ha podido frenar, de lo contrario el cuento habria sido un escandalo....
    Saludos,,,

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  5. De carne i hueso y enteramente dignos... gracias, Lola.

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