miércoles, 8 de julio de 2009

Mi hermana Carolina

VICENTE APARICIO
Mi hermana se llama Carolina. Qué valiente es. El otro día se metió con Juanma Perales, el chulo de mi clase. A la salida del colegio lo estuvimos esperando. Yo estaba muy nervioso.
- Hola, chaval, ¿cómo te llamas? -dijo Caro.
- Juanma.
- Ni hablar, chavalín, nadie se llama Juanma. Quiero el nombre completo.
Juanma hizo así con los hombros, porque es bastante chulo. Pero mi hermana tiene tres años más que nosotros. Cuando quiere, te mira de una forma...
- Juan Manuel Perales.
- Así me gusta más, Juanma. De todas formas, seguro que puedes hacerlo mejor. Veamos: Juan Manuel Perales, y qué más.
Juanma no dijo nada. Se mordía las uñas y tenía la cara muy seria. Normalmente siempre se está riendo. Burlándose de alguien.
- ¿Es que no tienes lengua?
Entonces mi hermana se puso muy cerca de él. Mucho.
- Fresnadillo.
- No te oigo, chaval.
- FresNaDiLlo.

- Gracias, Juanma -Estaba rojo como un tomate. Seguro que algún día se iba a vengar de mí. Me pegaría y me llamaría chivato delante de todos. Ya sabía yo que hubiera sido mejor no decirle nada a Caro, pero es que él dijo que mamá es una puta-. ¿Sabes una cosa? Me gustan tus apellidos. Te sientan bastante bien. Lástima que aún nos falte uno antes de que puedas marcharte. -Me hubiera gustado decirle a Caro que parase ya, pero no me atreví. Siempre me pasa lo mismo-. El tercer apellido es el más difícil. A ver si lo haces bien y nos vamos a casa. Repasemos: te llamas Juan Manuel, Perales, Fresnadillo... y qué más.
- Nada más. Juan Manuel Perales Fresnadillo -dijo Juanma, vacilando un poco otra vez.
Caro volvió a ponerse muy cerca de él.
- ¿Nada más? ¡Cómo que nada más! -Y le pegó una colleja-. ¿Es que todavía no te han enseñado que todas las personas tenemos tres apellidos? El primero, el de tu padre. -Levantó el dedo gordo-. El segundo, el de tu madre. -Levantó el índice-. Y el tercero, el que te ponen los amigos -El dedo de en medio-. Yo y Alfredo somos tus amigos, ¿verdad, Juanma? ¿Verdad Que Sí?
- Sí.
- Pues Alfredo y yo decimos que tú te llamas Juan Manuel, Perales, Fresnadillo, Caraculo. ¿Lo has entendido?
Juanma Perales me iba a pegar una paliza.
- ¿Lo Has Entendido?
-Sí.
- Entonces, ¿cómo te llamas exactamente?
-Juan Manuel, Perales, Fresnadillo,... Ca... Cara... Caraculo.
-Eres un chavalín muy listo, Juanma. Mola que en la clase de mi hermano haya niños como tú.
Y entonces nos fuimos.


Yo no quería hacerlo, pero de camino a casa me puse a llorar. Caro se enfadó mucho y me llamó «cobarde asqueroso». Después, cuando mamá llegó a casa lloré otra vez.
- Lo que me faltaba. ¿Y ahora qué le pasa a este niño?
- Nada -dijo Carolina-, lo único que le pasa al enano es que es tonto. Pero no pierdas el tiempo, nunca se le va a pasar.
- Dios mío, tengamos la fiesta en paz. Os juro que no tengo el día, así que haced el favor de portaros bien. No quiero volver a oíros. Ni al uno ni al otro, ¿de acuerdo?
Papá vino mucho más tarde. Estaba triste. Llevaba así unos días. A la hora de la cena, se sentaba en su sitio, miraba el telediario, se dejaba la comida en el plato casi sin probarla y no decía nunca nada. Le habría preguntado qué le pasaba, pero yo no sé preguntarle esas cosas a papá. Mamá casi no le hablaba tampoco, ni siquiera para darle la bronca.
- Qué asco de familia -dijo Caro mientras se comía el plátano del postre.
Entonces mamá le dio un bofetón muy fuerte. Pero muy fuerte. En mi casa siempre estamos discutiendo, pero nunca nos habían pegado. A ninguno de los dos.


Por la noche no me podía dormir.
- Alfre, ¿estás despierto?
- Sí.
- Si Caraculo vuelve a meterse con mamá o te hace algo, dímelo a mí. No tengas miedo. Yo sabré lo que hay que hacer. ¿Vale?
- Vale, no te preocupes.
Pero yo no me fiaba. Intentaba no pensar en eso.
- Oye, Caro, ¿te duele la cara?
- No, bobo, cómo va a dolerme. Solo que no tengo sueño.
- Buenas noches.
- Buenas noches.
No paraba de acordarme todo el rato de Juanma Perales.
- Oye, Caro, ¿yo tengo tres apellidos?
- Mira que eres tonto, Alfredo.
Mi hermana me insulta muchas veces, pero es la persona más valiente que conozco.
Al final sí que me dormí.

7 comentarios:

  1. Me hubiera encantado tener una carolina en mi infancia... yo era como Alfredo, el tonto... y a veces aún creo que lo soy.

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  2. Espero el próximo cuento de Aldredo y su hermana. Son geniales.
    Un Saludo.

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  3. la bruixa de l'eixample9 de julio de 2009, 23:45

    A cada Caraculo le debiera poner una Carolina las peras al cuarto.
    Lo has clavado, V.

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  4. Me ha encantado Vicente. Con niñas como Carolina se acababa pronto el Bullyng en las escuelas. Yo de pequeña siempre deseé tener un hermano mayor, pero como no pudo ser, me tocó a mi hacer de Carolina, aunque por dentro estuviera tan acojonada como Alfredo.
    Espero con ansiedad el siguiente flash de esta familia que no tiene desperdicio, gracias por hacerme pasar este buen rato.

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  5. Hola Vicente. Joder, con Carolina, hay que ver el carácter que se avecina... no quiero ni pensar cuando llegue a la adolescencia...
    Un abrazo.
    Jose.

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  6. Cuidado Corolina!
    Que a ningún niño se le olvide que es una niña!
    Ternura...Si, ternura me trajo.
    Espero la proxima de Alfredo, vemos si se anima un poquito (a su manera).
    Laura de Buenos Aires.

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