miércoles, 17 de junio de 2009

Hablar de otras cosas

MARC BALLESTER
¿Qué significa hablar de otras cosas? Qué, si no es hablar de ti, de mí, de todos nosotros. No existe nada que no seamos nosotros mismos. Nunca podemos, aunque a veces lo intentemos, hablar de otras cosas. ¿Acaso puede el niño dejar de hablar de otras cosas que aquellas que pasan por su mente? Qué hay más tentador, más caliente, que hablar y escribir de otras cosas que en el fondo son las de siempre, como tú, como yo, como todos. No existe nada más allá de lo que ven nuestros ojos, porque posemos ojos capaces de abarcarlo todo, de ver sin mirar, aunque no como hace la mayoría, que a pesar de mirar y mirar nunca ven nada, ni tan siquiera lo evidente... Pero vamos a ser más concretos.
¿Sabéis lo que son cuarenta centímetros?

Unos contestarán que es el resultado de una medición. Bien. Otros, que es el resultado de sumar diez más treinta. Requetebién. Pero ¿qué os parece si dijese que es una forma de ver el mundo, de interpretar los acontecimientos, de distinguir lo realmente importante de lo que no lo es, de valorar, de apreciar, o de acertar? De producirse un equívoco, podría resultar fatal. Para mi perro Mitch el mundo existe y se contempla a partir de los cuarenta centímetros que separan su hocico del suelo. Si capta algo sabroso se lanzará a una búsqueda irrefrenable que lo conducirá, sin lugar a dudas, a un delicioso premio. Pero si detecta la presencia de otro macho, aunque sea de una raza mucho más voluminosa, marcará sin dudar su territorio y, si se lo encontrase frente a frente lo retaría mediante una danza sigilosa alterada después por los gruñidos que preceden a las dentelladas. Para él, como para nosotros, hablar de otras cosas se reduce a lo que captan nuestros sentidos: cosas evidentes y tangibles, y otras no tan evidentes, extrañas o difusas. No sé si él me podría explicar con detalle qué diantres pasó por su cabeza la última vez que me mordió.
También puede que sea pretencioso sentirnos diferentes, creernos con una capacidad innata que nos distingue, que nos marca para poder ser reconocidos en la distancia y el tiempo. Quizás no es más que la aspiración a creer que la vida que uno vive es única y merece ser contada, pero ahí radica el error, o al menos uno de apreciación: nuestra vida sí que es única, pero quizás sería más honesto no contar nada y dejar que esas otras cosas, las que suponíamos importantes, pereciesen con nosotros al cerrar los ojos, esos que confiaban en ver más allá de nuestros hocicos, perdón, narices.

4 comentarios:

  1. la bruixa de provença20 de junio de 2009, 14:40

    La curiosidad nunca cesa.
    Aunque lo que acabamos sabiendo sea lo mismo que otras veces, aunque no tenga nada de maravilloso, lo que el otro esconde, nos importa.
    Mitch mordió por alguna razón la mano de su dueño protector. Por qué razón. Ah, muchos pagaríamos por saberlo.
    Por eso, contar en lugar de callar es a menudo un regalo.
    No siempre. Pero este no es el caso cuando Marcos habla.

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  2. Hablamos y hablamos para convencer a los demás y a nosotros mismos de nuestras verdades y de nuestras mentiras.

    Esperamos la respuesta de los otros, para calibrar nuestro poder de convinción, la buena fe del prójimo y nuestra propia estupidez.

    Por eso seguimos hablando....

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  3. Hablar de otras cosas, eso hago todavía cuando me duele más de lo habitual hablar de ti. Tienes razón: las vidas de cada uno son especiales y cuando los otros la interpretan es cuando se hacen universales, como una buena historia para un buen libro. Como tu vida, como tus historias.

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  4. Una observación: O hay muchas brujas lectoras de este blog o la bruja del Zoo se ha trasladado a provenza ¿¿??

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