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Mostrando entradas de junio, 2009

Flores en la carretera (RR)

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ROSANA ROMÁN
De un tiempo a esta parte y cada vez con más asiduidad proliferan, que no crecen, flores en el asfalto. Se pueden ver a veces frescas, otras ya marchitas y, cuando pasa un tiempo prudencial, se sustituyen por unas de plástico. Alguien desea recordar tozudamente que allí, en aquel punto, algún allegado perdió la vida.

Soy representante y viajo continuamente por las carreteras de media España. Por eso, ver flores en cualquier curva me molesta profundamente. Es algo visceral que no acierto a comprender. Será porque me obliga a levantar el pie del acelerador y me invita a pensar en quién debía de ser la persona que se empotró contra la valla. Cuando reflexiono, pienso que no está mal, que esta práctica funciona mejor que cualquier campaña de prevención de la DGT. A lo mejor son ellos los que las colocan como medida disuasoria. Pero no, sé que las muertes son ciertas, que allí se produjeron un día o una noche cualquiera, y pienso en milésimas de segundo si habrá sido un intrépi…

De com l'Annapurna es va quedar sense alpinista (NL)

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NATÀLIA LINARES CASTELLÓ
No sé com, l’altra nit després d’un sopar em vaig dur a un antic amic a casa. Xerrant, xerrant. Vam acabar a casa meva. Que, per cert, estava neta i endreçada. Com fet a mida.
Va ser la nit que em vaig sentir poderosa com una gran muntanya. Que dic!!, com el cim d’una gran muntanya, l’Annapurna.
A dins del cotxe, abans d’arribar a casa, tots dos vam sentir escalfreds. En el moment de girar-me per deixar la bossa de mà al seient del darrere, sense adonar-me’n vaig fregar-li l’espatlla amb els pits. Dues muntanyes imponents seduien i acoquinaven un jove expert en jovenetes. De seguida es van notar les sensacions, que van fluir com vapors. El jove en qüestió fregava els vidres amb la mà obrint escletxes entre la humitat, mentre jo connectava amb destresa el botó de desentelar.
Durant el trajecte, mentre es desentelava el vidre, vam estar parlant de Londres. Un cop a casa, jo era l’amfitriona.

-Què pendràs: cava, whisky, café?
-Ui, poca cosa, que demà he de matin…

Hablar de otras cosas (MB)

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MARC BALLESTER
¿Qué significa hablar de otras cosas? Qué, si no es hablar de ti, de mí, de todos nosotros. No existe nada que no seamos nosotros mismos. Nunca podemos, aunque a veces lo intentemos, hablar de otras cosas. ¿Acaso puede el niño dejar de hablar de otras cosas que aquellas que pasan por su mente? Qué hay más tentador, más caliente, que hablar y escribir de otras cosas que en el fondo son las de siempre, como tú, como yo, como todos. No existe nada más allá de lo que ven nuestros ojos, porque posemos ojos capaces de abarcarlo todo, de ver sin mirar, aunque no como hace la mayoría, que a pesar de mirar y mirar nunca ven nada, ni tan siquiera lo evidente... Pero vamos a ser más concretos.
¿Sabéis lo que son cuarenta centímetros?

Unos contestarán que es el resultado de una medición. Bien. Otros, que es el resultado de sumar diez más treinta. Requetebién. Pero ¿qué os parece si dijese que es una forma de ver el mundo, de interpretar los acontecimientos, de distinguir lo realmen…

L'armari (VH)

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VICENÇ DEL HOYO
Dues persones estan assegudes al terra en mig de la nit. Al seu voltant, un desert de pedra dura esquitxat de petits matolls i de cactus amb els braços estesos els sotja. La foscor que els cobreix no és completa: uns desconeguts estels espurnegen. Fa un fred sec, però la foguera que s’interposa entre ells dos els escalfa la cara i la panxa. Amb una navalla, el vell fa prims encenalls d’una tendra arrel sobre un estellós bol de fusta. Després els aixafa pacientment amb una petita mà de morter. En el silenci de la nit crepita el foc, els grills festegen i una hiena riu. Les flames dansen sobre la cara del vell. Té els ulls tancats i es mou rítmicament endavant i endarrere. És com si el món visqués dins d’ell, i no ell dins del món. No necessita obrir els ulls per saber on paren les coses. Potser tampoc li cal escoltar per saber què dirà el seu interlocutor. Un cop aconseguida una pasta fina hi afegeix un líquid grogós d’una ampolla que treu del sarró. Encara ho remena un…

Soy la que escribí las letras a los Chichos

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MARIA GUILERA
La primera vez que fui a Madrid no se lo dije a mis padres porque había suspendido el último curso de bachillerato y no me hubieran dejado.
Llegué con mi amiga Marina Yanguas en un renault verde aceituna que fue el último que nos recogió. En total, Barcelona–Madrid, dieciséis horas. Es mucho, pero es que todavía no había autopista.
El señor del renault verde nos dejó en un lugar que no era el mismo Madrid, pero a las once de la noche no se distinguía.
A pesar de la hora la calle estaba muy animada, había gente gritando en la puerta de los bares. Rápidamente nos dimos cuenta de lo que significaba salir de Cataluña, de lo abierta que era la gente madrileña y de que no había como viajar para deshacer tabúes.
Ya en el primer bar nos invitaron a unos vinos y probamos el bocadillo de calamares (lo que años más tarde vendría a ser el famoso bocata de calamares) y nos lo pasamos de miedo con unos hermanos que tocaban la guitarra y sabían canciones de Peret. Peret como todo el …