viernes, 8 de mayo de 2009

Sr. Roberto

NATÀLIA LINARES CASTELLÓ
-¿Cómo se encuentra de sus sabañones, señor Roberto?
-Nada, nada, el médico no les dio importancia. Se hizo el sordo y mira tú la absurdidad que me hizo: el papel para el oftalmólogo. Se ve que alguien le ha dicho que no voy.
-Que no va, ¿adónde?
-Al oftalmólogo, ¿no se lo digo?
-Pero hombre, ¿cómo va a ser eso?
-Que sí. Lo que yo le diga. La última vez que fui a visitarme de la vista, me pasó consulta un estudiante. En fin, eso a mí no me pareció bien. Allí pone Hospital Universitario. Y resulta que los alumnos visitan como si fueran médicos.
-¿Está seguro de eso?
-Mire. Le diré que el chico que me atendió, que podría ser mi nieto, me soltó una perorata diciendo que yo tenía cataratas. ¡¡¡Habráse visto el mequetrefe!!! ¡¡¡Si yo no he tenido nunca cataratas!!!

- Pero, cómo es usted. ¿No sabe que con la edad puede que tenga cataratas?
-¡¡Que no!! ¡¡Sabré yo lo que tengo!! Yo tengo degeneración macular húmeda, como mi amigo Fernando, que cuando lee le llora el ojo. Y a mí me pasa igual. Y me dijo que me iba a hacer una fotografía. ¿Y sabe que le dije?
-Pues no.
-Le dije que era un niñato y que a mí no me tomaba el pelo. Cogí la puerta y me largué. Se quedó patatieso. Ja ja ja. En fin. Por eso le digo, que alguien se ha debido chivar a mi médico de cabecera y ahora insiste en que vaya al oftalmólogo. Alguien me vigila. Se lo dije al practicante. Para que me levanten la camisa, no voy.
-Me parece que usted debe contentar mucho a los médicos.
-Pero si no saben nada. Son unos matasanos. Antes sí que salian buenos médicos de las universidades, ahora ya no es lo mismo.
-Claro, sr. Roberto, los tiempos cambian.
¿Que si cambian? Mira, hoy he querido ir al ambulatorio a confirmar los datos del practicante.
-¿Qué datos?
-Tensión, diabetes, peso, todo eso. Y el chico que siempre me atiende no estaba. ¿Sabes quién me ha atendido? Un paquistaní.
-Pero hombre, ¡¡qué más da!! Habrá hecho su trabajo, igual que otro. Eso es la globalización.
-Pues no me he quedado contento, sabes. Porque ellos cuentan diferente y los cálculos seguro que los hace equivocados. Así que me he ido a la farmacia, me he esperado sentado en una silla hasta que no hubiera nadie y le he pedido al farmacéutico que me tomara la tensión, la diabetes y me pesara, y me ha dicho que no lo podía hacer, que me lo hiciera yo o me fuera al ambulatorio. Eso en otra época no pasaba.
-Vaya, señor Roberto, lo noto muy decaído y pesimista. Va, que lo acompaño a dar un paseo. ¿Le apetece?
-Sí, sí. y de paso nos tomamos una cerveza y unos callos en el bar del Ramón.
- Pero ¿usted ya puede tomar eso?
-¿Cómo? Yo tomo lo que me apetece, estamos apañados si un medicucho me ha de decir a mí lo que puedo o no tomar.
-Bien, ja ja ja. Usted, genio y figura hasta la sepultura.
-¿Qué dice?
-Nada, nada, que está usted hecho un chaval.
-Ja ja ja, ¿sabes que eres muy simpática?
-Sí, sí, porque soy bibliotecaria y no médico, que si no ya veríamos.

5 comentarios:

  1. lola, sólo lola11 de mayo de 2009, 1:04

    Hay gente que se resiste a los cambios. A todos, los internos y los externos.
    Tienen sus esquemas muy preconcebidos y todo lo que no se ajuste a ellos, no es válido.
    De todos modos, creo que son una minoría (afortunadamente).
    En tu breve relato dibujas a la perfección a un personaje que nos resulta conocido (haberlos, haylos).
    Muy bien Natalia, sigue con el humor que te caracteriza. Bravo.

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  2. En el relato hay más delo que parece.
    Recelos ante la juventud, xenofobia, sabañones, manía persecutoria... Pero también sabiduría y el conocimiento del propio cuerpo después de haber convivido con él muchos años.
    Y yo pienso, con el señor Roberto, que en Paquistán calculan la diabetes con otros parámetros.
    Que se tome otra cerveza y que le quiten lo bailao.

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  3. Todavía quedan muchos señores Robertos, de la antigua escuela médica, pero mira tu por donde, tienen una edad avanzada y son de los que han fumado toda la vida y están la mar de bien. A lo mejor los equivocados somos el resto. Estoy de acuerdo con Lola, este estilo con ese pinto de humor y de ironía te sale estupendo. Siempre es un placer leerte.

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  4. Hola Natàlia, quànta raó tens! Les teves històries sempre són interessants perquè moltes coses podrien ser (o són, jo no ho sé) veritat. Aquesta és veritat carregada de sentit de l'humor. Felicitats!

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