miércoles, 13 de mayo de 2009

Las manos del abuelo

MARC BALLESTER
¡Caramba!, la única foto que tengo del abuelo y no se le ven las manos. Por mi madre sé que era zapatero. Manos curtidas por mil y un remiendos. Manos lejanas por la guerra. Manos que no escribieron nunca a los que tras el glorioso alzamiento nacional no alcanzaron el exilio. ¿Por qué no escribiste, abuelo? Ahora, al menos, podría opinar sobre tu letra, enviarla a un grafólogo, sí, uno de esos que por un módico precio perfilan el carácter de un desconocido. Porque así, en esta foto oscura, cabizbajo, no pareces sino alguien que huyó; pero no por querer luchar por algo mejor o por conservar la vida, que puestos a elegir son objetivos muy loables, sino por miedo; pero no miedo a la muerte ni al régimen, sino a los tuyos, a tus hermanos, hijos y nietos (que aún no existían).
Por cierto, para manos aquellas, las del abuelo de Heidi: afables, fuertes y cariñosas. Siempre veía los capítulos, sábado a sábado.

Los pies no me llegaban al suelo, por lo que los cruzaba encima del sofá. Ahora no puedo cruzar las piernas en el sofá, no caben. Me duelen los dedos gordos de los pies, he de ser más cuidadoso al comprar zapatos. Zapatos baratos. Zapatos de oferta. Carne de oferta. Cultura de oferta. Textil, planta tercera. Tras la cartelera del diario, sexo de oferta. Sexos grandes, pequeños, agresivos o turísticos. Sexo internacional. ¡Caray!, se tienen que saber demasiados idiomas: francés, griego, y mi padre empeñado en que estudiara el maldito inglés. Juanito se llamaba el profesor delgado y amanerado que consiguió que aprobara aquel largo verano de sol y calabazas. Ruperta, ¿quién no la recuerda? Mis amigos siempre hacían bromas, porque en esa época yo entré en el mundo laboral, en una pequeña empresa que respondía al nombre de Ruperto. Esa relación no podía terminar más que con una soberana calabaza, y al paro; eso sí, de la mano de don Cicuta y compañía. Compañía General de Aguas. ¿Cómo es posible que suba tanto el recibo?... Me cago en el recibo del agua, el de la luz y otros menesteres.
Mauricio, un viejo amigo mío, utilizaba en el retrete los recibos del banco. Decía que los que causaban más diversión mental y mejor limpiaban eran esos, los de los números rojos del banco, que te amenazan con los intereses del descubierto. Me imagino al banquero en cuestión, enviando orgulloso y pletórico de poder esas misivas intimidatorias. Pues no se iba a quedar boquiabierto el pentium chupatintas ese, si recibiera por correo certificado los adeudos de mi amigo Mauricio, o los del señor Ruiz ese tan obeso, ese que, según dicen, reventó de tanto estreñimiento. Mi amigo Mauricio no tiene abuelo. Le pregunté el otro día por la mano de su abuelo y me contestó que sí, que pese a no conocerlo, su mano sí que la conocía. Me contó que un día, rebuscando entre las empanadillas y las coliflores congeladas, en la cocina materna, encontró lo que supuso una, dos, tres, cuatro..., ¡no!..., cinco salchichas; pero que, al freírlas apresuradamente, descubrió un anillo con el sello de la familia, y grabada en la parte externa, una leyenda que más o menos decía así: «...A mi nieto Mauricio, de su abuelo el dedos largos». Como siempre, viniendo de Mauricio, me creí solo una parte. Por supuesto, un hijo nunca guardaría la mano de su padre junto a las empanadillas, sino colgando de un buen gancho junto al jamón, como aquellos de pata negra que mi abuelo asía fuertemente con los dedos, esos que no se ven en esta maldita foto que tengo colgada en el váter detrás las facturas del teléfono, el gas y la electricidad.

4 comentarios:

  1. Què diran els teus hereus de les teves mans? Sabran que eren blanques, suaus i fortes alhora?.

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  2. De las desconocidas manos del abuelo fugitivo a las del abuelo de Mauricio, envasadas en una bolsa de Oscar Mayer.
    Del reclamo sentimental a la leyenda urbana, pasando por Heidi, los zapatos baratos, el sexo de anuncio, el profe canijo de inglés, la calabaza Ruperta y el recibo del agua.
    Un coctel Ballester que honra la barra del bar de Karcoma.

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  3. lola, sólo lola15 de mayo de 2009, 0:31

    Recuerdos agridulces, entre la ironía y la ternura, entre la realidad y la ficción.

    Abuelos, nietos, muertos, vivos,todo bien aliñado por una mente que no ha cesado de manar...

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  4. M cae bien mauricio, es mentiroso pero le pasan cosas interesantes

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