domingo, 3 de mayo de 2009

Casualidades

MARIA GUILERA
Subí al autobús, que tenía el aire acondicionado funcionando a pesar de que los primeros días de mayo eran, todavía, bastante frescos. Sería que la gente se impacientaba por tener ya el verano a su disposición y la Compañía de Transportes Metropolitanos, siempre atenta a las exigencias del usuario, ponía de su parte lo que podía. Intenté abrigarme apretando los brazos alrededor de mi cuerpo que se helaba por momentos.
Miré a mí alrededor y, casualmente, vi a dos mujeres que estaban en la misma posición que yo. Magnífico. Empezaba a funcionar el Ejercicio de Alerta Ante las Casualidades que Paul Auster me había propuesto en su último libro de relatos. Era cierto, lo único indispensable para captar los detalles era la Atención Continuada y la Educación en la Receptividad. Llevaba unos días ensayando y con alegría empezaba a notar que, a los primeros resultados, casi ni tenidos en cuenta, se añadían otros y otros más con una continuidad excitante.
Bajé una parada antes de lo habitual: no resistía aquella temperatura polar y empezaba a dolerme la garganta.
Y, ¿qué había justo enfrente de aquella estación de autobús en lo que nunca antes había reparado? Una Farmacia. Pero no sólo eso, ¿qué anunciaba el inmenso rótulo del escaparate? Pastillas Valda, lo mejor para el dolor de garganta, un clásico que ya no hacía falta comprar en Andorra.
Por supuesto entré, segura de que el anuncio era premonitorio de alegrías casuales mucho mayores. Y sí, allí estaba el farmacéutico. Inspeccioné con detenimiento su rostro en busca de algún detalle familiar. Él me miraba interrogante y quizás algo extrañado por mi silencio. Mi mente estaba tan abierta e interesada ante la posibilidad de encontrar una nueva casualidad, que ni siquiera le dirigí la palabra.
–¿Está afónica? –me preguntó.
¡Dios mío! ¿Cómo era posible? Entre los cientos de posibilidades que podían haberme llevado allí, eligió la única cierta, la real.

Ni cefalea, ni mareos, ni estreñimiento, ni diarrea, ni insomnio, ni ansiedad, ni bajada de azúcar, ni colesterol elevado. Tampoco fiebre, vértigo, alergia, malestar general, contracción muscular, atonía primaveral, fatiga. No: yo había entrado allí ni tan siquiera por una afonía, sino por la posibilidad de padecerla dada mi natural tendencia. Y él lo sabía.
Sonreí al farmacéutico: -Afirmativo.
Salí con una caja de Lizipaína y otra de Bucometasana. Nunca se sabe. Y un par de cajitas de Valda en homenaje al Reclamo Subliminal.
Fui andando a casa y, sin saber exactamente por qué, pensé en mi vecino, el aspirante a actor, que estaba pendiente del resultado de un cásting. Me lo había comentado en el ascensor hacía unos días.
El colmo: al llegar, le encontré en el portal.
–¡Sí, sí, sí! Sabía que te encontraría -le dije.
-Qué suerte- me respondió.- He olvidado la llave.
-Si no llega a ser porque he bajado del autobús una parada antes, no coincidimos. Pero no me extraña.
-¿Por…?
-Tengo un poder- le contesté sinceramente-. Y es posible, casi seguro, que tú también lo tengas.
-¡Qué va!- me dijo algo desanimado.- Soy un normal.
-Eso es que no estás atento a lo que ocurre a tu alrededor. Tienes un potencial no desarrollado -le comuniqué mientras abría el buzón-. Está comprobado científicamente que el cerebro humano trabaja un millón, o incluso dos, por debajo de sus capacidades.
-¿Tanto? –se admiró mi vecino aspirante a actor.
-Sí, créeme. Sólo se trata de entrenarte en ver los pequeños detalles y buscar en ellos las respuestas. Por cierto -dije en una rápida asociación de ideas-, ¿has tenido respuesta a la prueba del otro día?
Mi vecino negó con la cabeza y cerró la puerta del ascensor. Empezó a ojear los sobres que había recogido cuando, de repente, observé con mi recién adquirida perspicacia, un cambio en su expresión.
-Carlitos, Carlitos, no me digas que…
-¡Sí! Es de la agencia… qué nervios… ¡No me atrevo a abrirla, no me atrevo!
-Tranquilo. Si quieres entro en tu casa y la leemos juntos. Y no te preocupes -le calmé con el aplomo que me daba mi previsión de acontecimientos-. Sólo pueden pasar dos cosas.
-Por favor, por favor. No sabes lo importante que es esto para mí.

Ya sentados en las sillitas de skay de su cocina, le tomé las manos y le miré a los ojos. Notaba algo nuevo en mi interior. Incluso mis gestos habían cambiado. Eran lentos, afectuosos, pero con un toque de autoridad. Era perfectamente consciente de la ascendencia que tenía sobre mi vecino aspirante a actor. Le miré enviándole toda la energía que podía transmitir. Energía positiva, naturalmente.
-Ábrela. No tengas miedo.
-¿De verdad?
-Como te he anunciado en el rellano –le dije suavemente - sólo pueden pasar dos cosas. Y las dos positivas. Si te aceptan, estarás en el primer estadio de tu carrera, en el inicio de tu trayectoria profesional. De lo contrario, tendrás la posibilidad de fortalecerte ante la adversidad. Algo que, como actor, va a serte muy necesario en adelante.

Rasgué el sobre, él no se atrevía. Saqué la carta y leí mental y rápidamente.
Le miré a los ojos. Su destino estaba en mis labios.
-Opción dos, cariño.
Le abracé y sentí en mi pecho la sacudida de un pequeño sollozo fruto de la nula resistencia al fracaso de mi vecino que yo ya había intuido anteriormente.

-Mira, Carlitos-le dije-, si te hubieran elegido te habrías ido de juerga a celebrarlo o estarías llamando por teléfono a medio mundo. En cambio, así, pasaremos la noche en mi casa hablando de temas interesantes y profundos. Tengo unas cervecitas y rollitos de primavera con salsa agridulce.
Todo tiene un porqué y nada es producto del azar, créeme.

Carlitos se sorbía los mocos y me causaba una ternura deliciosa.
Le cogí de la mano y le subí a mi piso.
Gracias, Paul Auster, pensé mientras tiraba la carta a la papelera del rellano.

10 comentarios:

  1. El millor de nosaltres es substenta sobre ruïnes i fracasos. També la tendresa prové del mateix lloc. Necessito una veïna d'aquestes amb la nevera a punt per les funestes casualitats.

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  2. Hola, he aterrizado aquí por casualidad mientras navegaba por la blogosfera, y quería decirte que tu relato me ha parecido genial (soy fanático de este formado y hace nada he creado un blog para mis propios relatos).

    Os agrego a favoritos para teneros vigilados!

    Un saludo,

    AITOR

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  3. Todo tiene un porqué y nada es producto del azar.
    Estar de acuerdo o no estar de acuerdo, he ahí LA CUESTIÓN.

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  4. ¿Casualidad? ¿Azar? ¿Poder de la mente? y además... podemos asegurar lo que ponía en la carta?
    Bravo ese pedaso narradora!
    Louise

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  5. La adaptación de las casualidades a la propia voluntad provoca el nacimiento de grandes mediums, visionarios y otros loco-intérpretes de la vida!

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  6. Les casualitats són or per a la persona que vol aprofitar les oportunitats que la vida ens brinda. No oblidem la tan anomenada serindípia.

    Un relat bo, senzill, franc, directe i amb la casualitat de coincidir en nom amb l'actor i també que, gràcies a TMB (o per culpa d'ells), els meus pares van coincidir un feliç dia de la seva vida.

    Una abraçada del teu incondicional admirador "secret".
    Carles.

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  7. La màgia és com la sal.....

    Tenim la immensa sort de què la vida té tocs de màgia, i les casualitats són plenes d’elles. Llàstima que corre, que corre, desaprofitem tantes. El teu relat és enginyós
    M’he quedat amb ganes de continuar llegint, més casualitats, més MÀGIA Gràcies.

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  8. La casualidad no existe, todo es fruto de la Causalidad. Porque no es casualidad que este relato te haya salido tan atractivo y cercano. Y sobre todo curioso en ti. Los humanos no acabamos de conocernos.

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  9. ...doncs, no se si és casualitat, atzar, o el destí, que m'ha portat a poder estar avui llegint els teus relats. Sigui el que sigui benvingut sigui. Gràcies Karcòmics.
    M'agrada molt el relat. 1 pto.

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  10. lola, sólo lola7 de mayo de 2009, 0:19

    El poder de la mente es imprevisible y cuando las cosas no cuadran las hacemos cuadrar.

    No es de extrañar que desfilen ante nuestros ojos casualidades o causalidades. Es cuestión de fijarse y poner atención.

    Da lo mismo lo que sean, sólo depende de un pequeño matiz y ese lo pone el/la protagonista, según sus creencias o filosofías.

    Me encanta tu relato porque te desdoblas (como siempre) en otra persona y asumes con naturalidad fenómenos paranormales como hechos
    de lo más cotidianos.

    Me recuerdas a alguien... mmmmmmm

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