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Mostrando entradas de mayo, 2009

Mi hermano Alfredo (VA)

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VICENTE APARICIO
Mi hermano se llama Alfredo. Tiene tres años menos que yo. No entiendo cómo puede ser tan tonto, parece mentira que sea mi hermano.
Ayer se pasó toda la tarde fastidiándome, como todas las tardes hasta que papá y mamá llegan del trabajo. Quería jugar conmigo, claro. Sus juegos me aburren, son tan infantiles. Pero no podéis imaginar lo pesado que puede llegar a ser. Al final me tuve que rendir.
- Está bien, jugaremos. Pero mando yo. Seremos una familia. Yo seré mamá y tú serás papá.
- ¡¡¡Bieeeeeeeeeen!!!!
El muy bobo siempre grita cuando se sale con la suya.
Tuve una idea genial: podía ser divertido.
Di un bostezo muy largo.
- ¡Hala, a la cama!
Me encanta darle órdenes. Él se quedó con la boca abierta, porque aún eran las seis de la tarde.
-No te hagas el remolón, Nacho, te lo tengo dicho. Que luego, por las mañanas, no hay quien te levante.
-Yo no me llamo Nacho.
-Ya lo sé, Alfredo, mira que eres tonto.

Fuimos a la habitación de matrimonio. En el pasillo, lo cogí por l…

Una viuda atípica (LE)

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LOLA ENCINAS
De regreso del cementerio y antes de despedirse, todos los amigos y parientes le reprocharon (unos a la cara y otros con sutiles indirectas) el excesivo control sentimental que había mantenido durante la ceremonia, así como una actitud muy fría y distante inusual, desde su punto de vista, sobre todo tratándose del funeral de Eugenio, su marido.
Lamentaban profundamente que su comportamiento no hubiera sido el de la típica y desconsolada viuda, que no hubiera besado y salpicado profusamente con lágrimas, mocos y suspiros a todo bicho viviente (aunque no lo dijeron, todos lo pensaron).
Es más, a hurtadillas o en petit comité, comentaban que cuando se acercó al féretro para despedirse, observaron en su mirada un insultante brillo a la vez que una inoportuna sonrisa, pruebas evidentes de que nunca le había amado.
Ellos sí le amaban, por eso no podían contener el llanto ni las alabanzas ante la irreparable pérdida. Consideraban a su amigo un ser humano extraordinario e irreem…

Protección (RR)

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ROSANAROMÁN
La ropa de Pedro descansa sobre su cama como si estuviera esperándole. Ha pensado tantas veces en este día que ahora que ya ha llegado le parece mentira. Mira con nostalgia el tejano de marca y la camisa blanca. En los últimos cinco años, sólo se los ha puesto dos veces, para ir a juicio; el resto del tiempo, han permanecido en una caja de cartón a la espera de una ocasión importante. Ahora teme que se le hayan quedado pequeños. Ha pasado muchas horas en el gimnasio moldeando los pectorales y los muslos para mantenerse en forma.
Un joven se asoma a su celda:
-Qué envidia me das, tío..., ¿a qué hora te vas?
-Estoy esperando la salida, sólo falta la firma del director.
-¿Qué vas a hacer con el chándalNike azul?
Pedro recuerda cuando se lo regalaron a él y con una sonrisa le contesta:
-Pues dártelo a ti, eres el primero que me lo pide, ¿quieres algo más?
-Bueno, ya que lo dices, me hacen falta camisetas.
Saca de su estante tres camisetas de deporte y se lo entrega todo.
-Grac…

Las manos del abuelo (MB)

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MARC BALLESTER
¡Caramba!, la única foto que tengo del abuelo y no se le ven las manos. Por mi madre sé que era zapatero. Manos curtidas por mil y un remiendos. Manos lejanas por la guerra. Manos que no escribieron nunca a los que tras el glorioso alzamiento nacional no alcanzaron el exilio. ¿Por qué no escribiste, abuelo? Ahora, al menos, podría opinar sobre tu letra, enviarla a un grafólogo, sí, uno de esos que por un módico precio perfilan el carácter de un desconocido. Porque así, en esta foto oscura, cabizbajo, no pareces sino alguien que huyó; pero no por querer luchar por algo mejor o por conservar la vida, que puestos a elegir son objetivos muy loables, sino por miedo; pero no miedo a la muerte ni al régimen, sino a los tuyos, a tus hermanos, hijos y nietos (que aún no existían).
Por cierto, para manos aquellas, las del abuelo de Heidi: afables, fuertes y cariñosas. Siempre veía los capítulos, sábado a sábado.

Los pies no me llegaban al suelo, por lo que los cruzaba encima del …

Sr. Roberto (NL)

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NATÀLIA LINARES CASTELLÓ
-¿Cómo se encuentra de sus sabañones, señor Roberto?
-Nada, nada, el médico no les dio importancia. Se hizo el sordo y mira tú la absurdidad que me hizo: el papel para el oftalmólogo. Se ve que alguien le ha dicho que no voy.
-Que no va, ¿adónde?
-Al oftalmólogo, ¿no se lo digo?
-Pero hombre, ¿cómo va a ser eso?
-Que sí. Lo que yo le diga. La última vez que fui a visitarme de la vista, me pasó consulta un estudiante. En fin, eso a mí no me pareció bien. Allí pone Hospital Universitario. Y resulta que los alumnos visitan como si fueran médicos.
-¿Está seguro de eso?
-Mire. Le diré que el chico que me atendió, que podría ser mi nieto, me soltó una perorata diciendo que yo tenía cataratas. ¡¡¡Habráse visto el mequetrefe!!! ¡¡¡Si yo no he tenido nunca cataratas!!!

- Pero, cómo es usted. ¿No sabe que con la edad puede que tenga cataratas?
-¡¡Que no!! ¡¡Sabré yo lo que tengo!! Yo tengo degeneración macular húmeda, como mi amigo Fernando, que cuando lee le llora el ojo…

Casualidades (MG)

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MARIA GUILERA
Subí al autobús, que tenía el aire acondicionado funcionando a pesar de que los primeros días de mayo eran, todavía, bastante frescos. Sería que la gente se impacientaba por tener ya el verano a su disposición y la Compañía de Transportes Metropolitanos, siempre atenta a las exigencias del usuario, ponía de su parte lo que podía. Intenté abrigarme apretando los brazos alrededor de mi cuerpo que se helaba por momentos.
Miré a mí alrededor y, casualmente, vi a dos mujeres que estaban en la misma posición que yo. Magnífico. Empezaba a funcionar el Ejercicio de Alerta Ante las Casualidades que Paul Auster me había propuesto en su último libro de relatos. Era cierto, lo único indispensable para captar los detalles era la Atención Continuada y la Educación en la Receptividad. Llevaba unos días ensayando y con alegría empezaba a notar que, a los primeros resultados, casi ni tenidos en cuenta, se añadían otros y otros más con una continuidad excitante.
Bajé una parada antes de l…