jueves, 23 de abril de 2009

Chicles

VICENTE APARICIO
Maite y yo hemos ido hoy al cine. Habíamos quedado en la plaza Universidad. Mientras caminábamos por la ronda de Sant Antoni, nos hemos besado. Nos queremos. Maite sabía a fresa, a chicle de fresa.
Esa es la razón por la que me he acordado de Cristina.
Cristina me contó algo una vez. Dijo que era importante para ella. No sé dónde debíamos de estar, pero recuerdo perfectamente que sacó del bolso un paquete de chicles de fresa y se metió uno de ellos en la boca. Entonces le vino a la memoria, supongo, y me lo explicó.
Ella y su chico iban en el coche. Cristina conducía. Tenían uno de esos días tontos en que lo más probable es discutir. Era fin de semana y él estaba a su lado en silencio, ofendido, con la vista fija adelante, más allá del cristal. Ella tampoco decía nada. Conducía y mascaba chicle, un chicle de fresa. No solían discutir. Sus peleas no duraban. Quiso pedirle perdón sin saber muy bien por qué, por poner de su parte, quizás, pero se tropezó con una mirada dura, demasiado hostil. Se despistó un momento, el tiempo justo para que ocurriera. -Ten cuidado, ¿es que no lo estás viendo? Cristina dio un frenazo brusco, insuficiente para impedir el golpe. Un hombre cayó al suelo. -Tú eres imbécil.

Se quedó mirando a aquel hombre a través del cristal, sin poder reaccionar, moviendo las mandíbulas. Él ya había salido del coche. -¿Te vas a quedar ahí como una lela? Ayudaron a aquel hombre a levantarse. Se marchó sin poner problemas. No había sido nada. Solo el susto. -Estarás contenta. Por primera vez, gritó: -¡Y tira de una vez el maldito chicle! Normalmente él no era así. Dentro del coche, más calmado, le pidió disculpas. -Lo siento, cariño, no te enfades. No te lo vas a creer, pero la culpa la tiene el chicle. -¡¡¡El chicle!!! ¿Estás de coña? -Odio los chicles, ese olor dulzón se me mete... -se señaló las sienes-, es superior a mí, no puedo soportarlo. - Maravilloso: el ‘señor’ odia los chicles. ¡Primera noticia! Cinco meses juntos y ahora... ¡ahora la culpa la tienen los chicles! Se sacó el suyo de la boca y lo tiró al suelo por la ventanilla, desafiante. -Madura, chaval. Madura. Aparcaron. La acompañó a casa. No hablaron, ni se dieron la mano. Aquel día todo cambió, me dijo Cristina. Aún estuvieron juntos unas cuantas semanas, pero algo se había roto.
Todo esto me lo contó Cristina hace un par de años. Me gustaba Cristina. Me volvía loco en aquella época, pero ella nunca quiso nada conmigo, ni siquiera cuando lo dejaron. Éramos buenos amigos, hablábamos mucho, nos contábamos cosas importantes. Y ya está.
A Maite y a mí nos ha encantado la película. Hablaba de una pareja que ve como poco a poco sus sueños se esfuman. El amor se acaba y se transforma en silencios, en peleas, en desprecios. Lo clásico. Mientras estaba en el cine me he vuelto a acordar de Cristina. La vida, por suerte, no es tan intensa como las películas. No se junta todo en hora y media. La vida siempre continúa. Las cosas pasan, y luego vienen otras.
Cristina no me quería. Una verdadera lástima. Nunca la besé y ahora ya nunca podré hacerlo, porque Cristina ya no está. La vida te enseña cosas.
Ahora quiero a Maite, mucho, y sé que nuestro amor se calmará con el tiempo, y que será un poco más aburrido, pero también estoy seguro de que no se estropeará nunca. Sí, estoy convencido. Así es como lo sentía hoy al volver del cine, caminando junto a ella por la ronda de Sant Antoni, cuando ha sacado del bolso su paquete de chicles..
Le he apretado la mano, reclamando su atención, y ella ha entendido que quería que se parase junto a la pared. Nos hemos dado otro beso.
Los chicles saben muy bien al principio. Da gusto masticarlos. Están frescos, limpios... Después se vuelven insípidos y cansan, como si fueran bolas de carne.
El aliento de Maite era una provocación y no he podido contenerme. He buscado con mi lengua el chicle y lo he traído de su boca a la mía. En un principio no era esa mi intención, pero me lo he tragado. Me lo he tragado a propósito y lo he notado bajar por mi garganta. Entonces ella me ha ofrecido su lengua con un descaro al que no estoy acostumbrado. En plena calle, como si no nos mirara nadie. Sabía a fresa. Ácida, lasciva. Mía. Algo parecido a la felicidad. Una cosa tan simple.

14 comentarios:

  1. Jooooooooooooder, Vicente me has dejado pasmada. Así sí, así me gustan tus cuentos, claritos, profundos, partiendo de una cosa tan sencilla como un chicle para adentrarnos en el amor y los diferentes y complicados estados de ánimo en las relaciones humanas. Me ha encantado no, lo siguiente.

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  2. Guau!! A mi tambien me gusta mucho. Toda esa madurez y esa pasion juntas suenan a vida... de la buena!!

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  3. Muy chulo!!!

    Da muy buen rollito....
    Yo no soy muy de chicles, pero de repente se me antoja uno, fíjate tú... ¿alguien tiene uno?


    Jose

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  4. ¡Ah, pero también sabes contar historias que se entiendan!

    Es broma, me gusta la historia.
    Las primeras veces se escapan como arena entre los dedos, pero siempre permanecen en el recuerdo.
    Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, no comparto esa opinión porque lo que no se deben hacer nunca es comparaciones (aunque son inevitables por mucho que nos lo propongamos) ya que cada persona, situación y nosotros mismos somos distintos en el tiempo y espacio, por lo que no sirve cotejar dos cosas diferentes.
    Además la espuma es muy llamativa pero lo que importa es la esencia de lo que esconde.

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  5. Vicente, me ha encantado tu relato, lástima que sea tan corto tenía ganas de seguir leyendo y descubrir algo más.

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  6. Sencillo, dulce, apetecible, fresco como un chicle. Muy Bueno.!!! Saludos.

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  7. Un golpe de aire fresco con sabor a fresa, quiero más.

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  8. "Los chicles saben muy bien al principio. Da gusto masticarlos. Están frescos, limpios... Después se vuelven insípidos y cansan, como si fueran bolas de carne."

    Memorable. Me gusta mucho el ritmo, la revcelación de lo complejo en el universo chicle...

    Lo disfruté.
    bss
    musa

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  9. Los besos con chicle, si salen del fondo del alma, son una experiencia inolvidable.
    Y los relatos, si salen de las tripas, también.

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  10. Estupendo, como el del cuchillo jamonero, como me rei!

    Salud!

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  11. Noemozica, así, simplemente, m'ALE-GRO

    Pantera, cómo me molan tus tacos electrónicos. Celebro que te guste la claridad, ahora que ha llegado la primavera :)

    Anónimo, la mala vida también tiene su aquel

    Anónimo Jose, debo confesarte que detesto los chicles, sobre todo si no soy yo quien los mastica. Yo no te daré ninguno. :)

    Lola, solo Lola, este es mi claro mensaje: ¡viva el amor! (con o sin chicle)

    Lola (Valladolid), gracias. Lamento defraudar tus expectativas, pero colorín colorado, este cuento... :)

    Puigmal09, los tuyos sí que son frescos.

    Luis G., bienvenido a nuestro blog. Qué ilusión me hace leerte también aquí. Nos vemos la semana que viene, aunque parezca mentira.

    Malditas musas, un honor saber que te tenemos cerca. Sigue pendiente un encuentro karcómico; no me olvido.

    Zobruja, si no se hacen las cosas con el alma y las tripas, pa qué ponerse uno :)

    Murzuq, encantado de saltar de tu fotolog a tu flog y tiro porque me toca

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  12. El pasado está siempre entrelazado con el presente, y la vida de otros con las nuestras. Supongo que a veces el nexo de unión es algo tan sencillo como un chicle.

    Genial! :)

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  13. WOw increible me gusto mucho.. me encanto... tengo una gran experincia con el chicle ... maravilloso....

    porq al final todo es chiclosamente irresistible...

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