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Mostrando entradas de abril, 2009

Extraterrestre (VH)

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VICENÇ DEL HOYO
Sóc una extraterrestre. Visc dins del cos d’una dona casada amb dos fills: en Bruno i la Maria. El destí és juganer, es complau a oferir dificultats. El meu cos treballa en un hospital, pediatria infantil és l’especialitat que ostenta la porta del meu despatx. Éssers en construcció, tant a casa com a la feina. No sé de quin planeta vinc, crec que deu ser Vulcà, a jutjar pel foc que sento dins. Del que sí estic segura és que és molt llunyà. Tampoc sé com he vingut a parar a aquí. Fa sis mesos vaig descobrir la meva veritable procedència. Va ser una matinada. Després de tota una llarga guàrdia hospitalària, plena de quadres virals, galteres i algun fals diagnòstic de meningitis, vaig sortir a fumar a la terrassa que els metges fumadors tenim habilitada a la darrera planta de l’hospital. A trenc d’alba la ciutat encara dormia, la sentia mandrejar just abans de llevar-se. Una línia resplendent a l’horitzó, a les cruïlles cremava el verd o el vermell, bategava el silenci, e…

Chicles (VA)

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VICENTE APARICIOMaite y yo hemos ido hoy al cine. Habíamos quedado en la plaza Universidad. Mientras caminábamos por la ronda de Sant Antoni, nos hemos besado. Nos queremos. Maite sabía a fresa, a chicle de fresa.
Esa es la razón por la que me he acordado de Cristina.
Cristina me contó algo una vez. Dijo que era importante para ella. No sé dónde debíamos de estar, pero recuerdo perfectamente que sacó del bolso un paquete de chicles de fresa y se metió uno de ellos en la boca. Entonces le vino a la memoria, supongo, y me lo explicó.
Ella y su chico iban en el coche. Cristina conducía. Tenían uno de esos días tontos en que lo más probable es discutir. Era fin de semana y él estaba a su lado en silencio, ofendido, con la vista fija adelante, más allá del cristal. Ella tampoco decía nada. Conducía y mascaba chicle, un chicle de fresa. No solían discutir. Sus peleas no duraban. Quiso pedirle perdón sin saber muy bien por qué, por poner de su parte, quizás, pero se tropezó con una mirada du…

En defensa del amor (LE)

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LOLA ENCINAS
Mi bagaje amoroso era bastante amplio y variopinto, no en vano venía practicando desde los diecisiete años.
He conocido a muchos hombres y a todos los he disfrutado con mayor o menor satisfacción.
Ninguno es igual a otro. Se parecen en algunas cosas pero siempre hay algo que los hace distintos.
Sentía curiosidad por observar sus comportamientos. Nada me complacía más que ver su confusión ante mis iniciativas y su pena cuando los despedía.
Me llamaron de todo y de muchas formas pero a mí me gustaba autodefinirme como una simple investigadora de amantes.
Aunque a estas alturas considero que he alcanzado, como mínimo, un doctorado.
Por eso, cuando conocí a Manolo, con sólo mirarle supe que era el hombre de mi vida. Lo pude corroborar cuando follamos por primera vez.
Era bello y salvaje como un animal. Nunca había conocido a nadie igual.

Me hacía traspasar la barrera que separa el dolor y el placer en un segundo.
Venció mi cuerpo y doblegó mi espíritu, se adueñó de todo.
Mi volu…

Podía escoger (RR)

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ROSANA ROMÁN
Podía escoger. Eso me dijeron. Y en aquel momento ese privilegio se convirtió en desasosiego.
Después de seguir la Ley durante Eras, de habitar docenas de galaxias y de asimilar el aprendizaje que mi Esencia acordaba en cada nueva oportunidad, ahora, por fin, podía escoger.

Pensé entonces que no hay nada más fácil que seguir la Norma, dejarse llevar por la inercia de los acontecimientos y aceptar propuestas. «Todo es evolución», me repetía a mí misma cuando las cosas se ponían difíciles: «Todo es evolución». Bajo ese lema maté y morí incontables veces, abandoné y me abandonaron, me traicionaron, negaron e ignoraron repetidamente, aunque el vacío nunca parecía suficiente. Bajo ese lema acepté mi destino y eficazmente lo llevé a término.
Pero ahora podía escoger, me dijeron, y, durante los siete días que duró mi reflexión, me despertaba con la garganta atenazada, gritando para liberarme en el oscuro silencio del cosmos que sólo devolvía mi eco. Seguía asustándome el eterno va…

Garrapatas (MB)

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MARC BALLESTER
Las garrapatas atacan por igual a todos los perros, desconocen el sacrosanto origen de sus dueños, de los canes de estirpe insigne, de lo oscuros que son los callejones. Son bichos asquerosos que aprovechan el calor para exhibirse gordos y orondos, oportunistas.
Hace poco, en televisión, coincidieron dos noticias sobre bichos tan diferentes como iguales.

Por una parte, un grupo de multimillonarios que sin vergüenza aparente mostraban lo ocioso de su tiempo, un lento transcurrir por los océanos a bordo de un transatlántico de lujo al que solo se puede acceder si se forma parte de una excluyente comunidad: los residentes. Todo está preparado para su uso y disfrute: casinos, salas de fiesta, biblioteca, restaurantes, tenis, pádel, golf y griferías que, de tanto como relucen, se podría afeitar uno en su reflejo.
Por otra parte, un grupo de pobres de diferentes nacionalidades, sin rumbo, sin posesiones, sin somier, ni agua corriente, que llegaron a los cuarteles de Sant Andreu…