domingo, 22 de febrero de 2009

Sobrevivir

ROSANA ROMÁN
“Eres una ignorante”, me dijo mientras se sentaba a la mesa. Todo porque cuando llegó me vio disfrutando con un vídeo antiguo del Tricicle.
– Para ti la vida es tan simple que no me extraña que seas feliz.
– ¿A qué viene eso ahora, justo en el momento de ponernos a cenar?– le dije dolida.
– A nada, no lo entenderías – concluyó con su tono prepotente.
Yo bajé el televisor; lo bueno que tiene ver a mimos es que no hace falta el sonido. Por un momento apagué también el eco de alrededor, para no seguir escuchando a Mario. Me concentré solo en los gestos magistrales de los tres mimos que en una isla imaginaria pescaban y luchaban por sacar algo del agua que al parecer tenía una fuerza tremenda. Me devolvieron la sonrisa y el ánimo para continuar.

Como cada noche al llegar, se quitó los zapatos y los colocó ordenadamente bajo la butaca del dormitorio. Uno junto al otro, con una simetría que siempre me había sorprendido. Luego llevó la ropa sucia al baño y se puso el pijama.
Serví la sopa, cenamos en silencio. Yo observaba a mi marido de reojo, lo suficiente para comprobar que aquel era un día como otro. Nada parecía distinto, ni más ni menos que el mismo rictus indiferente, tirando a amargado, lo habitual. Me alimenté de las caras gesticulantes del televisor, que ahora giraban alrededor de la isla, tirados por la hipotética fuerza del pez “impescable”. Me hubiera puesto a reír de no ser porque el ambiente seguía cargado.
– ¿Quieres hablar? –le pregunté poniendo en ello mi mejor intención.
– ¿Para qué?– respondió despectivo.
– Para que me digas por qué la pagas conmigo.
– Yo no pago nada contigo, simplemente me exacerbas.
Serví el segundo plato. Los cómicos se peleaban por un trozo de isla que uno de ellos había delimitado como suya, se empujaban unos a otros haciendo piruetas para no caerse de la islita.
Desistí de seguir la conversación. Hubiera podido decirle que ya estaba harta de sus quejas, de sus críticas hacia todo lo que se mueve: la vida, el gobierno, el trabajo, la gente, madrugar, el tráfico, los vecinos, los mediocres entre los que me incluía a mí… Hubiera podido decirle, madura, hombre, madura de una vez, y en lugar de criticar, actúa. Así no tendrás nada que envidiar a los que hemos aprendido a sobrevivir en una isla y aún podemos hacer reír. Pero sabía que era inútil porque eso suponía sacudirle de su cómoda butaca, a dos metros de altura, en la que le gustaba sentarse a juzgar el mundo. Tampoco tenía ganas de iniciar una pelea porque en el fondo había conseguido que ya casi no me molestaran sus desprecios aunque ya no estuviera dispuesta a aguantarlos un día más.
– ¿No hay postre?– preguntó
– Sí, en la nevera, pero te lo coges tú. Yo me voy a la cama.
En el televisor, los mimos escribían un largo mensaje que pretendían lanzar al agua .Su empeño en hacerlo entrar por el cuello de una botella, uno tras otro sin conseguirlo, me enterneció y me robó la última sonrisa del día.
– Por cierto –dije ya en el umbral de la puerta– , mañana iré al abogado.

3 comentarios:

  1. Parece que tampoco cabía en el cuello de la botella el mensaje que nuestra protagonista se empeñaba en lanzar. De hecho, sólo recibía inputs negativos. No me extraña que al final, después de tanto desprecio se decidiera a actuar.

    Es curioso que personas tan perfeccionistas no puedan vislumbrar que algo no va bien. Que un pequeño ejercicio de empatía; un simple cariño; un hacer algo fuera de la rutina puede resolver mil y una situaciones, que el cansancio, el más de lo mismo, el aburrimiento siembran el final de una relación.

    Me gustan estos escritos cuyo relato camina paralelo a otro, ajeno por completo, al primero. Es un gusto leerte Rosana. Felicidades.

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  2. Un cocktail de recuerdos o de vivencias conocidas, esos mundos paralelos u divergentes que no llevan a ninguna parte, sólo a la desidia y a la pérdida de unos años tan preciosos en nuestra "corta" vida.
    Pero siempre hay una gota que colma el vaso...
    Un día algo cambia y entonces uno va a buscar la goma de borrar al cajón de las reflexiones y empieza a borrar, desprecios, malas caras, desamor, impotencia, rabia, lágrimas,dependencias,dudas,miedos,
    paciencia, etc.

    Te quitas un gran peso de encima, das varios manotazos al aire para espantar los negros nubarrones que nos impedían ver el sol.

    Y a vivir!!!

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  3. Gracias, por vuestros comentarios. Al menos sé que alguien me ha leido y... no nos engañemos, en el fondo ecribimos para eso, para comunicar.Por ello, cuando al otro lado del hilo hay respuesta se te calienta un poquito el corazón, ¿o es el ego?. Un abrazo.

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