domingo, 11 de enero de 2009

Manolo el chatarrero

LOLA ENCINAS
- ¿Tá prepará? Pos empiezo a contarle mi historia, tome nota.
Me llamo Manolo Ruiz, como mi padre, y soy chatarrero, también como mi padre.
Nací en un pueblo de Las Hurdes, allá en Extremadura, tengo 58 años, somos 12 hermanos, yo soy el del medio, el que hace seis y el primero de los machos.
Hay cinco por encima mío y otros cinco por debajo. Las de arriba son todo hembras. ???
La probe de mi madre murió cuando parió a mi Antoñito, que tié ahora 50. Vivimos toos menos la Petra, que era la primera, la que nos hizo de madre cuendo se fue la de verdad, tuvo que pelear con toos sin la ayuda de naide.
Siempre que m’acuerdo de ella, la veo pelando patatas pal puchero, atizando la lumbre, barriendo o yendo con un balde a lavar al río…¡Fue muy duro pa ella!, ahora me doy cuenta… Nosotros, los pequeños, pasábamos el día fuera de casa, jugando o buscándonos la vida.
A mi padre apenas lo veíamos por casa, sólo venía a traer unos pocos cuartos pa que mi hermana pudiera comprar, o alguna cosa que pudiera servir pa mueblar la casa. Luego desaparecía otra temporada, pero sabíamos de él por Paco, el de la furgoneta , era el que repartía los encargos que la gente le hacía.
- ¡Joer, éramos más pobres que las ratas!

¿Va apuntando? Vale, pos sigo.
Con cuatro tablones y unos trozos de uralita, que fiumos a buscar a las afueras, onde habían unas naves industriales, hicimos una chabolita guapa, tenía dos “habitaciones”, una pa la cocina y otra pa dormir. Teníamos seis "camas", dormíamos de dos en dos, así tabamos más calenticos, la Petra dormía en la cama de mis padres con mi "Antoñito" (se merecía la comodidad). Pa mi padre había un camastro al lao de la lumbre, tapao con una colcha de flores, parecía un sofá. taba proibío sentarnos allí.
¿Nuestra ropa? Pos, la colgámaos en unos ganchos que yo clavé en la paret. La ropa güena y la de casa, se la guardaba en un baúl que mi madre heredó de su güela.
Cuando teníamos que mear o evacuar, ¿que cómo hicíamos? Pos fácil, cerca de la casa había un algarrobo y ese era nuestro “cuarto de baño”.
Cuando nos bañábamos teníamos un barreño grande, mi Petra calentaba agua y primero se bañaban los pequeños y después toos los demás, a lo último ya estaba un poco guarra, pero nos las apañabamos, con buena voluntad…
Cuando murió mi padre… ¿le he contao como fue? ¿No?
Pos como le he dicho era chatarrero, pero tuvo un accidente y lo tuvo que dejar, nosotros tavía éramos muy zagales pa seguir con el negocio, pero un día, en el bar, conoció a un señorito de la capital que tenía muchas tierras y ganao, y taba buscando un pastor, mi padre s’ofreció y le dio el trabajo, no le pagaba mucho, pero la verdad es que el viejo ya estaba un poco jodío.
Bajaba una vez por semana de la sierra, pero una vez pasaron unos días y, al ver que no venía, fuimos a buscarle y le encontramos tieso en la cabaña, cuando llegaron los de la ambulancia, dijieron que había sido un “farto del corazón”.
Después de eso, los hermanos nos fuimos separando, unos se quedaron en el pueblo con algunos parientes, la Petra tenía mozo y se casó joven y se fue pa Badajoz, pa ella fue un alivio la muerte del viejo. Yo me vine pa Barcelona, a casa de mi tío Luis, que era hermano de mi padre y s’abia quedao aquí cuando hizo la mili. Comida y techo no me faltaban, pero pronto me puso a currelar de aprendiz en un taller de un amigo suyo, sacaba pa mis gastos y pa ayudar a la casa.
Yo no sé de leer ni de escribir, ¿sabe usted?, no fui a la escuela. Pero no he tenío problema pa salir adelante, aquí no faltaban los trabajos pal que quisiera, pero un día cuando volvía del curro, al pasar por un “container” ví muchas cosas tirás que podían servir pa vender o pa usar, me acordé de mi padre y empecé con la chatarra. Creo que lo llevaba en las venas, ¡¡¡no ha llovido ná desde entondes!!! Y ya ve, fue una buena decisión, he prosperao, ende luego trabajando como un cabrón, pero tengo mi pisito, con agua corriente y luz, mi cocina de butano, mi tele, mi nevera, mis muebles y, gracias a Dios, no me falta ni una cerveza ni un trozo de pan pa llevarme a la boca.
¿Que por qué la he llamao pa contarle esto? Pos verá, el domingo taba un poco mal, un poco mareao, me caí por la escalera y una vecina llamó al médico de urgencias del seguro, tardó dos horas, pero vino. Me puso en el pecho y en la espalda eso que se cuelgan de los oidos, me tocó la barriga dando unos golpecitos, me hizo abrir la boca y sacarle la lengua, me miró los ojos y empezó a hacerme muchas preguntas, que si vivía solo, que si venía alguien a limpiar la casa y hacerme la comida y más cosas que no m’acuerdo.
A mí tanta monserga me empezó a preocupar, y me dejó mal el cuerpo, me dio unas pastillas y me dijo que a la semana fuera al ambulatorio, a que me viera el de cabecera.
No pude aguantar más y le dije, ta bien doctor, ya m’ancuentro mejor, pero ¿qué tengo?, ¿es grave? Me miró a mí y a la habitación, y me paece que dijo que tengo el “síncope de Sistógenes” y que a lo mejor me tenían que internar.
O sea que me acojonó y pensé, pos antes de morirme tengo que contarle mi vida a alguien, pa que se sepa y pa que le sirva de ejemplo, que siempre se pué mejorar.
¿Lo ha apuntao too?

7 comentarios:

  1. Perfecta descripción que traslada el sueño americano más cerca de casa.
    No fue un llegar, ver y vencer, pero en los pequeños pasos del chatarrero podrán interpretarse un día como grandes pasos para la Humanidad.
    Y qué visión tiene el hombre al querer dejarlo todo escrito: ¡Ojalá Sistógenes le hubiera podido leer, quizá estaría todavía entre nosotros!

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  2. ...me extraña que un médico de ambulancia le diga al cliente que sufre síndrome de diogenes.Por lo demás, buena descripción.Saludos.

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  3. Sistògenes quin gran filòsof! Guarda el que ara no fas servir que potser més endavant et farà un servei. Una bona filosofia pels nostres temps de crisi. El nés fascinant és que ja et poden ensenyar coses, viyre experiències,... que el que duus a la sang, el que has mamat de petit acaba per sortir.

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  4. A mi si que me ha dado un síncope al descbrir al Manolo y toda su chatarrería en este blog.
    He vuelto a disfrutar de tu cuento y de tu capacidad de conecarnos con gente "de la calle" a quien describes siempre de forma magistral.Gracias

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  5. Muy bien tu pintura del personaje Manolo. Es un superviviente nato y puede encontrarse con una "etiqueta" puesta por las apariencias. Cuantas historias habría que conocer antes de etiquetar.
    El Trasgu

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  6. El relato es el de un hombre salido de la más mísera nada y que acopio de esfuerzo llega a triunfar, ser reconocido, y alcanzar un nivel de vida de la que él se siente orgulloso.
    Analfabeto y sin medios a su alcance, logra llegar a una meta sin más estudios que los que le da la vida.
    Su motor es la voluntad con la que lucha y se esfuerza por salir adelante.
    Sin tener nada que ver, en esa voluntad y ese sentido común, existe un cierto paralelismo con nuestro bien querido Lute.
    Ahora que han cerrado Carabanchel y que Eleuterio Sánchez Rodríguez está luchando por que se declare la nulidad del juicio que le llevó al pasillo de la muerte, no puedo más que rendir, junto a la autora, un homenaje a todos estos personajes cuya humanidad y triunfo en la vida no pasa por salir de buena cuna, sino que es debido a la grandeza de lo que llevan dentro.

    Me ha gustado la historia y su forma de escribirla. Ese deje es mucho mejor que el actual lenguaje juvenil de los SMS. Felicitaciones. ¡Ah! Y deseo que Manolo viva muchos años y nos siga explicando cosas.

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  7. Desde ahora mismo pienso que los expertos deberían revisar al alza el contenido de este síndrome.
    Muchos comportamientos en la vida son una acumulación de actitudes transformadas en hábito.
    Si el hábito y las circunstancias del entorno dan en combinar bien, la sociedad lo llamará virtud y aplaudirá a su involuntario poseedor.
    Si, por el contrario, el hábito huele mal, encargaremos la recogida y eliminación rápida de la basura, nos apartaremos del infortunado, y, compadeciéndonos de él, tardaremos tres o dos segundos en olvidarlo.

    Una altra cabra.

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