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Mostrando entradas de 2009

Tal vez me equivoqué

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NATÀLIA LINARES
Estoy en la puerta del restaurante fumándome un cigarro con Pepe, el único de mis compañeros que es de aquí. Los demás hemos emigrado desde nuestros países esperando mejorar.
Hace tres años que llegué y todavía tengo días en que me siento sola, muy sola, aunque hace unos meses conseguí la reagrupación de  mis hijos. Mi hombre se quedó en el poblado. No quiere venir, ni yo quiero que lo haga. A él le va bien quedarse allí trabajando el campo, y con la Verónica, con la que tiene un menester escondido desde hace tiempo.
A mí aquí me tratan bien. Pepe me está contando que pasará el fin de semana con su madre y sus hermanos. Pronto terminamos el pitillo y regresamos al trabajo. A Pepe le queda bien el gorrito del uniforme. Le oculta la calva y hace que te fijes más en sus ojos, que son verdes y muy expresivos.
Nuestra especialidad es la hamburguesa en todas sus variedades, junto con las patatas fritas, las alitas de pollo y el pescadito frito. Todo ello a gusto del consumi…

Tengo un secreto y muchas ganas de contarlo

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MARIA GUILERA
Ayer, un rato antes de cerrar, el jefe me dejó un sofá en el almacén. Dijo que el camión pasaría a recogerlo por la mañana.
No era un sofá nuevo, pero estaba bien cuidado. Le eché un vistazo y luego me senté en él. Era cómodo, muy grande, de color verde oscuro.

Patricia me llamó al móvil y me preguntó a qué hora pensaba ir al bar, que ya llevaba un rato esperando y su madre le había dicho que no llegara muy tarde.
Entonces se me ocurrió, en ese momento, y se lo dije. Que se viniera al almacén, que la esperaba.
Al principio ella no quería, pero insistí un poco.
Venga mujer, que si no fuera importante no te lo iba a pedir.

Tardó casi una hora. Para distraerme archivé unos albaranes que llevaban esperando semanas, casi desde que entré a trabajar. A mí no me importa trasladar muebles, montarlos, ni barrer el suelo. Pero meterme en aquel despacho de apenas cuatro metros cuadrados y ordenar papeles no me gusta. Es como volver al instituto y enfrentarme a las carpetas medio v…

Pregunta

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VICENÇ DEL HOYO
—Sí, jo sí!
Ho va escoltar al passar pel davant de l’entrada del banc que hi havia just a sota de l’oficina del registre de la propietat intel·lectual. No va ser la frase sinó el to, el que va fer que es detingués. Havia estat un ofegat xiuxiueig. Va dubtar. Duia sota el braç dues novel·les i un voluminós plec de contes que havia escrit els darrers anys. Ara que havia decidit presentar-los a concursos i fer-los circular per editorials calia que els tingués legalment inscrits. Però l’olfacte literari l’atreia cap a aquell rusc situat a pocs metres de seu destí.
Un home alt i voluminós acompanyat per una noia amb una ostentosa perruca rossa discrepaven sobre la necessitat o conveniència d’entrar a l’oficina bancària. L’home duia una llarga i sinistra funda negra que semblava contenir una recta i afamada canya de pescar. Li penjava de l’esquena. Ell volia marxar i ella estava decidida a entrar.
La desbordant i malaltissa imaginació de l’escriptor el llastrava. No podia …

Primer amor

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ROSANA ROMÁN
En cuanto la vio supo que era ella. Desde la barra la observó mientras cruzaba el bar para sentarse a la mesa. Su belleza madura no le había cambiado la fisonomía. La hubiera reconocido en cualquier lugar, pero jamás había pensado en la posibilidad de reencontrarla allí, en su cafetería de la Estación Central, leyendo un libro y tomando café.
Nunca había tenido tanto interés en asistir a la escuela como en primer y segundo grado de primaria, los dos cursos que impartía la maestra más joven y bonita del colegio.
No había vuelto a pensar en ella en años, pero mirándola descubrió que había estado más presente en su vida de lo que imaginaba. Reconocía en ella a todas las mujeres con las que se había relacionado sentimentalmente.
La revivió junto al encerado, haciendo con tizas de colores primorosos dibujos con los que ilustraba a sus alumnos: las partes de una flor, el corazón humano…
Y escuchaba de nuevo los pacientes consejos que le daba al corregir su ortografía: “La h de…

El cigarro más importante de mi vida

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VICENTE APARICIO 
Suena el timbre. Abro la puerta.
- Hola, Cristina. Te presento a Eugênia -dice Jorge.
¿No se le caerá la cara de vergüenza?
Hemos invitado a Jorge a cenar. Que yo sepa, iba a venir solo, pero está claro que trae compañía. Y qué compañía. Menudo cuerpazo tiene la niña. Será cabrón. Míralo ahí plantado, como si no hubiera roto un plato en su vida. ¡Eugênia! ¿Y eso cómo se pronuncia?
-Encantada, Eu-gênia, estás en tu casa -digo. Algo hay que decir, ¿no?
-Obrigada -contesta.
Vamos por el pasillo. Qué cabrón. Desde luego, no se puede decir que tenga mal gusto. Qué culo, por dios, casi me gusta a mí.
Entramos en la cocina. Carlos lleva puesto el delantal de cuadros blancos y amarillos que le regalaron los del curro. Cuando hay invitados, él prepara la cena. Así puede presumir de ser un hombre interesante.
- Hola, chicos. ¿Cómo estás, Eugênia? -dice Carlos. ¡No, si aún se conocerán y todo!- No, no, no hace falta que contestes, ya te veo: estás para mojar pan. -Le da un re…

Buenas vecinas

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LOLA ENCINAS
-¿Ha visto, María, qué revuelo de gente? ¡Están todas las cadenas de televisión!
-Pues sí, ¡está hasta el director de La Caixa! Cualquiera diría que hay para tanto.
-Mujer, si le tocaran los millones que le han tocado a ella…
-¡Bah, ha tenido mucha suerte! Cada mes se gastaba la pensión en la lotería, en los ciegos y en otras mandangas y luego iba a pan pedir. Me lo dijo la del quinto, que se la encontró varias veces cuando iba a echar la quiniela del marido. Cuando sale de casa, aunque sólo sea para ir a buscar el pan o comprar en el Mercadona, parece una marquesa, siempre de peluquería y pintarrajeada. El caso es aparentar lo que no se es.
-Es verdad, yo a veces he coincidido con ella y he tratado de tener una conversación, ya sabe, como hacemos nosotras, pero siempre tiene prisa y me deja con la palabra en la boca para ir a lo suyo. Como si los demás no tuviéramos también cosas que hacer… Es bastante estúpida y poco sociable.
-Pues imagínese lo que hará a partir de ah…

El cuerpo

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MARC BALLESTER 
Este es el CUERPO de la frase, aunque ER es el centro (quién lo diría) rodeado de un CU y un PO muy pronunciados que lo flanquean como esfinges dormidas y que le permiten ere que ere crecer y crecer, y del cuerpo original pasados unos instantes tan solo atisbamos un ER cada vez más gigantesco, casi monstruoso. Si le damos tiempo, y aunque no se lo demos también, el ER se expande e invade el centro de la ciudad y expulsa al mar los barrios portuarios y luego los barrios altos los catapulta por la cresta de las montañas que están más allá de los arrabales, y el centro, a golpes de ER ER ER se alza, engorda y engulle todo lo que encuentra a su paso. Desaparecen las grandes avenidas, plazas y parques; primero los céntricos y más tarde, sin dar tiempo a evacuar ni a huir, los hospitales, colegios y comisarías (esto está bien, lo de las comisarías engullidas es rematadamente bueno y necesario), por fin la alcaldía también desaparece, eso sí, entre la E y la R, en el corazón…

Dura jornada

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NATÀLIA LINARES
Hacía años que la doctora Saymach trabajaba en el más prestigioso hospital de la ciudad. Allí practicaba interminables sesiones de psicoanálisis. Los pacientes se agolpaban en su agenda esperando sus diagnósticos de prestigio.
Un viernes acudió a su consulta una nueva paciente. Una mujer joven. Su aspecto se correspondía con la típica estampa de quien lleva a cabo dos jornadas de trabajo. En casa y fuera de ella. 
-Y bien, usted dirá -dijo la doctora a la nueva paciente- Carmen, ¿verdad? ¿Se llama Carmen?
La paciente asintió con la cabeza.
-¿Cómo te sientes, Carmen? ¿No tienes ganas de hablar?
La doctora dominaba todas las técnicas de acercamiento. Interrogaba poniendo las vidas ajenas en cuestión, de manera que conseguía que los pacientes confesaran sus vivencias más dolorosas.
Cada paciente era víctima del odio, los recelos, iras, desolaciones, envidias, egoísmos, frustraciones que la ciudad encerraba y aglomeraba en una jaula de gentes maltratadas por la idiosincr…

Ácaros

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MARIA GUILERA
El niño tenía alergia a los ácaros y el médico me dijo que debía dormir en una habitación sin polvo. Sin una mota de polvo.
Los ácaros están en la alfombra, me dijo. En las cortinas, en la colcha. Hay que sacar todo esto.
Sin cortinas la habitación me parecía otra. Mi madre había comprado la tela, tenían un estampado de barquitos de colores. La colcha hacía juego con ellas. La quité también.
Por mucho que las lave no perderán el color, nos había dicho el dependiente.
Mi madre murió antes de que yo las pusiera en la lavadora.

Íbamos de cara al verano, no me pareció mal sacar ya la alfombra. La enrollé para subirla al altillo, pero luego me dio pereza pedirle la escalera a la vecina y la dejé en el rellano. La portera me dijo que el rellano no era un trastero.
Si quiere tirar la alfombra, espérese al primer martes de mes. Un poco de civismo.
Me lo dijo con rabia, como si quisiera vengarse. Pero yo no recordaba tener nada pendiente con ella.
Por la noche bajé la alfombra …

Filla meva

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VICENÇ DEL HOYO 
No sé què em porta a dir-te això, potser són coses de l’edat, o potser del caràcter del teu germà, però la veritat, filla meva, és que et trobo molt a faltar. M’agradaria sentir la teva veu greu i pausada pels passadissos de casa. De ben segur que et pentinaries com la teva mare i et faries obstinadament un serrell corbat amb el que voldries amagar el teu preciós front del que, tinc la més absoluta certesa, t’avergonyiries, com ella. Mai hauries d’haver renunciat a ser la filla gran! Amb la teva assenyada vida ens hauries fet sentir orgullosos. No hi ha dubte que et barallaries amb el teu germà. Ell ho necessita. Està creixent com un nen mimat per culpa de la teva absència. No ha de negociar amb ningú, no ha aprés a compartir, sempre acapara tota l’atenció. I, en especial, qui més et necessita és la teva mare. Ella que tant d’esforç ha destinat a ensinistrar-nos, amb tan poca recompensa, està mancada d’una veritable amiga, algú a qui confessar-li els inesperats desàn…

Estación central

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ROSANA ROMÁN
Los últimos viajeros fueron abandonando la estación hasta dejarla vacía.
Llegó el turno entonces para los limpiadores, que volvieron a dar vida a los andenes.
Varios trabajadores pasaban la mopa a la vez abarcando el vestíbulo central. Caminaban en paralelo, todos a un tiempo, como si interpretaran la coreografía de una danza silenciosa.
Raúl se encontraba en un extremo y deslizaba la basura tratando de empujar también sus preocupaciones, como si apartándolas lograra borrar aquella etapa de su vida, aburrida y monótona a causa de su trabajo.
Mientras pasaba la mopa topó con una maleta que parecía olvidada junto a un banco. Iba a retirarla cuando, un poco más allá de donde se encontraba, acurrucada en el suelo descubrió a su propietaria.
-¿Está bien? -dijo amablemente.
La joven asintió pero no se movió, ni siquiera cuando el hombre pasó el cepillo a pocos centímetros de ella.
-¿Ha perdido el tren? Puede descansar en la sala de espera, estará más cómoda.
-Gracias –dijo …

La piedra caliente

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VICENTE APARICIO
Leyre se deja llevar. Las escaleras mecánicas chirrían; a lo mejor se quejan porque se aburren, querrían averiarse. Leyre ha venido en metro (línea roja, fin de trayecto) y ahora está arriba, al aire libre, en la plaza donde los niños juegan y las mamás charlan, menos pendientes de su columpio (ya no se balancean, ya casi no arriesgan) de lo que quieren hacer ver. Al cruzar la plaza, una calle por donde los coches pasan a izquierda y derecha, coches de colores nuevos. Y más allá, siempre hacia el oeste, el descampado donde en abril ponen la feria, música festiva, niños y niñas que despiertan al sexo, zapatos manchados de tierra. Leyre camina y camina. Va hacia alguna parte.
El terreno propone al caminante, muy al principio, el incentivo de una ligera pendiente, contra la monotonía. Leyre entiende pronto que es una trampa, una leve nota de cansancio que se volverá ruido de fondo. Camina siempre hacia el oeste, y desde un rincón (siempre hay rincones, da igual la geom…

La maldición de Pamela y su té verde

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LOLA ENCINAS
No somos amigas, sólo nos conocemos por haber coincidido en varios castings, en los que, a pesar de quedar entre las finalistas, ninguna de las dos hemos conseguido trabajo.
Esta vez se trata de un spot televisivo para una importante empresa de ropa interior y lencería.
En el casting de hoy se han presentado más de setenta chicas. Tras varias selecciones y cribas hemos quedado Pamela y yo como finalistas.
No quiero pecar de vanidosa pero creo que en esta ocasión la suerte me va a sonreír y voy a ser yo la elegida.
Pronto entraremos a la sesión fotográfica. Mi mánager me presenta a Ricardo Riera, gerente de la firma. Es un hombre muy interesante y amable.Me invita a tomar un café, aunque me pido una botella de agua, ya que estoy muy nerviosa.
Me dice que está casi seguro de que voy a ser la nueva imagen de la colección otoño-invierno, que tengo muchas posibilidades y que hará lo que esté en su mano para que así sea.
Le llaman por teléfono y se despide con un prometedor “H…

Me gusta estar aquí

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MARC BALLESTER
Desde lo alto todos los barrios son cuadrículas con mejor o peor trazado, con accidentes geográficos que modifican y desvían las calles y avenidas. Los parques desde arriba se asemejan a clapas áridas que según la época del año se visten de colores, y rompen con los aburridos tejados y azoteas. La ciudad que nos ocupa, durante doce meses no cambia de color, siempre es gris, un gris roto por el blanco de las olas al deshacerse en la orilla de la playa o por los cargueros que navegan ría adentro. Junto al agua, rodeada de parterres y arbustos, divisamos la silueta de un monumento de color bronce. Distinguimos: cabeza, espalda, una pierna extendida y los brazos en paralelo que estiran una losa. La altura nos impide ver el rostro y el abdomen, pero su postura denota esfuerzo y tensión, imaginamos que la otra pierna queda oculta bajo el cuerpo, flexionada, como cogiendo impulso para saltar hacia delante. Si eso es cierto el cuerpo empuja y no estira como habíamos pensado. Re…

Fin de fiesta

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MARIA GUILERA
Eran casi las cuatro de la madrugada y los últimos amigos acababan de marcharse. Les habían ayudado a llevar los platos a la cocina, pero en la mesa quedaban vasos, copas y algunas tazas de café.
-Déjalo. Mañana lo recogeremos. Estoy muy cansado.
-Mañana lo recogeré -respondió ella muy bajo, pero no tanto como para que Juan no llegara a oírla.
-Martina, por favor.
-Por favor qué.
-Que no empecemos. Podríamos acostarnos sin discutir. Por una vez, solo por una vez.
-Estás borracho.
-Eso es verdad. Vámonos a la cama.
-Eso, vámonos a la cama. Y mañana te haré un zumo para tu resaca.
-Nunca en la vida me has preparado un zumo.
-Bueno. Si tú lo dices.

Se levantó de la silla y le señaló con el dedo. Miraba a un punto fijo, en el brazo del sofá.
-Mis padres traerán a los niños a las doce. A ver si estás decente a esa hora y das la imagen de padre ejemplar.
-Martina, me caigo de sueño.
-Te caes de sueño y eso es lo importante.
-Pero qué te he hecho yo.
-Nada. Tú nunca haces nada…

Sòlides conviccions

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VICENÇ DEL HOYO
Aturat davant del semàfor vermell. Al final de qualsevol carrer, sempre hi ha un semàfor vermell. Es posa verd, pots passar, però només fins que el proper semàfor et barri el pas. Sempre pendent que et donin, momentàniament, pas. Un altre cop aturat. El decorat és una teranyina de carrers sempre idèntics, com els passadissos d’un laberint. Malgrat que hi passis mil vegades, és impossible sentir cap mena de familiaritat. Vianants clònics caminen per les voreres o travessen els carrers. Autobusos escarlates que transporten bustos humans creuen davant meu.
De sobte, sento com si s’hagués produït un canvi.

Tot és igual que fa un moment, però és com si algun element essencial del mecanisme del món hagués deixat de funcionar. Sembla com si tots els objectes fossin de cera i un inexplicable i sobtat aire sufocant fongués aquest decorat. Els negres neumàtics dels cotxes es van dissolent i desinflant sobre l’asfalt fins que els automòbils queden aturats desordenadament sobre e…

Fulgencio

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VICENTE APARICIO
Anoche llegué a Camarlés. Nada ha cambiado mucho aquí. Eso ya lo sabía antes de venir.
Camarlés es siempre casi el mismo sitio, el mismo año, la misma hora del día. Si hablamos del viento, Camarlés es una piedra, nunca un grano de arena. También las rocas conocen la angustia, la erosión que rasca el silencio del paisaje cuando las agujas del reloj caminan. Incluso las rocas tienen tímpanos.
El viento aúlla en Camarlés. La gente busca a menudo el resguardo de los portales, los ribazos, las cantinas. Los parroquianos juegan a las cartas y fuman puros que elevan hacia el techo espesas volutas de humo.
Un par de horas después de mi llegada pregunté por Fulgencio en la cantina.
Es lo que hago cada vez que vengo.
Me apeo del tren semivacío que me trae hasta aquí, recorro el trayecto cuesta abajo hasta el hostal, ceno una taza de caldo y un par de piezas de fruta que me sirve la patrona, enciendo un cigarrillo y espero a que llegue el momento de preguntar.
¿Alguien ha visto por aqu…

¡Sorpresa, sorpresa!

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LOLA ENCINAS
Me sentía muy feliz con mi nueva relación. Después de varios fracasos amorosos, estaba segura de haber encontrado al hombre de mi vida.
Tomás era tan distinto a los anteriores…, tal vez un poco rudo y primitivo, pero en vez de considerar esas cosas como defectos, me parecían un añadido a su atractiva personalidad. Estaba un poco harta de ambigüedad y disertaciones filosóficas, necesitaba llenar mi vida con la sencillez y la pasión de un simple mecánico tornero.
Hacía tres meses que salíamos. Cada noche parecía la primera, estábamos locos el uno por el otro.
El tiempo se me pasaba volando estando con él.
Vivía saboreando nuestras citas y ansiando la hora de volver a encontrarnos.
Aquella mañana me dijo que tenía un pedido urgente que servir y que nos veríamos un poco más tarde de lo habitual.

En un principio, el retraso me contrarió un poco, pero al instante pensé que me serviría para llevar a cabo un plan sorpresa.
Desde la oficina llamé al restaurante y reservé mesa. Al salir de…

Ausencia

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ROSANA ROMÁN
Desde que se fue, una masa amorfa invade su vida.
Ni siquiera podría asegurar cuándo ocurrió. Solo que de repente el vacío se adueñó de ella al llegar la noche. Por más que lo intenta no recuerda el día ni la hora en que sucumbió al abandono, pero sabe que es real porque ya nada ha vuelto a ser lo mismo.
La música de los objetos ha desaparecido: los platillos de las tapas de las cazuelas, el tintineo del triángulo al caer agua en un vaso, el trombón al cargarse el agua del depósito del baño, el ritmo de la lavadora al centrifugar…
Desde que se fue, pasa los días invadida por la melancolía. Permanece ociosa todo el tiempo y no come o come, cuando le apetece, lo que le apetece, sin atención ni límite.
Ayer batió el récord: tres días sin probar bocado. Por fin se levantó en medio de la noche y saqueó la nevera. Empezó por lo comestible no cocinable, pero cuando llevaba media hora, un terrible dolor de estómago la obligó a devolver todo lo ingerido. Sentada junto a la taza del vát…

Curiosidades

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NATÀLIA LINARES CASTELLÓ
Hoy, como otras veces, he salido a la escalera de incendios a fumarme un cigarrillo. Recuerdo que fue aquí precisamente donde empecé a fijarme en el bloque de enfrente.
El trabajo asfixia, cansa, agota y cabrea. ¿O es la especie humana la que cansa y absorbe la fuerza, el ánimo, el humor?
Me alivia ensuciarme el cuerpo de distintos alquitranes. ¡Qué bien entra el humo, cuando lo necesitas! Por la boca, por la sangre, por los pulmones. Fuuuuuuuuu.
El espacio para fumadores es reducido, un rellano de la escalera. Queda muy cerca del otro edificio. A través de los barrotes, pueden divisarse las vidas ajenas.
Entre calada y calada, de pie, rascando unos pocos minutos al trabajo, hace unos días me detuve a observar.
En el bloque de enfrente un vecino tenía tres tazas de café en el alféizar de la ventana.

Durante días, salía a la misma escalera a tragarme el humo de un cigarrillo y veía que las tres tazas siempre estaban allí. En reposo, quietas, no parecían abandonadas si…

Error angelical

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MARC BALLESTER
Vuelvo a casa, no sin antes compartir olores y empujones con un sinfín de personas. La puerta del metro y mi hombro se funden en un abrazo asfixiante. Entre una telaraña de brazos, bolsas y paraguas, intento ojear un periódico. Portada, Tarragona, maleta. Tema del Día, Espanya, pisotón. Opinión, Poble Sec, perdone. Internacional, Paral.lel, bostezo. Política, Drassanes, walkmans. Sociedad, Catalunya, acordeón. Sociedad... o ¿sería más correcto, El Caso? «Pena leve para un hombre que creía legal violar a su mujer». ¡¿Qué?! Mis ojos desorbitados descubren aún más: «La Audiencia de Tarragona falla que el condenado cometió sólo un error al pensar que se puede forzar a la cónyuge».

Diagonal, descargamos, me siento. Asombroso, el erróneo marido sólo ha sido condenado a dos años de prisión por repetidas violaciones a su propia esposa. Passeig de Gràcia, turistas, mochilas. Tiene gracia, el nombre del violador es Ángel; una denominación que corresponde a un espíritu creado por Di…

Carícies

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VICENÇ DEL HOYO
“…Ese sentimiento de felicidad no se presenta de forma tan plena ni siquiera en los momentos del éxtasis amoroso. No se trata más que de una luz resplandeciente, de un rayo que ilumina el paisaje de tu vida, un rayo que te ayuda a ver el “instante”, algo que es igual a la vida entera, el espacio entre dos aniquilaciones.
Quien no haya vivido un instante así en sus relaciones vitales con el mundo, se ha perdido una de las mayores aventuras de la vida, difícilmente explicable.”
Sándor Márai, «Confesiones de un burgués»


A les coses se les pot conèixer de moltes maneres. Per la vista la majoria, per l’oïda moltes, per l’olor i el gust unes poques, i només un reduït grup pel tacte. Gairebé totes les coses que es poden veure es poden tocar, però rarament la visió substitueix el tacte. Ni tan sols ofereixen coneixements complementaris. En un món on es valora la vista per sobre de la resta dels sentits vaig trigar uns anys a descobrir que no sempre passa que nosaltres produïm un …

La mujer del profesor de Historia

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MARIA GUILERA
Encontré un papel doblado entre los exámenes que me dejaste para que te ayudara a corregir.
Allí estaba escrito tu nombre, después una coma y debajo una sola línea. Decía, no puedo aguantar más, acaba la clase y vámonos a tu despacho. Mmmm…
Lo peor de todo eran esas consonantes repetidas.
No había ningún nombre debajo. Así que tuve que revisar todos los trabajos para descubrir cuál de ellos tenía esa letra, la del papel doblado. Había dos muy parecidas.

No te dije nada. Estábamos juntos, tú en la mesa y yo en el sillón. Tú cómodo, yo no.
Me quedé mirándote y levantaste la vista. Tus ojillos de conejo tras las gafas.
Qué, nos vamos a la cama, ratoncito.
Y tú, rata de cloaca, pensé.

No pude dormir. Tenía una mezcla feroz de rabia y tristeza, o quizá de rabia y más rabia. Te miraba y tenía ganas de despertarte, de preguntarte desde cuándo, cuánto tiempo hacía que te habías liado con Mmm.

Por encima de todo quería los detalles, la historia completa. Quién dio el primer paso, quién pro…

Mi hermana Carolina

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VICENTE APARICIO
Mi hermana se llama Carolina. Qué valiente es. El otro día se metió con Juanma Perales, el chulo de mi clase. A la salida del colegio lo estuvimos esperando. Yo estaba muy nervioso.
- Hola, chaval, ¿cómo te llamas? -dijo Caro.
- Juanma.
- Ni hablar, chavalín, nadie se llama Juanma. Quiero el nombre completo.
Juanma hizo así con los hombros, porque es bastante chulo. Pero mi hermana tiene tres años más que nosotros. Cuando quiere, te mira de una forma...
- Juan Manuel Perales.
- Así me gusta más, Juanma. De todas formas, seguro que puedes hacerlo mejor. Veamos: Juan Manuel Perales, y qué más.
Juanma no dijo nada. Se mordía las uñas y tenía la cara muy seria. Normalmente siempre se está riendo. Burlándose de alguien.
- ¿Es que no tienes lengua?
Entonces mi hermana se puso muy cerca de él. Mucho.
- Fresnadillo.
- No te oigo, chaval.
- FresNaDiLlo.

- Gracias, Juanma -Estaba rojo como un tomate. Seguro que algún día se iba a vengar de mí. Me pegaría y me llamaría chivato delante de todo…

Tío Alberto

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LOLA ENCINAS
Estuve toda la tarde ultimando los detalles. La casa estaba como los chorros del oro, gracias a la ayuda de Manuela y de dos mujeres del pueblo que la habían ayudado. Dos días fueron suficientes para convertir una vieja y triste casona en un lugar acogedor. Lo antiguo también tiene su encanto.
Reflexioné sobre los motivos que me habían impulsado a invitar a mi hermano y a su familia para que pasaran el verano conmigo. Llegué a varias conclusiones, entre ellas que el paso y el peso de los años nos hacen añorar el pasado y a las personas queridas.
La soledad, vieja amiga y compañera, me ha vuelto a visitar el último invierno.
Cuando murieron mis padres, superé la pérdida mejor de lo que pensaba.
En cambio, la traición de Luisa me costó más tiempo, tal vez porque el orgullo tarda más en cicatrizar que el amor.
El sonido del claxon, que anunciaba su llegada, me sacó de mis pensamientos. Bajé presuroso y feliz a recibirlos.


Ya hacía un mes de su llegada. Los días pasan muy deprisa c…

Flores en la carretera

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ROSANA ROMÁN
De un tiempo a esta parte y cada vez con más asiduidad proliferan, que no crecen, flores en el asfalto. Se pueden ver a veces frescas, otras ya marchitas y, cuando pasa un tiempo prudencial, se sustituyen por unas de plástico. Alguien desea recordar tozudamente que allí, en aquel punto, algún allegado perdió la vida.

Soy representante y viajo continuamente por las carreteras de media España. Por eso, ver flores en cualquier curva me molesta profundamente. Es algo visceral que no acierto a comprender. Será porque me obliga a levantar el pie del acelerador y me invita a pensar en quién debía de ser la persona que se empotró contra la valla. Cuando reflexiono, pienso que no está mal, que esta práctica funciona mejor que cualquier campaña de prevención de la DGT. A lo mejor son ellos los que las colocan como medida disuasoria. Pero no, sé que las muertes son ciertas, que allí se produjeron un día o una noche cualquiera, y pienso en milésimas de segundo si habrá sido un intrépid…