sábado, 25 de octubre de 2008

Juego de tetris

NATÀLIA LINARES CASTELLÓ
Juan se topó con un joven en el pasillo de su casa cuando se disponía a ir a orinar.
Sobresaltado, se atrincheró en el rincón del pasillo contra la pared. Llevaba una camiseta azul y vieja a conjunto con los calzoncillos de goma gastada que utilizaba para dormir.
Juan, desconcertado, miraba a aquel joven sonriente que le saludaba y le preguntaba por su vida efusivamente.

- Hola, ¿cómo vas?, ¿qué es de ti?, cuánto tiempo sin verte.
- Puees ¡bien!, bien -dijo arrastrando las vocales y con un hilo de voz le preguntó:- ¿Cómo has entrado? ¿Quién eres? ¿Nos conocemos?
- ¡¡Soy Manel!!- le contestó sonriendo.

Y le explicó en poco espacio de tiempo varias anécdotas que, según él, habían protagonizado juntos.

- Perdona, pero no te conozco -le dijo Juan.

Trató de interrumpirlo varias veces, pero el intruso no dejaba de hablar.

- ¿Te acuerdas del proyecto final de carrera? Se lo mangamos a un japonés que se dejó sobornar entre copa y copa. Qué momentos. Éramos unos caras. Nos comíamos el mundo.
- ¡¡Déjame!! -alzó la voz para imponerse esta vez.

Manel se acercó a Juan sin cambiar el rictus de su cara. Una sonrisa como pintada. Y esa cara que parecía flotar y se acercaba a la de Juan.
Juan se orinó encima originando un charco de líquido caliente que le alivió los pies desnudos y fríos.



Juan no tenía una vida sencilla de explicar, como para soltarle parte de ella a un desconocido en la madrugada de un sábado. Divorciado por tercera vez. Tenía cuatro hijos. Uno de cada una de sus dos primeras mujeres y dos de la última relación. Actualmente estaba con una cuarta pareja pero sin convivencia y sin hijos en común.
A Juan le pesaba la responsabilidad de ser padre, y sólo cumplía con la parte económica. Quería y necesitaba una vida más tranquila. Con el tiempo acudió a hacerse una vasectomía por miedo a continuar fertilizando los óvulos de sus diferentes conquistas. No era ningún Adonis, pero tenía la capacidad de captar la atención de las mujeres. Y no precisamente por su forma de hablarles, sino por su forma de escuchar y mirarlas atentamente . En una conversación larga, absorbía las palabras del comunicador y las devolvia filtradas transmitiendo calma y serenidad. Exhibía una mirada penetrante de ojos claros y grandes que hipnotizaban.
Trabajaba de arquitecto y tenía un gran prestigio en su profesión. Podía decirse que se ganaba bien la vida. Sus creaciones gustaban por su sencillez y originalidad.
Esa era su particularidad. La originalidad. Una originalidad que encontraba en sus perturbaciones mentales.
Sucedía cuando Juan dejaba de estar en un plano tangible, para pasar a otro. De repente su mente entraba en un sueño profundo y desconectaba de la realidad terrenal. Eso le podía ocurrir a cualquier hora del día o de la noche.
Así le ocurrió aquella madrugada. Cuando se levantó del suelo, entendió que el joven Manel había sido una de sus tantas alucinaciones, que le aparecían cuando sufría uno de sus ataques de narcolepsia.
Así que, antes de olvidarse de todo lo ocurrido, fue rápidamente hacia su estudio y empezó a hacer esbozos de la idea que su mente aturdida le había ofrecido.
Compartimientos que se deslizaban con solo empujarlos y que reconvertían estancias más grandes o más pequeñas según la necesidad del momento. Más que viviendas era la revolución en el mundo inmobiliario. Paredes que, como si fueran piezas, se iban encajando para dar paso a espacios minimalistas. Este principio se lo aplicaba Juan intentando acomodar dentro de la mente su vida, con los ojos cerrados, encajando piezas entre la vigilia y el sueño.

4 comentarios:

  1. Alucine de cuento, Natàlia. Me ha dejado con los ojos abiertos desde ese principio sin concesiones. He seguido el susto del prota pegado a la pared y tras el alivio mingitorio he leído la explicación, tan coherente como creativa, del fenómeno, como si estuviera en un congreso de psiquiatria.
    El título es una guinda que se añade y da el toque de gracia al relato.
    Natalia, eres un descubrimiento (intuído por tus lectores desde un principio).

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  2. Hola Natàlia, molt bo, el tema del son i la vigília m'encanta, per als artistes és molt important, una abraçada.

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  3. Aquí estoy...!
    Pobre Juan.... que stres entre su vida emocional y profesional... no me extraña que aproveche su narcolepsia para "desconectar" y se permita viajes al pasado,al inicio,cuando todo estaba por hacer, a una época incierta pero esperanzadora...
    Que le va a contar a Manel,sobre sus "éxitos"? Los profesionales son públicos y notorios, los personales y familiares demasiado íntimos para contárselos a un "desconocido", en el pasillo y de madrugada.
    Sólo le queda, mearse encima, espabilarse un poco y aprovechar sus inspiraciones para seguir creando y no, PROCREANDO.
    ¡Pobre!
    (Natalia, me ha gustado mucho, es muy original y logra engancharte, entre "sonrisas" y "lágrimas".
    Una vez más, consigues la fórmula perfecta entre acidez y dulzura. Petonets)

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