miércoles, 10 de septiembre de 2008

Pruebas fehacientes

MARIA GUILERA
Mi habitación era enorme y preciosa, con una ventana que daba a un patio de vecinos. Se podía escuchar la radio y varias emisoras a la vez y también era posible conocer la vida de mucha gente, saber lo que comían, cuándo estaban tristes y cuándo felices, quién llegaba y quién se iba dando un portazo.
En la única cama de mi habitación, con dos colchones de lana, uno sobre el otro, inventé travesías a bordo de una piragua y mi hermana solía estar siempre a punto de ser devorada por los cocodrilos. Debajo de las sábanas soplaban huracanes con tal fuerza que volaba todo cuanto encontraban a su paso y había que desnudarse y luego buscar refugio y procurar no ser descubiertas por los caníbales.
Mi habitación tenía el suelo de baldosas cuadradas y pequeñas de color blanquecino, con una cenefa marrón.

Algunas de las baldosas se movían y nunca fue el momento adecuado para repararlas. Desde la cama y con la fría claridad del fluorescente de la cocina mis ojos veían figuras terroríficas dibujadas en el suelo y no podía dormir.
Las paredes de mi habitación se llenaron de fotografías de niños cantantes y de banderines triangulares con nombres de ciudades que otros habían visitado alguna vez. Una estantería metálica ordenó libros de texto, cuadernos y cajas de zapatos.
Mi habitación tenía una ventana que daba a un patio interior. De día, y a pesar de tener enrollada la persiana de tablillas de madera verde oscuro, apenas si entraban la luz y el aire. En cualquier caso aquella no era una luz hermosa ni el aire era agradable de respirar.
Llegó un tocadiscos de segunda mano a mi habitación y lo puse cerca del único enchufe, sobre una mesa baja de formica y allí giraban los LP de Simon y Garfunkel. El LP, en realidad. Hora tras hora, The Boxer a tres voces. Las suyas más la mía, que imaginaba un texto que nunca he querido conocer.
Otra estantería se unió a la primera, que empezaba a oxidarse. Mi padre las sujetó a la pared porque mi madre creyó que era probable que se cayeran sobre la cama y mi hermana y yo muriéramos aplastadas por el peso de mis apuntes, de mis libros, de mis carpetas azules forradas con airon-fix.
Se arrancó el papel pintado y las paredes de mi habitación fueron blancas, de un blanco que resaltaba los posters de Picasso, sus ramos de flores y su paloma de la paz. En un ricón apoyé una guitarra de la que solo conocía dos acordes, los suficientes para cantar a Raimon.
En mi habitación un día entraron dos amigos con otro algo mayor a quien yo no conocía y escondieron libros detrás del escritorio. Luego hablamos de música, pero ya no me acordaba de Simon y su compañero y era Paco Ibáñez quien molestaba a mi hermana y me decía por favor, pon otra cosa, estoy harta de ese señor.
En agosto de ese mismo año mi novio, al que jamás pude nombrar así, ocupó la habitación al final del pasillo y se quedó a dormir un par de noches. Su ventana estaba frente a la mía y a once metros de distancia. A pesar de las luces apagadas pudo ver mis pechos al aire, levantada la camisa de algodón con una luna estampada. De noche yo me reía de la Revolución.
Mi habitación fue un hospital de campaña, un puesto de primeros y únicos auxilios donde llorar pérdidas esporádicas o definitivas de amores traicionados, de delatores, de cobardes y de valientes.
Mi habitación fue también una biblioteca de poemas de amor y un probador de minifaldas.
Una consulta de psicólogas atrevidas y un local para fumadores. Un estudio para exámenes de última hora y un confesionario.
Mi habitación fue un pub muy oscuro y un calabozo. Mi habitación fue Francia, concretamente París. Mi habitación fue un archivo de correspondencia y un contenedor de cartas rasgadas.
Cuando una se marcha de casa debe dejar intacta su habitación por si quiere volver algún día a saber quién fue, más allá de su recuerdo.
Son las dos del mediodía y esa era la hora de los olores penetrantes. El trajín de platos y sartenes mantiene por un tiempo el espejismo.
He entrado en la que un día fue mi casa de forma clandestina. Lleva más de un año vendida y en su día fue vaciada sin contemplaciones ni tiempo para seleccionar qué debía ser rescatado de ojos ajenos y qué abandonado. Hoy es un piso en obras, abierto a albañiles, lampistas, pintores y carpinteros. Nadie me pregunta quién soy.
Paso la mano por las paredes de mi habitación y allí está el agujero que hizo mi uña noche tras noche mientras pensaba en no me acuerdo qué, mientras imaginaba quién sería. No hay en ese pequeño hoyo ninguna pista, ninguna referencia a quién soy.
No hay rastro del tocadiscos y solo el enchufe sigue en su lugar. Lo miro como si pudiera recuperar la música, surgiendo circular por dos orificios amigos.
Observo las baldosas y cuento desde la puerta tres pasos y medio hasta llegar al lugar preciso. Se siguen moviendo. Y pienso en Galileo. Y pienso en la fuerza del tiempo, tan devastadora. Y sin embargo, no ha podido conmigo, Eppur si muove. Todo existió y sigue existiendo.
Busca a alguien, me pregunta un hombre joven y con acento extranjero.
Le digo que sí, que estoy buscando a alguien y me mira esperando más palabras. Pero ya no hacen falta.

10 comentarios:

  1. Con tu escrito mi cerebro se ha vuelto cuadriculado como la habitación , en mi olfato se ha filtrado aquel olor, los personajes de mi cuento han salido a saludarme. La nostalgia no se ha apiadado de mi y ese cuadricualado está inundado ahora de lágrimas , tú , Mari has tenido la culpa de ello.....¡te lo agradezco¡

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  2. Hacía tiempo que no pasaba por aquí, ya sabes, que si programaciones, que si cosas personales, que si... pero el reencuentro con tus escritos me ha sentado de maravilla, siempre lo hacen. Espero seguir teniendo estos momentos de "petit pleasure" con tus lescturas. besos, Vane.

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  3. ¡Que ternura de relato!
    Ese entorno, tan propio, en donde se han concretado las vivencias de niñez y juventud, siempre forman parte de uno. Cuando, como en este caso, desaparece traumáticamente, te deja tocado, notas un cosquilleo agudo que te acuchilla el estómago y te sientes como si te hubieran robado algo muy tuyo.

    Quién no ha tenido una experiencia similar. A mi me ocurrió algo parecido con la casa de verano, con sus recodos y escondrijos que sabían de mis secretillos, más o menos confesables.

    El relato solo puede ser expuesto así por un alma sensible, al tiempo que reflexiva, detallista, con una vida interior encomiable. Aunque, sin duda, es todavía más encomiable la fórmula didáctica utilizada en tu escrito. Has descrito la primera etapa de la vida de tu personaje, trazando una proyección paralela al tiempo en la alcoba. Ésta no sería más que un habitáculo de pocos metros cuadrados si no fuera fiel reflejo de esas vivencias. Mis felicitaciones, oh maestra.

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  4. Entre nostalgias y sentimientos provocados por tu narrativa vibrante, he gozado con tu relato.
    haces bien recordando que aquí hay un rincón para sumergirnos en sueños.
    Lousita

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  5. Un soldadito de felpa con uniforme verde, dos jarras de cerveza compradas en Holanda, tres almohadas tejidas con lana de colores en un estilo que ahora vuelve a triunfar, un colchon hundido justo por el centro y, sobre todo, una frase: "¿Cómo? ¿Qué se ha suspendido la fiesta?"
    ¡Seguro que sabes de qué te hablo! ¿Verdad qué reconoces todas y cada una de estas imagenes?

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  6. Viure, crèixer, madurar és patir la devastació del temps,...Potser una tentació inevitable és tornar al lloc, a l'escenari d'on vàrem sortir, d'allà on ens vàrem projectar cap el futur. Però la devastació abraça el passat: queda un enigmàtic forat fet amb l'ungla a la paret, i unes oblidades rajoles que ballen. Estem maleïts pel temps, som expulsats de cada instant, ni rastre del passat, tot és al nostre cap, a la nostra imaginació. Magnífic.
    El mut de Sants

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  7. Tus relatos siempre son pinturas fantásticas de esos trocitos de vida, aderezadas con sentimiento.
    En mi pintura particular se añadirían unas pinceladas de radio. Debajo de las sábanas, con un transistor, escuchando teatro, dejando volar la imaginación con aquellas retransmisiones.... o sintiendo emoción con "Ustedes son formidables" y sus logros.
    Tienes "la gracia" de desempolvar el pasado.
    El Trasgu

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  8. Cuantos paralelismos hay en los coetáneos, sobre todo si pertenecen a una misma clase social.
    Pero las coincidencias, están sobre todo en el interior de cada uno de nosotros, nos acercan y mantienen en el tiempo gracias a sentir, mirar, valorar, vibrar y llorar por la mismas cosas.
    Añorar lo que se ha ido, añorar no haber prestado la suficiente atención, añorar no haber guardado más cosas que conformaron una época que vivimos demasiado aprisa.
    Me encanta compartir tu nostalgia, tu pasado y tu presente, ya que formas parte de mi vida.
    Me gusta repasar nuestros recuerdos,hablando o simplemente escuchando una canción de Cafrune.
    Me gusta que riamos juntas,me hace feliz quererte y que me quieras.

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  9. Obres l'ordinador i llegueixes un escrit de na Mariona, el frueixes, t'estires al sofà, allargues el braç i trobes un càlid contacte humà...a qui l'importa que sigui dilluns? a qui l'importa què vol dir ISO?. No em coneixes però una companya teva, de nom Vane i de mirada tendra, m'ha conduït fins als teus relats i només puc dic que n'estic encantat.

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  10. Molt imaginatiu, modern, trencador! d'entrada sembla un poc, molt, claustrofòbic. L'habitació en realitat podria ser la imaginació que té poders incalculables. O també el record més el desig frustrat. És un relat vibrant, de ritme intens i ben sostingut. Es llegeix d'una tirada.
    En tot, crec, som esclaus. En el pensament: lliures!
    poden lligar-nos, anorrear-nos, befar-nos, esclavitzar-nos, però la ment té ales i ningú, MAI la podrà vèncer. FELICITATS, no paris mai..de volar. TERESA SERRAMIÀ

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