domingo, 10 de agosto de 2008

Todos le llaman Poeta


Vicente Aparicio


1

Por debajo del jerséi de la Mari, el Poeta palpa desmañadamente un pecho blando y abundante, que apenas cabe en el sujetador. Están sentados en un banco de la estación. Ella toma la mano temblorosa de su hombre y la conduce con una de las suyas hacia más abajo, hasta donde su deseo ordena. Con la otra mano se trae un cigarro a la boca, al tiempo que emite un sordo gemido. En el suelo, al alcance del Poeta, junto a una pata del banco, hay una botella de vino. Pocos pasos más allá, una pareja de jovencitos se hace arrumacos debajo del letrero en el que se lee el nombre de la estación.

Todos le llaman Poeta. Suele deambular por las calles de este lugar sin rumbo fijo, andrajoso y maloliente, flaco como un galgo, los escasos dientes amarilleando en una perpetua sonrisa.

El Poeta siente la humedad de la Mari en las yemas de los dedos. «Mari, Mari», le gruñe un par de veces con la voz ronca, y ella responde: «Poeta, poeta», en un tono un poco más sensual. Los otros dos visten ropas de marca a la moda, zapatos caros, bufanda a cuadros... Se dicen cosas en voz baja y de vez en cuando se tocan, se abrazan despacio, se besan juntando durante un breve intervalo de tiempo los labios.

A la Mari no se la conoce tanto. Llegó un día, hace unos cuantos meses, y a temporadas se la ve con él, gorda y desgarbada, hasta que de pronto desaparece y nadie sabe si volverá o no. Ella está casi siempre muy seria.

2

El tren silba a lo lejos. La Mari y el Poeta se apartan, cada uno hacia un extremo del banco. Él bebe un trago de la botella. Después se la ofrece a ella, que con un leve movimiento de cuello le informa de su rechazo. Por encima de su pantalón asoman unas bragas grandes y feas de color marrón.

- Mierda de vida, Mari -dice el Poeta, y extiende un dedo señalándola y riéndose a carcajadas-Mírate bien, María de las Angustias. ¿En qué recodo del camino yacen sepultados mis sueños de grandeza?
- Qué hijo de mala madre eres, Poeta -dice ella sin resquemor, casi cordialmente-. No sé cómo te soporto. Puto borracho cabrón.
- Ha hablado, con sabias y exquisitas palabras, la perra en celo -vuelve a burlarse el Poeta, con una risa áspera que no acaba de arrancar.
- Eres viejo, Poeta. Viejo, cerdo y desagradecido.

Bajo el letrero de la estación, los jóvenes se abrazan y se besan por última vez, más deprisa, con un poco menos de recato. Ella sube al tren. Él se queda en el andén, con la mano levantada hacia una de las ventanillas.

- Vámonos -dice el Poeta cuando el tren se ha ido ya.

Ella lanza una colilla al suelo y se levanta. Se cogen de la mano y echan a andar. Tras recorrer unos cuantos metros, el Poeta se detiene, vuelve sobre sus propios pasos y, cuando llega a la altura del banco, se sube hasta la cintura el pantalón y levanta del suelo la botella de vino. El chico está sentado donde antes lo estaba la Mari, un poco desmadejado, con los codos apoyados en los muslos y la frente aplastada contra las palmas de las manos abiertas. El Poeta permanece de pie un buen rato mirándolo, abstraído, sin que el otro parezca advertir su presencia.

«Vino», empieza a decir para sí el Poeta en voz baja al tiempo que se da la vuelta, «vino, vino, vino, enséñame el arte de ver mi propia historia / como si ésta ya fuera ceniza en la memoria».

Da un trago largo a la botella y, brincando como un niño, dando grandes zancadas a izquierda y derecha, vuelve junto a la Mari, que ha seguido avanzando despacio pero sin detenerse. Se cogen de la mano otra vez, y caminan.

14 comentarios:

  1. He visto a tus personajes y los he sentido. A cada uno con sus emociones y su pasado a cuestas. Son esos cuentos que hay que leerlos especialmente con el alma abierta para dejarse invadir por lo que has decidido contarnos. Tu si que eres poeta amigo.

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  2. La querencia por las estaciones lleva al conocimiento de sus habitantes. Poetas, Maris y jóvenes con lágrimas de despedida.
    Universos con paisajes y paisanajes que esperan ser descubiertos y descritos para que otros les conozcamos.
    Hay que ser Poeta para no caérsele a uno el ánimo al ver asomar unas bragas marrones. Y mucha Mari para llevarlas con orgullo.

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  3. de lo mejorcito q he leído tuyo en formato tan corto. me encanta. de verdad. y el diálogo es brutal. que lo sepas, oh, brother!!

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  4. neng, si tienes dos libros suyos en casa, entonces soy responsable del 100% de la bibliografía suya q posees, ya q tanto la impaciencia del corazón como el estudio de balzac, dostoievsky y no sé quién más, te los he regalado yo... que lo sepas, caracartón!! jejeje

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  5. no, la escribió el mismo negro q escribió la biografía de ana rosa quintana, no te fastidia!! juas juas juas
    fouché me lo vas a dejar a no mucho tardar...

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  6. Acabo de hacer unos cuantos largos por este blog. Me gusta. Volveré para reencontrarme con el poeta y Mari (espero). Saludos.

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  7. vas a estar orgullosísimo de mí... he vuelto a actualizar!! tomayá!! cargadica de curro voy, eh?? juas juas juas

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  8. por la diosa... yo conozco al poeta y a la mari...


    hasta la churrería.

    laloka

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  9. Muy bueno Vicente, Genial,
    Como Pantera, yo también los he visto, y he sentido su fuerza.
    Saludos,

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  10. Anonimo de antes, te saluda
    PUIGMAL08

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  11. Pantera,
    tu última frase me ha recordado el chiste de los amantes (Cariño, eres un monstruo / Tú sí que eres fea). Dicho sea con todo el respeto :) Gracias.

    Bruja del zoo,
    hablando de trenes, creo que ya lo he hecho, pero te recomiendo, de Jenny Diski, 'Extraña en un tren'.

    Noemozica,
    me encanta que te haya encantado. que lo sepas, oh, sister.

    Arturo,
    a nosotros también nos gustará nadar en tu piscina.

    Anónima laloka_lispector
    por la diosa, que si los conoces, hagas el favor de darles recuerdos

    Anónima puigmal_08,
    a lo mejor se 'ven', porque esto no es un cuento, sino una escena. saludos pa ti.

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  12. Un horizonte de sueños y esperanzas, frente a un pozo de sueños rotos y desengaños.
    ¿Qué pasó, poeta?
    ¿Por qué nos late con tanta fuerza el corazón, y nos recorre un estremecimiento?

    Enhorabuena, Vicente.

    Jose

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