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Mostrando entradas de agosto, 2008

Café y rosas

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Rosana Román
Después de escuchar los ronquidos y comprobar que su padre dormía profundamente y no la llamaría esa noche, Amalia entró en la habitación de su hermano, se desnudó por completo y se metió voluntariamente en su cama.
Dos días antes, los hombres habían ido a la Capital a comprar ganado en la feria. Por primera vez tenía algo parecido a vacaciones y como no estaba cansada se quedó más de lo habitual mirando el televisor. Sentada cómodamente frente a él se acompañó de un cuenco de leche caliente. La butaca, el canal a escoger, la noche, todo era para ella. Entre la programación encontró una película ya empezada que atrajo su atención.
Una pareja se besaba y acariciaba sin prisa y después él, servicial, entraba en la habitación con una bandeja que depositaba sobre la mujer medio desnuda aún en la cama. Desde su sillón a Amalia le parecía que podía oler el humeante café que el hombre había preparado para su pareja. También el aroma de la rosas rojas que descansaba en la bandeja.
“…

Lo prometido es deuda

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Marc Ballester
Hoy todavía ustedes no me conocen, pero mañana sí. Los sucesos que transcurren en la madrugada no aparecen en prensa hasta un día después, cuando ya no interesan. Por lo tanto, no ocuparé ni portada ni grandes titulares. Tendrán que buscarme en un breve, pero en realidad no me importa el periodismo, a mí siempre me gustó el terreno de la ficción, de la narrativa, y en el momento de abrir una novela que desconozco si me gustará o no, me dejo seducir por la promesa del autor, por esas cualidades que en sus primeros párrafos o capítulos son promesa de lo que desarrollará después a lo largo de cientos de páginas. Me insinúa que aquello va a merecer la pena ser leído, abre puertas o caminos por los que con su técnica, su voz, su visión del mundo y de lo que importa, me invita a aproximarme al precipicio y consigue seducirme. Pero no siempre es así, y empiezo a hartarme.
El pasado mes de abril falleció por fin el hipócrita, famoso y laureado escritor Camilo Quintana Gala, nacid…

Excusa increíble

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Natàlia Linares Castelló
Un día, en el trayecto en coche desde mi casa hasta el trabajo, me topé con un cadáver en la cuneta. Un gato atigrado que, por un capricho de la genética, era de pelo tricolor: marrón, negro y amarillo. Quizás quiso cruzar la carretera, siguiendo a su compañera de viaje. O tal vez era un gato solitario que deambulaba por los alrededores en busca de comida. O puede que ya solo fuera un animal enfermo que, rendido al dolor y al abandono de su cuidador, se había lanzado a las ruedas de un coche para perder, en la hazaña, sus siete vidas de un golpe. En décimas de segundo giré el volante hacia la izquierda para no aplastar al animal muerto.

De regreso volví a verlo, pero esta vez en el lado contrario de la carretera. El sol abrasador era la única lápida que pesaba sobre su cuerpo, como una piedra de mármol cualquiera. Durante semanas enteras estuve encontrándome con el amasijo de carne e intentando esquivar lo que iba quedando de él.
Me instruía en cómo se iba descom…

Todos le llaman Poeta

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Vicente Aparicio

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Por debajo del jerséi de la Mari, el Poeta palpa desmañadamente un pecho blando y abundante, que apenas cabe en el sujetador. Están sentados en un banco de la estación. Ella toma la mano temblorosa de su hombre y la conduce con una de las suyas hacia más abajo, hasta donde su deseo ordena. Con la otra mano se trae un cigarro a la boca, al tiempo que emite un sordo gemido. En el suelo, al alcance del Poeta, junto a una pata del banco, hay una botella de vino. Pocos pasos más allá, una pareja de jovencitos se hace arrumacos debajo del letrero en el que se lee el nombre de la estación.

Todos le llaman Poeta. Suele deambular por las calles de este lugar sin rumbo fijo, andrajoso y maloliente, flaco como un galgo, los escasos dientes amarilleando en una perpetua sonrisa.

El Poeta siente la humedad de la Mari en las yemas de los dedos. «Mari, Mari», le gruñe un par de veces con la voz ronca, y ella responde: «Poeta, poeta», en un tono un poco más sensual. Los otros dos visten…