sábado, 12 de julio de 2008

Sorbo

Natàlia Linares Castelló
Mi isla está rodeada por agua que de vez en cuando marronea, como si en ella destiñeran tierras rojizas.
No sé quienes fueron sus primeros habitantes, pero fueron ellos quienes nos dejaron costumbres que seguimos manteniendo, como recolectar semillas para que germinen y den nuevos frutos.
El agua del mar está contaminada y los habitantes nos hemos adaptado a ello. A algunos les ha provocado erupciones de piel, a otros incluso mutaciones físicas. A Juan, de pequeño le creció una especie de papada que le hacía parecerse a un sapo grande. Los mayores dijeron que era por el agua que había tragado cuando un día tuvo un percance cerca del mar. Por eso no frecuentamos las playas. Ni siquiera las contemplamos de lejos, pues la brisa también perjudica la piel y los ojos.
Hay un puente de madera, que con los años se está desmoronando. Por allí se accede de la parte este, donde estamos, a la oeste, adonde vamos a buscar Sorbo.

Siempre, cada semana, los más fuertes van a buscar un bidón. Los demás esperamos ansiosos su regreso. Bebemos Sorbo hasta reventar.
Es dulzón y de color rojo. Nos da energía y buen humor.
Somos cinco supervivientes. En la isla la gente ha ido muriéndose. No recuerdo cuándo empezó todo.
Sergio, el más mayor, recuerda algo así como una epidemia, una enfermedad, pero no sabemos más.
Pasamos el día recogiendo piedras y amontonándolas a un lado de la choza. Sergio dice que se ha de construir un muro de piedras para protegernos de los vientos. También trenzamos tiras de cocotero para tener cuerdas, y hablamos. Hablamos mucho. De todo lo que se nos pasa por la cabeza. Sergio dice que los humanos siempre han hablado, y que tenemos que seguir las tradiciones. A veces pienso: «¿Cómo era antes la vida? ¿Cómo he venido a para aquí? ¿Dónde estaba yo antes?» Y no tengo respuestas. Pero me gusta pasar ratos hablando y haciéndome esas preguntas.
La semana pasada me tocó a mí ir a por Sorbo. Era mi primera vez. Se ha de tener un determinado peso y una determinada talla para poder cargar con el bidón. Y ahora, yo ya los tengo.
Lo que vi, no me gustó. Lo que vi, cambia toda idea anterior. Soy otra distinta. Conocí el secreto de la isla, de ellos, de nosotros. Es como si hubiera crecido de golpe. Ya no me gusta el color rojo del Sorbo, ni su sabor, que antes me parecia dulzón. Pero, como los demás, siguiré bebiendo para sobrevivir.
Aquel día Juan me miró y sus ojos penetraron como agujas en los míos, sellándome la boca ante Rosa y Eva, los pequeños. Y callé, y callaré hasta el día de mi muerte.

6 comentarios:

  1. Natàlia Linares Castelló: este relato te entroniza con honores en el Planeta de La Narración.
    El Sorbo nos alimenta y nos atrapa. Ya no podremos dejar de leerte. Iremos a buscar un bidón cada tanto. Procura no matarnos de sed, ten algo siempre al otro lado de la Isla.

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  2. Sí al relato, es muy bueno.
    No a mi deseo de saber el secreto.
    He de aguantarme.
    Esa es nuestra fuerza.
    La parte oculta.
    La que no puede decirse del todo, nunca.
    Y algunas zonas especialmente se ocultan a los niños, que sin embargo, siempre saben, adivinan, comprenden.
    Espero como la bruja de zoo, el sorbo, tu sorbo.
    MÓNICA LA GÜERA

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  3. Natalia, enhorabuena. Te vas superando cuento a cuento. Consigues agitar al lector introduciénlo en situaciones que te sacuden y nunca te dejan indiferente.
    Yo no quiero Sorbo que me sugiere sangre dulzona para sobrevivir. Prefiero el alimento cerebral de tus cuentos, ojalá no me falte nunca.

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  4. Calla y bebe, dijó mamá pato a sus polluelos. Y ellos, dale que te pego con el chupito del bidón. Me gustan los cuentos sobre patos bebedores, aunque los patos no sepan hablar. Algún día ellos también descubrirán la verdad y callarán como pu.. pa... tos. Disimulando. Congratulations.
    Fabián R.

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  5. Tu isla como otras islas tiene un poquito de bueno y otro de malo. Sus enseñanzas nos muestra que lo valioso de la vida es lo que vivimos y compartimos con los demás, nos dice que debemos ser cuidadosos y amar nuestra tierra pues es la herencia para nuestros nietos y que el camino que tenemos que recorrer es el camino de las responsabilidades, tanto con uno mismo como con los otros...
    Natàlia segueix endinsant-me així en el món de la imaginació i la narrativa... Cada cop que et llegeixo no em deixes indiferent...
    Un petó... Ara estic per aquí no se fins a quan...
    Besets... Busa kbira...Beslama Montse

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  6. Natalia, tus cuentos cortos son geniales porque invitan a la reflexión, y dificil me es llegar a una conclusión, porque parecen tan surrealistas como la vida misma.
    Ignoraba tus cualidades literarias, te felicito esperando que me sigas deleitando con tus escritos.
    Pepe Llinars

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