miércoles, 18 de junio de 2008

Radio Cristo Rompe las Cadenas

Rosana Román
Mientras espero que llegue mi taxi intento ordenar los argumentos que voy a utilizar si consigo que me reciba el ministro. He salido demasiado pronto de casa, buscando un poco de aire, y aunque el sol no está muy alto, tengo que refugiarme en la sombra de un mango para evitar que mi vestido quede empapado y yo, impresentable.
Total, qué más da, me digo, no sólo no me atenderá el ministro sino que tampoco lo hará la técnica encargada del tema, la habrán cambiado sin avisar y todavía no se habrá incorporado la nueva, por lo que nadie podrá darme una respuesta, con suerte me atenderá una secretaria que caminará con lentitud moviendo las caderas sobre sus tacones discretos y que cuando consiga encontrar la agenda se me acercará para darme una nueva fecha, la tercera ya este mes.
La bocina de un coche me devuelve a la realidad. Es Mauricio, el taxista, que como siempre llega a la hora, la única persona puntual con la que me he cruzado en el país. Con su carácter abierto y comunicador, ha conseguido ganarse mi confianza y, con ello, muchos de los viajes que realizo en Managua por motivos de trabajo.
Últimamente anda haciendo méritos para recuperar a su mujer, que está enfadada porque se pone ciego cuando tiene fiesta -eso sí, cuando trabaja no bebe-, y después ya no sabe regresar a su casa.

- Viera qué arrecha está mi esposa, le prometí que me voy a componer aunque no es fácil mire, porque cuando empiezas a tomar, se te olvida hasta el nombre y luego, ella que es bien brava, me deja tirado en la calle hasta que amanece. ¿Se imagina, pasar la “goma” tirado como si fuera un “huelepega” de los que viven junto al mercado?... Cuando le digo mirá Socorro, dejáme entrar o la armo, ¿sabe lo que me responde la grosera?: “Me vale verga, so baboso, que te dejas arrastrar por cualquiera”. Y mire, la verdad es que algo de razón tiene, pero no es para tratarme así, pues.

Mauricio ha prometido ir a la iglesia y sintoniza todo el día en la radio una emisora religiosa.

...¡A su nombre! ¡A su nombre! ¡A su nombre!... En los pobres se manifiestan síntomas de ansiedad, ¿por qué tú no crees que Dios te va cuidar?, ¿ porque tú no crees que Dios te va a ayudar?.... ¡A su nombre! , ¡a su nombre!, ¡a su nombre!....

No es muy mayor pero lo parece. El sol curte y, en su bigote, casi obligatorio a partir de los treinta, empieza a asomar alguna cana. Su mirada, que conozco sobre todo por el retrovisor, tiene ese brillo travieso del conquistador empedernido.
Conmigo no, conmigo es muy profesional, adulador pero lo justo para no resultar grosero. Por lo que me ha ido contando, sé que está enamorado de su mujer, Socorro. Fue capitana durante la revolución y se enamoró al verla con el uniforme militar, que según me contaba le quedaba de maravilla. De aquello han pasado muchos años aunque, por como me habla de ella, creo que todavía la admira.
A veces pienso que ni escucha la radio. Otras, cuando conduce callado, las menos, es como si la emisora -al contrario que a mí- le sosegara. Lo noto porque conduce más despacio y toca menos la bocina.
Aprovecho el trayecto para fijarme en estas calles interminables, llenas de árboles que estaban aquí antes que el pavimento. Casas sencillas, que no existían antes del 72 pero que se construyeron a toda prisa con materiales sencillos después del terremoto.
Llega hasta mí un aroma a naranja recién pelada. En la mitad longitudinal de la carretera, junto a los semáforos, todo tipo de vendedores ambulantes se juegan la vida toreando los coches de uno y otro lado. Venden frutas, agua helada, semillas de marañón, jocotes, trapos para limpiar, gafas de sol, limpiaparabrisas, golosinas, fundas de teléfono móvil y todo lo que se les ocurre. Porque eso sí, ellos no piden, tratan de mantener firme su dignidad, son vendedores ambulantes y tienen su trabajo. De vez en cuando, las noticias informan de que una ambulancia se ha llevado a alguno de ellos o de ellas al hospital, o al cementerio, a causa de un atropello por conducción temeraria, pero siguen ahí, no pueden hacer otra cosa. Quizás esa misma mañana alguien ha caído en el asfalto, pero yo no me estoy enterando, porque la radio continúa conectada a la conciencia de mi chófer.

... A la hora porque estás vivo, a la hora porque estás vivo, a la hora porque estás vivo... Quien descarga su ansiedad y lo hace con el que está al lado, lo echamos sobre alguien, lo echamos sobre lugar equivocado....!Échasela a Dios!, que tiene capacidad de recibirla, de soportarla, de cargarla, de aguantarla. ¡¡¡A su nombre!!!, ¡¡¡a su nombre!!!, ¡¡¡a su nombre!!!...

El locutor se comunica con énfasis, grita cada vez más, y Mauricio se seca el sudor de la frente y el cuello con un trapito, aprovechando un semáforo.
Debido a su trabajo, siempre sentado, es barrigón, pero en general tiene buena planta y cuida su indumentaria, clásica pero muy presentable. En otro trayecto me contó que había trabajado para un agregado de la embajada española, y eso se le nota en el porte, en la manera como me abre la puerta cuando me recoge e inclina levemente la cabeza para saludar.
Le pregunto por lo de la radio y me explica que es un pastor evangelista, en una emisora de Miami, Radio Cristo Rompe las Cadenas, muy escuchada en gran parte de América Latina.

....¿Tú no vales más que una cotorra? ¿Tú has visto un pájaro y cómo Dios lo provee? No le falta de nada. Por eso la persona, para tapar la ansiedad busca qué echarse a la boca....

Echo en falta las historias que me cuenta el hombre, hoy muy ensimismado, quizás porque es lunes y está muy reciente su última resaca. Escuchar al eufórico pastor que le gana en verborrea, parece ser su penitencia.
La mía, es el calor. Es el precio que pago por mi soberbia, por creerme que puedo cambiar algo en este bendito país y dejarme la piel en el intento. Por seguir despacho tras despacho, en medio de una procesión burocrática, buscando algo que refuerce mi convicción de que hay que mantener a raya el desánimo.

.... Tú, su hijo, lavado con su sangre... Dice la Biblia: pedid y se os dará. ¿Por qué tanta preocupación? Si hemos llegado hasta aquí es porque Dios ha querido, no estamos aquí en vano.

Pago y me bajo del taxi porque ya he llegado a mi destino, y me voy pensando que sí, que yo también estoy aquí por algo, ya que no creo estar en vano y por poco que pueda seguiré intentando convencerles de que lo que este país necesita es una segunda revolución, la revolución interna.

Pienso en Socorro, la esposa del taxista y recupero la sonrisa. Imagino su cabello recogido, por donde se escapa ya alguna cana, sus manos en las caderas, su genio. Y la veo acostada en su cama matrimonial, bien ancha, mientras Mauricio desde la calle promete que es la última vez. La descubro rompiendo las cadenas a las que se ató su madre y me llena de satisfacción, como un soplo de aire fresco en la sofocante mañana.

4 comentarios:

  1. Añado aquí los comentarios recibidos hasta la fecha para este cuento, que se han borrado debido a un problema técnico. Saludos a to'r
    mundo.


    Mónica la güera dijo...

    En pocas líneas imagino un país. Olores, sudor, burocracia interminable. Y las debilidades humanas que machacan los sueños. Incluso los de esa mujer revolucionaria, aunque con suficiente determinación todavía para no dejarlo entrar a Mauricio cuando llega a la madrugada, arruinado de tantos mojitos. Quizás le abra la puerta, al fin, cuando amanece. Y quizás ya le tenga una camisa y un pantalón bien planchados. Y esa emisora que baja línea desde el cielo de Miami, imperialismo religioso que adormece y tranquiliza. Muy gráfico. Mundos dentro de mundos dentro de mundos. Como el mundo de la protagonista, una idealista romántica que intenta arremeter contra todo lo que se le ponga delante para mantener vivos sus sueños… aunque ya empieza a dudar si le servirá de algo. Una historia algo negra, algo triste y sin embargo, muy viva.


    noemozica dijo...

    ostras, Rosana... lo mejor que he leído escrito por ti, con diferencia... me ha encantado, sencillamente!! todo. pq con muy poco, dices muchísimo, y eso es difícil!!


    La Bruja del Zoo dijo...

    La crónica empieza suavecito y va paso a paso, adentrándonos en el ambiente.
    La conversación del taxista, las elucubraciones de la pasajera y sobretodo esa radio, la banda sonora de lo inenarrable.
    Muy bien, Rosana. Tienes una sensibilidad muy especial para captar al paisanaje. Me parece que después de leerte, reconocería Nicaragua en cuanto la viera


    Puigmal08 dijo...

    Te imagino en Nicaragua con los ojos bien abiertos y los sentidos a flor de piel para captar lo bueno y lo malo y traspasarlo a tu libreta. Saludos Rosana, un abrazo.


    Anónimo dijo...

    Qué interesante. Podrías continuarlo, ya que tienes un don para describir en muy poco, mucho. Da gusto viajar guiada por alguien con capacidad para contar.

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  2. Admiro tu memoria y tu simbiosis con el lenguaje y las costumbres.
    Relatas tan bien, que me parece estar sentada a tu lado en el taxi, mirándonos de soslayo, ante lo que cuenta el buen hombre, y "el lavado de cerebro" del predicador de turno.
    Hasta noto el calor húmedo..... y yo creo que dije: "Rosana,me voy al hotel, a descansar fresquita, con el aire acondicionado, en la cama, viendo la tele, te espero allí.
    Suerte con la entrevista"
    Verdad que parece real?????

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  3. Gracias por los comentarios. La verdad es que es muy fácil escribir en Nicaragua, hay una libertad distinta a la de aquí, para observar, para pensar, para actuar y todo eso influye en los textos.Lástima que no se pudiera leer los párrafos finales que para mi son importantes.Bueno, quizás os apetezca leer todo el cuento de nuevo.
    Gtacias de nuevo por vuestros ánimos
    Rosana

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  4. Veo que sigues con tu particular cruzada centroamericana. Supongo que no fuiste recibida por el Ministro y que finalmente la secretaria de la Secretaria te dio hora para unos meses más tarde.

    Eres muy descriptiva y me gustan especialmente las palabras que allí se usan como la de la “arrecha” esposa.

    Las emisoras religiosas encuentran su campo abonado por la especial creencia que tienen. Mejor les iría si cambiaran la penitencia y pasaran de escuchar estas emisoras por sintonizar las culturales o de la Universidad a Distancia. La revolución interna –estoy de acuerdo contigo- ha de pasar por redimir el pecado mediante trabajo y no con el simple arrepentimiento y penitencia, pero eso es una cuestión actitudinal difícil de cambiar.

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