miércoles, 4 de junio de 2008

A la mierda

Marc Ballester
-¡A la mierda! –gritó el señor Juan Luís Gómez Angulo después de más de treinta años de pasar sus mañanas tras la vitrina.
-Perdón, ¿cómo dice? –replicó la incrédula y dura de oído señora Josefa, la charcutera sorda del barrio, que como cada mañana acudía puntualmente a la oficina del Banco Hispano Mayoral en busca de cambio para su clientela.
-Me ha oído bien, vieja estúpida: A la mierda –contestó a bocajarro.

Dicho esto, el señor Juan Luís Gómez Angulo se aflojó el nudo de la corbata y desabotonó el cuello de la camisa. Respiró profundamente y gritó de nuevo algo así como que esa oficina estaba repleta de señoritingos y que apestaba a cobarde. Sus compañeros lo miraron desencajados susurrándole frases de advertencia, a lo que el señor Juan Luís Gómez, respondió:
-¡Más fuerte! ¡Que no se os oye, coño!
Tiró con rabia del teclado y lo dejó caer al suelo. Detrás volaron también la grapadora, el cubilete con los clips, el subrayador fosforescente amarillo y, por último, la pluma obsequio de la empresa por los veinticinco años de trabajo prestado. De pronto le sobrevino una risa tonta y empujó los expedientes uno tras otro al suelo, desperdigando y mezclando papeles de calca, fotocopias, firmas autorizadas y listados de morosos.
La puerta del director de la sucursal se entreabrió, al señor Juan Luís Gómez se le secó la risa. Del despacho surgió, victorioso como siempre, Jeremías acompañado de un matrimonio que cándidamente acababa de hipotecar su vida al mejor postor.
Al señor Juan Luís le aparecieron, sin saber cómo, gotas de sudor por la frente y las mejillas. La cosa fue a peor cuando Don Jeremías acompañó sonriente a la pareja y se paró a despedirlos en la puerta. Mientras se estrechaban las manos, miraba de reojo a Juan Luís. Esta vez el sudor apareció por cuello, espalda y manos.
-Para lo que haga falta –dijo Don Jeremías Poza con un gesto comercial estudiado, entre vendedor y amigo fiel.
Juanito, que así es como llamaban todos a Juan Luís, desapareció tras el mostrador al agacharse para recoger el teclado, la grapadora, la pluma, el rotulador y los expedientes. Aprovechó también para ajustarse la corbata y tomar aire.
-Juanitooo... -dijo con sorna y musiquilla Don Jeremías Poza- ¿dónde estaaaás?
Juan Luis se alzó y compuso una media sonrisa desde su silla giratoria.
-¿Si, Don Jeremías?
-Me pareció oír ruidos
-Nada, no ha sido nada. Uno, que es muy torpe...
-Bien, bien. De acuerdo. Abróchese la camisa, da mala imagen –ordenó Don Jeremías Poza y Espinosa.
-Cómo no, Don Jeremías, tiene usted razón –dijo mientras obedecía.
-Ahora está mejor – sentenció Don Jeremías Poza y Espinosa, sobrino de uno de los principales accionistas del banco.
-En billetes pequeños, rápido que tengo prisa –dijo la señora dura de oído que continuaba impertérrita plantada frente a la ventanilla.
-Como siempre, señora –respondió Juan-; como siempre...

4 comentarios:

  1. Marcos nos dejó, en los archivos de su escritorio, la colección de seres humanos que poblaban su corazón y su intelecto. Dio voz a personajes que parecen moverse en la pantalla con la frescura y la espontaneidad de recién nacidos. Descubrir esos tesoros es un privilegio que Natalia quiere compartir con amigos conocidos y lectores anónimos, esos que a veces se dirigen a él y le aconsejan, le aplauden o le comentan.
    Marcos no pierde la sonrisa pícara y la mirada socarrona. O.K.,McKey, nos dice sobrevolando el espacio de los blogger. Y se va mirando con cariño a Gómez Angulo, el rebelde perdedor que repetirá la cifra tantas veces como le pida la charcutera sorda.

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  2. Breve, potente, con ese dominio del humor negro, del mundo de los perdedores, socarrón, piadoso e impiadoso, juguetón, viajero del alma humana sin ostentanción; genial. Un Marcos de firma, incuestionable, inconfundible.
    La foto, perfecta.
    MONICA, LA GÜERA.

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  3. Es una suerte poder compartir estas profundas y a la vez cotidianas reflexiones.
    Un pluma tan agil como libre el pensamiento del autor.
    De momento hay mas títeres que Sres Poza que mueven los hilos, no es bueno conformarse. La rebeldía transitoria de Juanito debería contagiarnos, y comprobaríamos la fragilidad de los hilos, y la de quienes los sostienen.

    Tomàs Aguiló i García

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  4. M'agrada molt com el Marcos expressa la capitulació que tots fem moltes vegades al dia, quan en comptes del què volem fem el que toca fer,
    petons a la Natalia

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