jueves, 19 de junio de 2008

Andar pegados

Maria Guilera
Llevaba un buen rato con aquel perro siguiéndole y se sintió algo ridículo cuando intentó sacárselo de encima.
Esperaba a que el semáforo le permitiera cruzar.
Vete, le dijo en un tono casi imperceptible. Y en seguida miró a los lados para comprobar si alguien le había escuchado.
Una mujer que llevaba un cochecito con un niño le miraba. Le pareció que con cierto desprecio.
El perro no es mío, se excusó.
La mujer no contestó nada. Verde. Por fin.
El animal seguía pegado a sus piernas. Intentó caminar más rápido, giró bruscamente, anduvo diez metros y luego se paró frente a un escaparate. Pensó que, si le ignoraba durante cinco minutos, el perro se cansaría de estar quieto y con suerte elegiría la compañía de cualquier otro. Pero no fue así.

Eran las cinco y media y Raquel 38, la chica del chat con la que había quedado en la cafetería del Hotel Emperador, salía de casa con el tiempo justo. Pero él no lo sabía y decidió coger un taxi.

No, lo siento. No puede subir con el perro. Y arrancó sin dar tiempo a explicaciones.
Lo ves, lo ves. Por tu culpa.
Entonces le pareció que el chucho bajaba los ojos con una cierta expresión culpable.
Es que he quedado dentro de quince minutos, hombre. Ya está bien de tanto, tanto…
De nuevo apretó el paso, casi corría. Voy a sudar, pensó. Voy a manchar la camisa.

Quién era Raquel, en realidad. Sabía que le gustaba el cine. Aficiones, cine, lectura, pasear y charlar.
Dos meses de conversaciones. Si eso eran conversaciones, que no estaba seguro. Parecía una persona alegre. Al final de las frases casi siempre escribia, ja ja ja.

Sonó su móvil en el bolsillo trasero. Le costó sacarlo de ahí, el pantalón era nuevo y demasiado ajustado. Mientras luchaba contra el tejido rígido del vaquero se le escapó el segundo taxi.
Mierda, mierda.
El perro le miró ahora como diciendo yo no tengo nada qué ver con esto, eh.
Cállate, le dijo.
Hola Alberto, qué hay. Pues ahora mismo no me va muy bien, he quedado.
Es que no sé, no sé a qué hora.
No quería contarle lo de su cita con Raquel 38.
Ya te llamaré en cuanto acabe. Perdona, tengo que colgar.

No estaba seguro de reconocerla. La había visto en una foto. Un grupo familiar en la playa.
Soy la de la gorra azul de visera, al lado de la barca.
La visera proyectaba una sombra sobre su cara y era imposible saber cómo era su nariz, su boca, mucho menos los ojos. El pelo le llegaba a los hombros. Más o menos.
La barca se llamaba Catalina Mía. Las letras negras se distinguían muy bien, pintadas sobre la madera con una caligrafía irregular.
Él no le había enviado ninguna fotografía a pesar de habérsela pedido. No sabía por qué.

Estaba un poco nervioso. Raquel 38 era una desconocida. Bueno, según cómo se mire. Son otras formas de relacionarse. Qué más da.
Si le gustaba, si se caían bien, podían salir otra vez. No quería hacer planes. Ya se vería.
Pensó que tenía treinta y ocho años. Casi cuarenta. Miró el reloj y le fastidió llegar tarde.

El Hotel Emperador estaba al otro lado de la calle. Miró al perro.
Te lo pido por favor.
La cabeza del animal se giró hacia el otro lado. Le pareció que disimulaba. O que se había ofendido.
Aprovechó la oportunidad para cruzar a pesar de que el semáforo estaba en rojo. Corrió esquivando con agilidad los coches hasta alcanzar la acera.
Comprobó con alivio que también había esquivado al perro.
En la puerta del Hotel un grupo de personas con las acreditaciones colgando del cuello recogían su equipaje y bloqueaban la entrada.

Escuchó un frenazo y el claxon de varios vehículos. Miró hacia la calzada y allí estaba, tendido entre un Renault Clío y el autobús.
Alzó la mano para detener a la motocicleta que se acercaba y corrió hacia él.

Eran las seis menos cuarto. Total, a lo mejor Raquel 38 se había cansado de esperar.

10 comentarios:

  1. Que bonito, pero que triste!!!
    Metaforicamente, dejamos "atropellar" a tantos perros.... por desconocidos/as, o será al revés???
    Me gustan las segundas oportunidades, pero por si acaso aprovecho las primeras.
    Me ha gustado mucho, aunque me ha dejado un regusto amargo.

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  2. Yo creo que el perro es su timidez o su cobardía. Le molesta, pero no se puede deshacer de ella ni queriendo.
    Bien escrito. Pocas frases, precisas. A la vez explica, dibuja y espía dentro del personaje.

    Fabián R.

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  3. Salutacions Maria,

    ....i pensar, que es possible que la relació que manté amb el gos, mai l'hagués mantingut amb la Raquel38.
    Prefereixo que no hagis pensat en matar al gos, i que només sigui un accident i que tot seguit, ell l'acompanyi al veterinari, i es fassin amics per sempre.
    Que guapo!!!
    ptons!! puigmal08

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  4. Ay esos perros q se te pegan y te alteran la conciencia... q te miran y transmiten sobre todo sentimientos, sin una sola palabrita. Me resulta llamativa esa presencia, q interrumpe una historia afectiva acaso viable, el perro pegadito como una SOMBRA... Sugiere dobles o triples lecturas... es verdad, como comenta Fabián erre. Me parece un personaje para seguirlo unos días... al menos unos días... me gustaría conocerlo mas.
    Lo encuentro un cuento moderno, aunque curiosamente el personaje me evoca a algunos personajes de los sesenta (o cincuenta?), en París... sí sí de Rayuela.
    Muy bueno María.
    MÓNICA LA GÜERA

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  5. Menos mal que la autora me ha prometido varias veces que el perro no muere, si no estaría llorando a moco tendido!!!

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  6. Como yo creo en el destino, seguro que el perrito tenía aquí su cometido, la tal Raquel38, no era para él.
    Me ha transmitido esa angustia del personaje porque es una situación muy verosímil, de las que nos puede pasar a cualquiera. Muy bueno.

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  7. tina de bcn, bienvenida.
    debo decirte que los autores son unos tramposos. ¿dónde dice en el cuento que no se muera el pobre bicho, eh? pues si en el cuento no lo dice, todo lo que diga después el autor ya no vale. pero no llores, porque tú sí que puedes decidir unilateralmente que está vivo. qué suerte.
    :)

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  8. Me gusta el valor añadido que vuestros comentarios le dan al relato. Esos perros que pueden ganarle la partida a los desconocidos, es cierto, lola, solo lola.
    La lectura simbólica de Fabián, que me descubre lo que escribo sin ser consciente de ello.
    Puigmal, que revela sus preferencias desconfiando de Raquel38, posiblemente con razón.
    Lo de Mónica La Güera me deja noqueada, asociar al prota a un personaje de Rayuela es como para caer a sus pies rendida de agradecimiento.
    La lectura de Rosana es definitiva y me conforta pensar que el personaje perruno estaba ahí como enviado del destino, precisamente como clave de la relación que el prota no debía ni siquiera iniciar.
    Y respecto a on the road agradecería que no metiese maraña en las relaciones familiares. Si lo dice una madre, va a misa. Y punto.

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  9. Admirada autora:

    Como leedor agradezco la sencillez de tus escritos, me fascina lo directa que desarrollas, sin desviaciones superfluas, para disuación de rollistas.

    Como leyente quedo fascinado por la emotividad que impregna tus escritos, que siempre acarician el espíritu del receptor, para disuación de belicosos.

    Como lector admiro la existencia, que no falta, de esa moraleja oculta, ese final inesperado, o como han dicho, con rifirrafe incluido, esa libertad que otorgas al perceptor para que elabore y obtenga sus propias conclusiones.

    La historia se puede asimilar a esas situaciones en las que nuestra obsesión por algo no nos deja ver que una alternativa, quizás menos brillante, pero si más segura está desfilando por nuestro lado sin darnos cuenta de ello. Tomamos conciencia de la pérdida de la oportunidad cuando se cierra el camino. El protagonista cae en la cuenta de que el perro le ofrece compañía cuando lo pierde. Y si en el pecado está la penitencia, la suya es quedarse sin ninguna de las alternativas. Porque puestos a imaginar, me da la corazonada que la Raquel 38 no acudió a la cita...

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  10. Mi instinto canino aquel día me hizo acercarme al humano, lo vi deshorientado,parecía estresado.No mostro ningún tipo de condescendencia hacia mi,le fuí molesto, pero seguí en mi empeño de ayudarle ya que desde hace décadas decidieron que el perro sería el más fiel amigo. Contento estoy, tumbado en la mesa del veterinario,al parecer el humano va a pagar la factura y yo me pregunto:¿me llevará con él en vez de tener otra cita incierta?

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