martes, 18 de marzo de 2008

Gran traición

Maria Guilera
Mi abuela recogía los huevos del corral a primera hora de la mañana. Si conseguía despertarme por mí misma, yo la acompañaba.
Ella me dejaba meter las manos entre la paja y repetía bajito siempre las mismas palabras, con tiento Marieta, no me asustes a la Rubia.
La Rubia era una ponedora excelente, a su lado encontraba siempre los mejores huevos, los más grandes.
Con tiento, me decia la abuela. Sin apretar.
Yo buscaba hasta notar con los dedos la cáscara lisa y todavía caliente.

Mi abuela no se reía como los demás cuando yo le preguntaba quién era el marido de la Rubia.
Ese hija, quién va a ser. Aquí no hay más gallo que el Perejilero.
A mí me parecían una pareja perfecta. Les observaba no sólo en el corral, sinó también en el patio, mientras picoteaban grano y algún que otro gusanillo y me parecía que el Perejilero estaba siempre pendiente de su mujer, que levantaba la cresta cuando ella se alejaba hacia la carretera, como si la vigilara.
Hace mucho que están casados, le pregunté a mi abuela.
Aquí no hacen eso, Marieta. Se aparejan y andando.
El día antes de marcharme del pueblo ocurrió el desastre. Sabía que era la última puesta que recogía junto a mi abuela y busqué con ilusión entre la paja, dejándome guiar por la calidez que engendraban a su alrededor las plumas de la Rubia y encontré el huevo más grande, el más perfecto de todo el verano.
Mira qué gordo, abuela, le dije.
La Virgen, gritó ella. Pero si es de pato.

11 comentarios:

  1. els millors i bons records, amb l'àvia
    .....
    menuda la Rubia. Nos ha salido saltarina, o tal vez le han concedido el estado de idoneidad del departament de adopcions de la generalitat.
    Salutacions!!!
    nat

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  2. Yo creo que el Perijilero, tuvo la culpa, estaría en otros menesteres de semental y pasa lo que pasa.La Rubia, hizo honor a su género y al dicho, como buena "gallina".¿He dicho gallina?

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  3. ¡Qué contrastes!
    Empiezas, la lectura te transporta a ambientes bucólicos, apacibles, tiernos. Por dentro de uno, la arquitectura cerebral empieza a desgranar acordes de La Primavera de Vivaldi o la Pastoral, en la misma cadencia con la que visualizas en la lectura el despunte de un sol de estío.

    Aparece el Perejilero, sigue la música, ahora es más de Jorge Negrete, allá en el rancho grande. Sigue y sigue, Fito Paez también hace acto de presencia con su amor después del amor.

    De súbito, ¡atronan los compases de la quinta de Beethoven!
    Vaya sorpresa nos depara la narradora, que pasa de un relato cariñoso y lleno de detalles de alta sensibilidad a dejarnos sin postres. ¿Qué habrá ocurrido? Todo queda a nuestra imaginación, buen ejercicio, nos dan libertad de ingenio.

    Marieta ha vivido una experiencia que la ha sorprendido, por la que se siente traicionada y regresa del pueblo con una vivencia que, sin duda, la ha hecho más madura. ¿Más madura? ¿No le ocurría algo parecido, escritos atrás, a una tal Misha a quién los acontecimientos ayudaban a crecer?

    Felicidades María, te estás poniendo el listón muy alto.

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  4. Describes como nadie la infancia en el pueblo. Todos tenemos una infancia y la mayoría, un pueblo propio o de la familia donde hemos pasado algún verano. Es por eso que tus escritos nos tocan muy dentro, porque algo de ellos es tambien nuestro. Ahí radica tu genialidad.

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  5. María os dice:

    Gràcies, Nat. Tens raó: les àvies són generadores de bons records, fins i tot dels que, sense haver existit, ens toquen el cor.

    Joseín, tu entusiasmo me estimula.

    Lola, el Perejilero cumplía con las obligaciones propias de su cargo. A saber cómo le dolía a la Rubia la promiscuidad del corral.

    Quiconusco, tanto bueno verle por aquí. Lo suyo son comentarios de crítico cuidadoso y leído, de melómano que abre la puerta y deja entrar bandas sonoras entre las líneas. Haré lo posible por seguir mereciendo su atención.

    Anónimo, tienes razón. La infancia se nos acerca cada vez más y los pueblos que fueron su escenario se parecen tanto entre sí que es fácil encontrarnos en alguno de ellos.

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  6. Me gustó mucho. Me ha dejado pensando...

    El cuento me hizo sentir algo nostálgico.

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  7. La Rubia no sabía que sacar el huevo le iba a doler tanto, sino habría usado anticonceptivos con el pato.
    Fuera de broma,coincido con La estima de quiconosco y sus distintas evocaciones musicales, de aromas y pieles lejanas, de solcito suave, de aldea o pueblo o de infancia en barrio tranquilo, de adolescencia luego, de despertar adulto, al fin. Muy bueno.

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  8. Qué bueno!, humor con sustancia, está claro que el gallo no levantaba porque sí la cresta. Pero a mí me cae mejor la gallina que pone huevos perfectos, antes puta que sencilla.

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  9. excelente. Debería estar incluido en el libro que publicasteis (punto y ...

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  10. No entiendo a qué viene tanto revuelo porque la Rubia ayudase a Doña Pata, que había salido un momento a hacer un recado y quiso dejar su huevo en buenas manos...

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