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Mostrando entradas de marzo, 2008

Únic escenari (VH)

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Vicenç del Hoyo
- Avui vull anar tranquileta -diu la Tous pujant a la bici.
- Jo no sé si podré. Noto que necessito esbravar-me. Tinc ganes de pedalejar ferotgement, d’esgotar la bèstia que duc a dins -explica l’Eloïsa tot saltant sobre la bici botant sobre el seient com si fos la grupa d’un cavall.
- Nena, com vens aquesta tarda! Què t’han fet?
- No ho vulguis saber! Tinc el nen amb angines, he fet una cua al metge d’hora i mitja, i total, què? Set dies d’antibiòtics, dos dies sense anar a l’escola i mil quilos de paciència. I, on creus que està el cabró del seu pare, eh? Doncs tocant-se els pebrots a l’... Hòstia, tia, mira quin culet més ben parit!

Just davant d’elles un noi vestit amb mallot cenyit està provant de pujar a la seva bicicleta. El seu vestuari és llampant i les seves maneres són estudiadament desenfadades. S’entreté provant l’alçada del seient. Per fi troba el punt òptim. Ni per un moment ha caigut en la temptació de mirar les quarentones que el segueixen. El semàfor é…

Gran traición (MG)

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Maria GuileraMi abuela recogía los huevos del corral a primera hora de la mañana. Si conseguía despertarme por mí misma, yo la acompañaba.
Ella me dejaba meter las manos entre la paja y repetía bajito siempre las mismas palabras, con tiento Marieta, no me asustes a la Rubia.
La Rubia era una ponedora excelente, a su lado encontraba siempre los mejores huevos, los más grandes.
Con tiento, me decia la abuela. Sin apretar.
Yo buscaba hasta notar con los dedos la cáscara lisa y todavía caliente.

Mi abuela no se reía como los demás cuando yo le preguntaba quién era el marido de la Rubia.
Ese hija, quién va a ser. Aquí no hay más gallo que el Perejilero.
A mí me parecían una pareja perfecta. Les observaba no sólo en el corral, sinó también en el patio, mientras picoteaban grano y algún que otro gusanillo y me parecía que el Perejilero estaba siempre pendiente de su mujer, que levantaba la cresta cuando ella se alejaba hacia la carretera, como si la vigilara.
Hace mucho que están casados, le pre…

El duelo de María Santina (RR)

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Rosana Román
Cuando Maria Santina murió, el pueblo vistió de duelo siete días y siete noches. Nadie gozó poner la radio, ni relajarse con juegos eróticos, porque fue como si se muriera un poco la madre, la esposa, la hermana o la hija de todos.
Se había ido tal como había vivido, con elegancia y educación, de tan buenos modos, que les sorprendió desprevenidos causándoles por ello un repentino vacío.
Su viudo, Cebrián Salgado, militar retirado, se quedó también huérfano de sus cuidados. Tan solo, que vagó como alma en pena por la casa durante meses, esperando encontrarla en algún rincón tal como la recordaba, sentadita en una silla baja de enea, junto al cesto de mimbre que siempre contenía ropa para remendar, enhebrando agujas y mirándole por encima de los anteojos metálicos, para comprobar que vestía correcto antes de salir de casa.
Al volver del cementerio, Cebrián prohibió a sus hijos que se derramara ni una lágrima más.

No supieron si lo hizo por no recordar a su mujer a cada insta…

Con la sangre y el oro de la vida cotidiana (NL)

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Natàlia
Había hecho la compra de la semana y la carga era generosa.
Tenía el coche aparcado muy cerca del comercio, así que sólo le iba a tocar andar con el peso de las bolsas unos cuantos metros.
Cuando iba a descargar, escuchó un ruido.
Como un aleteo.
Miró hacia los lados, y al echar la vista hacia arriba vio que, en la rama de un árbol, un pájaro se había quedado atrapado. Tenía la pata enganchada.
Se fijó con más atención. Hizo un zoom con la pupila. Confirmó que el pájaro era una paloma.
Estaba cabeza abajo, agitando las alas con la intención de soltarse, tratando de emprender el vuelo aunque ello pudiera costarle la pata.
Metió los paquetes dentro del coche, sin fijarse, con rapidez. El champú, la fruta y los congelados cayeron a la alfombra, el detergente aterrizó en el asiento trasero, junto al café y la leche, y el papel de cocina chocó contra el reposacabezas y rodó junto a la guía de carreteras que guardaba en el bolsillo de la puerta.
Agarró las llaves, pulsó el cierre y…