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Mostrando entradas de enero, 2008

Un final previsible

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Vicenç del Hoyo
No sempre començar vol dir arribar al final. En canvi, finalitzar sempre implica haver començat.
Estar casat no vol dir necessàriament haver estat enamorat. Tampoc estar enamorat comporta haver de casar-se. Sovint són termes excloents.
Tenir amics no vol dir estar acompanyat, ni estar acompanyat reclama tenir amics.
Però el que segur que no pot passar és que tenir sort vulgui dir ser afortunat i, per tant, els veritablement afortunats són el que no tenen “bona sort”.
Titlleu-me de càndid. Potser penseu que sóc com la conformista guineu davant del raïm massa alt per ser agafat, però esteu plenament equivocats. Sé de que parlo.

El meu pare era un exitós industrial pel qual els diners havien d’arribar allà on ell no estava disposat a desplaçar-se, a fer o sacrificar-se. I ell no volia moure’s gaire, però tenia molts i molts diners. He tingut tot allò que es pot comprar i ho he tingut en escreix. La meva mare era una lletraferida que va construir la seva vida sobre realitats lit…

Huelga de transporte

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Rosana Román
Esto es serio, no se vaya usted a pensar, por eso vamos a dar un rodeo para evitar las calles principales. Porque ahí andan los estudiantes poniendo barricadas, quemando llantas y disparando con fuego de mortero ¿no oyó?
Si te ven trabajando los piquetes, te paran y te ponchan las ruedas y si sales a quejarte, te cachimbean de lo lindo. Si te arrechas, peor porque te rompen los cristales o le pegan fuego al carro. ¡Ah sí!, así es la cosa.
Pero eso no debería ser así, porque como digo yo, yo respeto que ustedes hagan huelga, pero ustedes respétenme a mi si quiero trabajar, porque aquí los reales no te los regalan y hace falta plata para vivir. Si no ganas ¿ah? ¿cuál es el chiste?
Yo siempre voy armado por mi trabajo. Ando mi pistola en el cinto y una vez la tuve que usar.

Fue en otra huelga de taxeros donde me obligaron a bajarme del carro. Yo me enfrenté a ellos y uno me dio un golpe en el pecho para empujarme. Fue fuerte mire, porque caí de un solo sentado en el suelo. Yo s…

Un lugar en el medio

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Mónica Sabbatiello
—¿No le dije, querido Repeto, lo que me pasó el otro día?
—No, amigo Sagasola, ¿qué le pasó?
—El viernes fue, ¿vio?, cuando fui al dentista. La gallega de la mercería, no sé cómo se llama, ¿sabe cuál le digo?, esa que tiene la piel blanca como la leche, me la crucé y me dijo que tenía algo para darme. Fui hasta su casa y ¿sabe qué hizo?: sacó un pecceto asado al horno, mechado y todo, lo metió en un táper y me lo dio. ‘Tome, para usted y para Repeto —me dijo—, para que se lo coman los dos, el domingo’, o sea hoy.
—¡Qué cosa, che! ¿Y por qué lo habrá hecho?
—Vaya a saber.
—¿Le estará arrastrando el ala, viejo?
—No joda, Repeto. ¡A esta edad!
—¿Por qué no? Usted tan mal no está.
—¿Usted cree?, con esta busarda.
—No se mueva tanto, que me destapa.
—Tranquilo, viejo, quería que la viera.
—No me joda, ya se la conozco. ¿O cree usted que me embelesa su panza?
—Y... a lo mejor, de tan necesitado que anda.
—Prefiero carne de vaca loca antes que la suya, Sagasola. Alcánceme una rodaja de …